En el mundo bursátil hay algunos dichos que, con todas las limitaciones que siempre tienen las aseveraciones generalistas, suelen dar en el clavo. Uno de los más famosos es “sell in may and go away” y se basa en la constatación estadística de una mayor rentabilidad del semestre noviembre-mayo respecto al mayo-noviembre. En resumen, lo que dicen los números es que se gana más dinero estando invertido de noviembre a mayo que durante todo el año por lo que lo lógico, para reducir el riesgo y cambiar a otras inversiones, es vender en mayo y entrar de nuevo en las supuestas “rebajas” de septiembre-octubre para posicionarse otra vez. Se puede apreciar con claridad aquí:

Es visible la escandalosa diferencia que además tiene cierto sentido ya que el final –por maquillaje de carteras- y el comienzo del año –por entrada de flujos- suelen ser los mejores momentos para las bolsas mientras que los meses de verano son demasiado volátiles, septiembre es el menos rentable –siempre según la estadística- y octubre tiene fama de grandes sustos. El que esto ocurra, en media, en las principales bolsas tras medir rentabilidades de varias décadas, no implica que vaya a pasar este año pero en mi opinión tiene mucha lógica que ocurra.

El primer tercio de 2015 ha propiciado algunas revalorizaciones espectaculares que parecen invitar a los inversores a realizar beneficios y retirar su dinero y optar por una táctica más conservadora, no sólo por la velocidad de las subidas, también porque están obviando riesgos (políticos y económicos) que en cualquier momento pueden servir como excusa para una honda corrección. Cierto que en la Eurozona, Japón y China –las que mejor se están comportando- la liquidez de los bancos centrales y la falta de atractivo de la renta fija son un argumento de peso para apostar por la renta variable pero alzas tan verticales siempre deben verse acompañadas por dientes de sierra y si eso no pasa la probabilidad de un crash aumenta. Ya la última semana de abril fue de caídas en bolsa explicadas por los medios por el decepcionante dato del PIB del primer trimestre en los EUA. Pero es un argumento simplista puesto que Wall Street fue la menos afectada y sí lo fueron y mucho las bolsas europeas. ¿Por qué? Pues parece que si la economía norteamericana no funciona tan bien como se esperaba, la posibilidad de una subida de tipos allí se retrasa –Evans de la FED ha hablado estos días de 2016- lo que debilita al $ y hace subir al € lo que no gusta en la Eurozona.

Si a eso sumamos el rebote del precio del crudo (de más del 40% desde mínimos anuales) y elfuerte repunte de las rentabilidades de los bonos porque el IPC de la €zona no fue deflacionario y los grandes inversores –a nivel mundial– puede que hayan recuperado la cordura, el panorama se estropea y frena la desmedida euforia que hemos visto en algunos mercados eurozoneros en el primer tercio del año (y de la que parece haberse contagiado nuestro gobierno a tenor de las previsiones que ha hecho de bajada del paro a 4 años vista). De momento en el inicio de mayo se ha continuado este proceso si bien la impresión es de un ajuste de expectativas desmedidas pero quién sabe si hemos visto ya un techo en algunos índices (por ejemplo parece que la burbuja en Twitter y Linkedln ya ha empezado a estallar) y un suelo en algunas rentabilidades… lo que podría suponer también que en abril quizás hayamos disfrutado de los mínimos del Euribor.

El caso es que en otras épocas la evolución tanto de la renta fija como de la renta variable no solía implicar un movimiento conjunto unidireccional –un activo era refugio para el dinero que salía del otro- que afectara tanto a la salud de los inversores y del sector financiero como el actual debido al protagonismo de los bancos centrales. Gracias a ellos llevan mucho tiempo bajando las rentabilidades de la deuda y subiendo el precio de las acciones empujando con ello los beneficios de bancos, compañías de seguros, fondos etc. que tienen un gran porcentaje de sus inversiones en renta fija y variable. El que ambos activos puedan moverse a la vez en dirección opuesta –es decir, que vendan bolsa y bonos- a la de las grandes carteras puede afectar no solo a los resultados del sector, también a las esperanzas de reactivación del crédito en la Eurozona, tan necesario en el actual sistema.

Si hablamos sólo de bolsa, el que corrijan algo los índices europeos tras tantas alzas en 2015 no me preocupa tanto como la posibilidad de un crash en Wall Street. Uno de los factores más inquietantes son las compras sin dinero, bien por créditos o bien por apalancamiento, que implican un riesgo enorme para los inversores ya que cualquier caída provoca ejecuciones de garantías. Como se aprecia en la imagen extremos como el actual –de hecho es una cifra históricamente extrema- suelen conducir en poco tiempo a grandes desplomes bursátiles porque las bajadas se van alimentando más y más por aquellos que no disponen de efectivo en sus cuentas para aguantar las pérdidas y deben vender con prisas y ya sabemos cómo son los mercados: cuando sale mucho papel a bajo precio es justo cuando menos interés existe en comprar…

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