Estos días está de actualidad la privatización parcial (el estado seguirá siendo el socio mayoritario) de AENA y seguro vuelve la polémica sobre si ciertas empresas deben ser de propiedad pública. No voy a entrar en ese tema ya debatido en otras ocasiones aunque sí apuntaré que es cuando menos extraño que con lo barato –y lo fácil que le resulta por las anunciadas compras de BCE- que le sale al estado endeudarse en la actualidad, sea este el mejor momento para vender una empresa que puede ser un buen activo para tiempos peores de más necesidad de financiación y más dificultad de acceso a ella. Dado que la gestión va a seguir siendo pública, no hay cambios ahí y esta primera fase de la OPV sólo tiene como objetivo recaudar dinero este año (¿quizás para compensar los aumentos del gasto provocados por la mayor inversión pública del 2015 electoral?) en el cual, repito, las administraciones públicas españolas no van a tener ningún problema en obtener capital.

Dicho esto, en este artículo me gustaría, a colación del caso AENA, centrarme en una idea que está muy arraigada en muchas personas. Me refiero a la extendida creencia que se tiene en España sobre lo barato que se han privatizado en este país las grandes empresas públicas. Es cierto que conociendo tanto los hechos –como las sospechosas designaciones a dedo- como la catadura ética de nuestros gobernantes, es lógico sospechar que en muchos procesos de venta de empresas públicas en España hubo alguna corruptela pero ¿es cierto que el precio al que se vendieron fue un “regalo” como tantos dicen? Mi opinión es que no y mi argumento es muy sencillo: nada es caro ni barato, el precio de algo depende de lo que paguen por ello en un momento determinado. Una vivienda que en 2005 era considerada cara, en 2007 era considerada barata y en 2009 de nuevo cara y eso pasa también con el valor de las empresas. Ni auditores, ni tasadores, ni analistas ni nadie es capaz de asegurar que un precio que hoy se paga por algo no vaya a ser un acierto o un error pasado un periodo de tiempo.

Cuando se empezaron a privatizar empresas en España se intentó conseguir el mayor dinero posible y si en ese momento el precio de venta hubiera sido considerado claramente un chollo evidentemente no hubieran comprado sólo millones de españoles, es que se las hubieran quedado enteritas gente como Soros o Buffet, cualquier gran banco u otras grandes empresas. Sin embargo, en ese momento puede que invirtieran algo pero no creo imaginaran los avances que algunas de ellas tuvieron años después. Pero es que además, no es comparable por ejemplo la Telefónica pública que la que se expandió por todo el mundo gracias a la orgía de crédito barato y, también hay que decirlo, a la voluntad de un equipo gestor al que los accionistas animaron en su desempeño. Se pegó un buen batacazo en el 2000 con el estallido de las “.com” pero había subido tanto antes –en 1995 cuando empezó a privatizarla el gobierno de Felipe González cotizaba por debajo de los 3 €- que resultó ser, incluso tras los desplomes del Ibex de 2010 y 2012, una buena apuesta para todos aquellos que acudieron a las sucesivas privatizaciones si además contamos los dividendos pagados. Pero bien podría haber pasado lo contrario, podían haber perdido mucho dinero los que compraron esas participaciones de Telefónica (o de Argentaria o de Iberia) y entonces se podría decir que el estado, en lugar de “regalar” empresas -como aún se comenta tantas veces- hizo un gran negocio para lo público a costa de inversores privados. Y la prueba de que eso puede ocurrir es Portugal Telecom.

Portugal Telecom, aunque más pequeña, tiene ciertas similitudes con nuestra Telefónica: se empezó a privatizar a finales del siglo pasado por la presión del país de entrar en la Eurozona, también se expandió por Latinoamérica (en este caso sobre todo Brasil), también hubo polémicas por los ejecutivos elegidos para dirigir la compañía… pero eso sí, ha resultado ser un pésimo negocio para los inversores bursátiles de largo plazo. Veamos su historia: Aunque es mucho más larga la moderna PT nace con una fusión de la que surge la creación de un hólding estatal en 1994 que comienza a privatizarse en 1995 (el 27.26%), en 1996 se privatiza el 21.74%, en 1997 ya está en manos privadas el 75%, en 1999 el estado sólo disponía ya del 11% del que se desprende a finales del 2000. Ignoro la media exacta de todas las ventas pero viendo el gráfico de su cotización en esos años pudo estar fácilmente por encima de los 5€ o incluso más. Hoy no cotiza ni siquiera a 1€.

No voy a entrar en los motivos del por qué de esta debacle porque no es el tema pero no es la única empresa privatizada por un gobierno que hace perder dinero a los que la compran. Otro ejemplo muy claro es Telecom Italia que en 1997 protagonizó la mayor privatización de aquel año: 20 mil millones de €. Mirad su gráfico:

Esto demuestra que muchos países en los mismos años pusieron a la venta muchas empresas y no se vendieron ni por debajo ni por encima de su valor sino al precio que en ese momento se pagó. Podemos discutir si fue adecuado hacerlo –y el debate está abierto, así como el de nacionalizarlas de nuevo como propugnan algunos- pero es muy injusto decir que España regaló sus empresas. Si ahora valen más que entonces se debe a muchos motivos, igual que los hay para justificar que otras de otros países valgan menos pero no creo sea achacable al precio de venta de entonces que fue el que pagaron los que lo pagaron.

 

Como pasa todos los días en todas las transacciones sean de acciones, de deuda, de materias primas o en las subastas de trasteros de los programas de televisión no hay nada caro o barato en el momento presente porque no depende del activo (el barril de crudo no ha cambiado ni de tamaño ni de composición y en meses pasó de valorarse a 110$ a hacerlo a 45$) sino de lo que alguien esté dispuesto a pagar por él. Y si en el futuro –a veces son segundos, a veces años- hay quien paga más, entonces habremos comprado barato y si ofrecen menos, habremos comprado caro.