Hace dos jueves saltó una inesperada noticia en la bolsa española: de repente la CNMV suspendía la negociación de las acciones del Banco Santander, el valor que más pesaba en ese momento en el Ibex. A los pocos minutos se anunciaba que el banco que no hacía ni tres meses había pasado con buena nota los stress test a la banca europea, ampliaba capital por 7.500 millones para reforzar su capital y además anunciaba una reducción del dividendo que paga a sus accionistas. Lo segundo tiene mucho sentido y creo en el sector ya se descontaba algún tipo de recorte (aunque no tan grande) pero el anuncio de lo primero con la acción en 6.86 (lejos de los 7.96 que llegó a marcar en 2014) sin tener –aparentemente- ninguna urgencia para obtener ese capital implica que el propio Santander considera ese un buen precio para, restando además el descuento para incitar a los compradores (en este caso fue a 6.18€), ampliar capital. Si Santander creyera que el valor puede subir más en el corto plazo, esperaría ya que a mayor cotización, menos acciones a ampliar para conseguir los mismos fondos

Es un mensaje duro para los cientos de miles de accionistas que allí donde tienen invertidos sus ahorros crean que el precio de la acción no va a estar más alto en el corto plazo, que es una empresa no lo suficientemente bien capitalizada y que tantas recomendaciones de analistas destacando la altísima rentabilidad por dividendo del Santander fueran falsas y que por aspirar a ganar un 6% en un año se pierda en un solo día más del doble como pasó el viernes pasado. Tampoco es un mensaje fácil de asumir para todos aquellos que creyeron en las bondades de los stress test y es una sombra para todo el sector bancario europeo. Y de hecho, las bolsas no se lo tomaron bien. Tristemente, como tantas veces he denunciado, el servilismo de los medios hacia los grandes inversores en publicidad –y más en el caso de un banco que domina tanto el mercado del crédito- se demostró una vez más y se pudo comprobar en las portadas de hace 7 días de los principales diarios económicos cómo una noticia claramente negativa –como reflejaría la cotización pocas horas después con un -14% en una sola sesión- recibía un sesgo positivo.

No han sido los únicos, estos días he podido leer hasta loas a la nueva consejera delegada. Como digo en la introducción de mi libro puedo entender que estando en juego los puestos de trabajo de decenas de personas, la línea editorial de un medio tenga mucho cuidado en no ofender a aquellas empresas que por su tamaño y su inversión, pueden decidir la supervivencia o no de una web o un periódico pero como consumidor me lleva a desconfiar de la veracidad de lo que leo y a no entender cómo aún hay quien confía en ellos. Claro que es una buena noticia que nuestro mayor banco esté mejor capitalizado en el futuro gracias a esto pero no lo es que nos hayan dicho que lo estaba y que no sea cierto; así como tampoco lo es para los accionistas –tanto del Santander como de otro valores- que han perdido tanto dinero tras la noticia. Y algo más que ya tuve que recordar cuando Telefónica hace unos años suspendió su dividendo: no es seguro que una compañía repita el dividendo que dio el año anterior, darlo por hecho es un error, como es un error, a mi juicio, invertir en algo tan arriesgado como la bolsa actual confiando en un retorno anual vía posible dividendo cuando se puede perder todo ese supuesto beneficio en unas pocas horas por culpa de la alta volatilidad. Esos son los típicos consejos de una industria financiera que –con la ayuda de los principales medios generalistas a su servicio- busca que los ahorros de la gente se destinen a arriesgados productos de inversión y utilizan para ello argumentos que, aunque la realidad desmonta, siguen estando vivos a fuer de repetirlos.

En cuanto a la actualidad de la semana, el buen dato de empleo USA del viernes pasado se puede interpretar como un motivo más para adelantar la subida de tipos de interés de la FED lo que es bajista para Wall Street que lo notó el lunes. Sin embargo, las bolsas europeas tras el batacazo de la semana pasada y confiadas en las filtraciones sobre los planes de compra de deuda pública de BCE, tuvieron un mejor comportamiento pero el martes por la noche las rebajas –y no hemos acabado enero- en las previsiones de crecimiento para 2015 del Banco Mundial torcieron de nuevo a Wall Street y Europa el miércoles ya no pudo sustraerse a ese influjo. Para colmo, ese día decepcionaron tanto las ventas minoristas USA como los resultados de JP Morgan si bien el jueves se rebotó a pesar de los momentos de pánico (que han apuntalado el rebote del precio del oro) vividos por las medidas del Banco Central Suizo que revaluaron su divisa. En resumen, que, aunque destaca un mejor comportamiento relativo de Europa, la semana no parece que vaya a acabar con grandes alegrías. Y sigue la excesiva volatilidad intradiaria, fiel reflejo del poco convencimiento que existe en la actualidad. El euro y las materias primas han seguido cayendo y sí que tienen una tendencia clara. Como la tiene al alza la bolsa china (en máximos de años) y a la baja el bitcoin que lleva un desplome de más del 40% en sólo un mes.

Y quiero acabar con algo que nada tiene que ver con los mercados: Yo sé que soy raro y que en muchas ocasiones no veo las cosas de la misma manera que las ve la mayoría pero no por ello quiero callarme. Por ejemplo, no entiendo que poco más de una docena de víctimas mortales por terrorismo islámico en Francia motiven tanto a los dirigentes mundiales (lo de los medios es más explicable por corporativismo) cuando apenas ha habido reacciones, en la misma semana a las matanzas que, a causa también de radicales islámicos, han acabado en Nigeria con la vida de 2 mil personas utilizando para ello incluso algo tan truculento como una niña-bomba. Ni un “yo soy argelino” pude leer en twitter por lo que veo que realmente estoy en minoría respecto a lo que piensa la mayoría que ve como mucho más grave que los terroristas maten a algunos europeos en Francia que a miles de africanos en Nigeria. Me parece bien que la gente piense así y lo respeto y hasta puedo tratar de entenderlo, lo que no comprendo es por qué no se reconoce abiertamente la verdad (“a la mayoría de europeos los africanos nos importan un pito”) en lugar de ser políticamente correctos.

Y como imagen algo que muestra muy claramente lo desigual que está resultando la “recuperación” económica en el mundo occidental:

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