Estamos a mediados de Enero y una vez inmersos de nuevo en la rutina va siendo hora de ponerse serio en nuestros objetivos para el año, que siempre suelen ser los mismos: Dejar de fumar, mejorar nuestro inglés y hacer deporte.

Si habéis pasado estos días por un gimnasio (aunque sea solo por la puerta, camino del bar) notareis que tiene un ambiente distinto al resto del año. Vemos mucha más gente pero en peor forma, además de ver ofertas irresistibles.

Y es que el mes de Enero es la clave del negocio de los gimnasios.

Se estima que el 75% de las inscripciones a estos centros de tortura se realizan durante el primer mes del año y su negocio depende fundamentalmente de que muchos de los nuevos clientes volverán como mucho tres o cuatro veces una vez han pagado.

El fundador de la mostaza Colman’s decía que su fortuna se basaba en la  mostaza que la gente dejaba en el plato y esto es replicalbe en muchos negocios.

Todo comienza con la matrícula y la oferta anual. Los gimnasios privados no te dejan pagar sólamente cuando los usas (cosas que los polideportivos públicos sí) y es que no quieren que su negocio sea del tipo «lo uso lo pago» si no crear un compromiso  a largo plazo, por tu bien y por el suyo.

La culpa es el alquiler. Un gimnasio es uno de los negocios que más espacio necesitan por cada cliente. Aceptamos que haya mucha gente en un bar o en una tienda, incluso nos da buenas sensaciones que esté animado, pero en un gimnasio lo que queremos y necesitamos es espacio libre. Cuanto menos seamos, mejor. Necesitamos muchos metros cuadrados. Y no solo eso, cada cliente ocupa más ya que necesita una taquilla, ducha, etc.

Y lo que realmente mata el negocio es que cada cliente está mucho tiempo consumiendo espacio, como mínimo una hora por visita independientemente de lo que pague.

Así que nos encontramos ante un negocio en teoría ruinoso. Si se tuviese que cobrar a cada cliente su parte proporcional de espacio, máquinas y personal el precio sería inaceptable además de necesitar de unos espacios enormes y es aquí donde las gotas de mostaza que se dejan en el plato (los registros de Enero) son las que equilibran el balance.

Por tanto, la moraleja para tí, cliente bien te la podría dar Yoda: Hazlo o no lo hagas, pero no lo intentes. Piensa en esto, cada vez que tengas delante una suscripción anual o cualquier producto que exija un compromiso por tu parte. Que no seas tu la mostaza en el plato.