La cruzada de justicia contra aquellos delincuentes que aprovechan sus cargos políticos para enriquecerse ilícitamente (ojo, que el que aprovecha su cargo para enriquecerse lícitamente, no es un corrupto, es alguien que conoce la ley y sus recovecos), cuenta con un nuevo hito en su camino: ya tenemos el Portal de la Transparencia.

Sin desmerecer la medida, habrá que ponerla en su sitio: sólo es un lugar donde obtener información muy variada: desde los currículums de nuestros altos cargos, hasta información acerca de subvenciones, contratos públicos y, por supuesto, los sueldos de los altos cargos de la Administración General del Estado.

En mi búsqueda de información para saber de lo que hablo, tres intentos me ha llevado el acceder a la información del Portal, no porque sea complicado, sino por las reticencias generadas por la exigencia del registro, ya que se pide DNI y nº de cuenta bancaria (¡?); y además tras aportarlo, ni siquiera se ingresa automáticamente, sino que ha de esperarse a la “invitación” autorizada por la Agencia Tributaria (otro ¡?), por tanto se percibe la sensación de que el portal está, la información también, pero cuanto menos gente acceda, mejor. En cuanto a los contenidos, muchos de ellos ya estaban disponibles en otros portales, pero lo importante es que la información está dispuesta para leer, no para descargar, lo cual es otro síntoma de sentirse no invitado para el visitante.

En definitiva es un paso, pero no como medida estrella contra la lucha contra la corrupción, para esto más valdría dotar de medios y de independencia al poder judicial. De hecho, las medidas anticorrupción del Gobierno más parecen un lavado de cara frente a la galería que una lucha efectiva, ya que con luz y taquígrafos ponen en marcha medidas y por detrás en los callejones ponen todo tipo de trabas a la lucha efectiva; llámese el caso de la inminente sustitución del juez Ruz, que retrasaría el caso Gürtel y sus relacionados (como el caso Bárcenas) más de un año, hasta después de las elecciones.

Así, este tipo de portales, no son un arma propiamente dicha contra la corrupción, ya que no se sabe si esa información se contrasta ni a qué nivel. Por ejemplo, están los currículums de los altos cargos, pero ¿están contrastados? No hay que olvidar que cuando se elige a un alto cargo se hace a dedo normalmente, de modo que lo que menos importa es el currículum; así tenemos a día de hoy a un filólogo al frente del Ministerio de Sanidad.

Por otro lado, en cuanto a los datos económicos, el hacer que los cargos públicos deban declarar sus bienes al jurar el cargo y al dejarlo para comprobar si hay enriquecimiento ilícito, está bien, pero realmente es una tarea un tanto inútil: el corrupto, al igual que el defraudador nunca declararía los bienes y/o ganancias que obtiene de forma ilícita; usará testaferros, la consabida lata de Cola Cao o cualquier otra manera de asegurarse su lucro sin que la Agencia Tributaria pueda echar mano de sus ganancias.

Por último, en cuanto al debate generado por el hecho de que según qué cargos cobren más que el propio Presidente del Gobierno (sin desmerecer los más de 78.000 € que éste cobra, limpios de polvo y paja) sólo es un síntoma más de la política de descontrol y de despilfarro llevada a cabo desde que este país es democrático: se asignan cargos a dedo y, por supuesto, sus sueldos también, sin más limitación que las partidas presupuestarias adscritas. Igualmente, dependiendo de la Administración para la que el político realice su buen hacer recibe una contraprestación u otra, siendo así que existe una enorme disparidad entre lo que cobran los distintos presidentes autonómicos o los alcaldes de las distintas ciudades, teniendo muchos de ellos más sueldo que el Presidente del Gobierno y su equipo de Ministros.

El caso es que el Gobierno, para tratar de organizar este caos, ha optado por lanzar un globo sonda: ha determinado que los políticos en este país cobran poco (menos que cargos como los Secretarios de Estado) y que la solución pasa por subirles el sueldo, con lo cual se eliminarían también las tentaciones de la corrupción, como si un político bien pagado fuese incorruptible. De todos modos, visto el alcance y la voracidad de algunos imputados, no se me ocurre cual debería ser su sueldo para comprar su honradez. Igualmente, todo ha quedado en eso, en un globo sonda, ya que la Vicepresidenta Soraya Sáenz, ya ha anunciado que el Gobierno, frente a este descontrol, hará lo que mejor sabe hacer: nada; ni subirá sueldos a Ministros ni los bajará a los altos cargos, ya que los salarios públicos están congelados. Igualmente, la explicación de este desfase ha sido que en 1998 se subieron mucho los sueldos de los distintos cargos de la Administración a través de complementos de productividad; ese complemento nunca se aplicó a los ministros, porque sus sueldos eran los únicos que se hacían públicos y el Gobierno quiso evitar la polémica de esa subida.