A pocas semanas de acabar el año es fácil mirar atrás y comprobar cómo muchos temas que han ocupado la atención de los medios y en los foros en 2014 han sido como estrellas fugaces ya que aunque no han desaparecido de la actualidad, ya casi nadie habla de ellos: desde la polémica por monarquía o república que saltó tras la abdicación del rey hasta el pánico por el ébola (que nos iba a dejar sin turistas según algunos) en España pasando por asuntos internacionales como el avión malayo desaparecido o el –largo ya- conflicto armado de Siria y el ISIS. En economía pasa igual y ya apenas se comenta acerca de los meses que lleva Argentina en situación técnica de default o de la complicadísima situación económica rusa golpeada por las sanciones, la bajada del precio del crudo y la extrema debilidad del rublo. Y sin embargo son factores que siguen ahí –junto con muchos otros-, que suponen un riesgo y que no deberían ser olvidados.

Uno de esos problemas “ocultos” que ha vuelto  la actualidad es Ucrania. Hubo un alto el fuego, hubo a finales de octubre unas elecciones parlamentarias en el país donde los famosos nazis –excusa para todo- apenas consiguieron representación pero eso no ha sido obstáculo para que un par de regiones del este del país tengan una gran proporción de población que prefieren ser antes rusas que ucranianas y no aceptaran los resultados y convocaran pocos días después otras elecciones. La semana pasada Kiev decidió seguir suministrando gas y electricidad a las regiones separatistas, pero «mientras los territorios de Donetsk y Lugansk estén controlados por impostores, el presupuesto central no enviará fondos allí» lo cual rompe la ficción de que el país sigue unido (hay que apuntar que Donetsk y Lugansk hace meses que no pagan impuestos) y arroja dudas sobre el acuerdo –vital para gran parte de Europa- que garantiza el suministro de gas ruso a través de Ucrania este invierno. La OTAN el miércoles denunció que tropas rusas habían pasado la frontera otra vez, Rusia lo desmintió… Contra noticias así poco pueden hacer las políticas de manipulación monetaria que parece son las únicas que están dispuestas a llevar a cabo los dirigentes mundiales. Dudo mucho que los graves problemas geopolíticos y económicos del mundo puedan resolverse con iniciativas de bancos centrales presionados por políticos ante su incapacidad para hacer algo por sí mismos.

Un inciso: Esa injerencia política directa que hemos visto en Japón en el que un primer ministro determina qué política monetaria debe aplicar el banco central no es habitual en Occidente – sí lo es en China- donde se presume de la teórica independencia del banco central. Pero dicha independencia no existe: la FED es propiedad de los bancos norteamericanos y en teoría ninguna de sus decisiones tiene que ver con el poder ejecutivo si bien en la práctica su funcionamiento está regulado por una ley política y su consejo de gobierno –incluida la gobernadora- es nombrado por el presidente y confirmado por el Senado. El BCE, que también presume de independencia, lo es aún menos: es una institución pública en la que mandan los bancos centrales de cada país que suelen ser cargos elegidos por gobierno y Parlamento. Es más, la FED parece más independiente que el BCE porque la FED no compra deuda de ninguno de los estados de la Unión mientras que BCE sí lo hace financiando –contra su propia normativa- a estados.

A pesar de la vuelta a escena del problema de Ucrania los mercados siguen viviendo de la euforia contenida de Wall Street que sin grandes movimientos va acumulando máximos históricos con la ayuda sobre todo de los valores tecnológicos cuyo índice –el Nasdaq- está en niveles de hace 14 años y medio –justo tras el estallido de la burbuja .com-, de hecho si vemos el listado de las 20 compañías norteamericanas más grandes por capitalización bursátil podemos apreciar su enorme “peso”:

En Europa no hay tanto optimismo y da la impresión que cualquier debilidad desde el otro lado del Atlántico provocará fuertes caídas pero mientras tenga a Wall Street y a las bolsas de Japón y China como aliadas, el rally fin de año es posible. No obstante, no sale una noticia buena sobre la economía europea ni por casualidad…

Hablando de Europa, Juncker, recién nombrado presidente de la Comisión Europea, ayudó desde su cargo de primer ministro de Luxemburgo a que muchas empresas dejaran de pagar impuestos en sus respectivos países. Esta noticia, que suena muy escandalosa, en realidad no es más que lo de siempre: todos sabemos que Luxemburgo es un semi-paraíso fiscal dentro de la Eurozona y criticar a cualquier dirigente político de aquel país es un poco absurdo ya que el quid de la cuestión es que en la Eurozona no debería existir un miembro con una fiscalidad claramente ventajosa. No se puede hacer una unión con libertad absoluta de capitales sin una unión fiscal, por eso –entre otras muchas razones- la Eurozona está moribunda. Ojalá le cesen porque es un personaje que no es de mi agrado pero lo dudo mucho ya que sospecho que a Juncker se le culpa por defender los intereses de su país utilizando las leyes nacionales que la Eurozona permite, es decir, lo que creo que hizo –y sigue haciendo- Luxemburgo es aprovecharse de las deficiencias de una Unión que no lo es por mucho que sigamos insistiendo en la ficción de que lo es.

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