Mi postura respecto a las consecuencias de una posible independencia catalana es clara: con las mismas condiciones económicas y monetarias de la actualidad sería viable pero como es imposible desligar las condiciones políticas a las económicas, sería un desastre para las finanzas de Cataluña. Los análisis que se realizan desde el lado independentista tienen el problema de obviar eso, es como defender la independencia de Madrid respecto de España con sus cifras actuales suponiendo que iban a ser las mismas una vez que dejara de pertenecer a España, un sinsentido. Dicho de otro modo, a las buenas podría tener futuro pero eso no es posible y sólo podría intentarse a las malas. Alguno podría pensar que por qué no puede ser a las buenas y la respuesta es clara: por un lado por el rechazo internacional y por otro por el nacionalismo. ¿Tendría una Tarragona que decidiera no pertenecer a una futura Cataluña independiente las mismas relaciones económicas con Barcelona que una Lleida que sí?

Yo no pienso así, no soy nacionalista y no entiendo por qué por ejemplo a un malagueño le molesta tanto que un catalán quiera dejar de ser español igual que no entiendo a un catalán que quiera abrir a estas alturas una nueva frontera cuando a lo que deberíamos aspirar es a derribarlas todas. Pero mi opinión no cuenta y centrándonos en la economía y sabiendo que la única opción posible para intentar la independencia es a las malas ya expliqué que a mi juicio las consecuencias serían nefastas sobre todo por la importancia actual de la política monetaria. Según un reciente estudio del propio BCE, «en un horizonte de tres años el impacto positivo del programa OMT en el PIB de España equivale a 2,01 puntos porcentuales, el mayor entre los países analizados». Con la actual situación económica sin la ayuda del BCE ( que debido al rechazo internacional desaparecería), el crash sería incluso peor al vivido por Grecia estos años. De hecho, me atrevo a decir que a día de hoy es algo inviable incluso si tuviera mucho más apoyo popular del que tiene pero es un factor desestabilizador que no se debería minusvalorar ni en la economía ni en los mercados ni por supuesto en la crisis política que se podría formar en España si se toman decisiones precipitadas y graves tanto para evitar como para forzar la famosa consulta. Y no hay que olvidar que Euskadi –donde la mayoría independentista presumo es mayor- tiene un gobierno que está a la espera, muy atenta al proceso escocés y catalán para dar el paso.

La actitud de Rajoy de dejar pasar el tiempo en lugar de ofrecer una alternativa (como la que comenté hace meses de añadir en las próximas generales preguntas directas al electorado en toda España e incluir en ellas el posible inicio de unas conversaciones para una secesión de una comunidad autónoma) y el órdago de Mas han llevado a una situación sin salida: si hay consulta, habrá conflicto institucional y si no la hay, habrá conflicto con una mayoría de catalanes que sí quiere ir a las urnas; y además, ERC ganará con bastante mayoría las próximas elecciones en Cataluña por lo que ese factor de inestabilidad política y económica irá in crescendo. La diada del próximo jueves va a mostrar una gran desafección hacia España de muchos ciudadanos españoles; da igual que sean residentes en Cataluña o que quieran dejar de ser españoles, el deber del gobierno de España debería ser, al menos, no ignorarlos.

Sin embargo, en los mercados lo que cuenta esta semana –como en casi todas- es BCE. Estamos viviendo momentos históricos en los tipos de interés: endeudarse nunca ha sido tan barato para un país –España esta semana lo ha hecho a 50 años por vez primera- o una gran empresa, el Euribor tampoco ha estado nunca tan bajo como ahora y el EONIA, la media de las operaciones de interbancario a 1 día en la €zona, ya se ha llegado a cruzar varios días a tipos negativos, es decir, bancos pagan dinero a otros para que tomen su dinero. Esto último pasa porque al que le sobran fondos si los quiere depositar en BCE debe pagar un tipo de castigo del 0.10%, los famosos tipos negativos de los que llevo hablando años. Pero todo ese capital sigue dirigiéndose hacia la economía financiera en lugar de a la economía real, en teoría el contagio, el trasvase de una a otra, debería haberse producido ya pero tarda mucho. Quizás una vez pasen los stress test a la banca, ésta se sienta más confiada para empezar a abrir el grifo del crédito pero mientras las tendencia de la bolsa y de la deuda sigan tan claras –y tan rentables para el que dispone de liquidez-, han decidido dirigir sus inversiones ahí antes que a una economía que o no crece o crece mínimamente (y básicamente por efecto del mayor endeudamiento público).

Al final las bolsas cerraron agosto con signo positivo a pesar de Ucrania, del miedo a la deflación en Europa, de la entrada en recesión de Brasil, del aumento del paro en Italia y Francia, del tropezón del PIB japonés etc. empujadas sobre todo por la enorme fortaleza mostrada por Wall Street. Y estos primeros días de septiembre el panorama incluso ha mejorado gracias a BCE -que no deja de enamorar a los mercados desde que lo dirige Draghi con bajadas de tipos y compras de activos- y a la fe en un posible alto el fuego en Ucrania. Positiva para la economía de la €zona la bajada del €/$ pero aún debería bajar mucho más. Como imagen algo curioso, muchas veces hemos comentado el grave error de Trichet cuando subió los tipos de interés en plena crisis pero, como vemos aquí, no fue un hecho aislado y podemos apreciar cómo se equivocan los que mandan en el mundo financiero y por lo tanto lo peligroso que es confiar demasiado en su sabiduría a la hora de tomar las decisiones que tanto nos afectan:

Links.