Mientras sigue la disputa en torno a las prospecciones petrolíferas en aguas Canarias, un nuevo frente se ha abierto en este sentido: ahora son las Baleares las que parecen ser el futuro manantial de oro negro español. De hecho, la enorme polémica que se ha abierto en las turísticas islas, con enfrentamientos parlamentarios de Senadores del mismo signo incluidos, ha destapado la caja de los truenos en el archipiélago balear, donde hasta el poderoso grupo de presión del sector hotelero se está dejando oír. El presidente de Baleares, José Ramón Bauzá, ha reconocido que ordenó a estos senadores romper la disciplina de voto del partido, pero de poco valió, porque el PP hizo uso de su todavía mayoría para aprobar el comienzo de las prospecciones. Por su parte, el presidente de Canarias, Paulino Rivero, ya alertado del conflicto que supondría el comienzo de las prospecciones en las mismas y su suspensión en Baleares.

Sin embargo, aunque el presidente canario se empeñe no estamos en el mismo caso. Hay una serie de factores determinantes a la hora entender por qué las prospecciones canarias continuarán pase lo que pase en Baleares:

Es por esto que, a pesar de las advertencias del presidente canario y casi con toda seguridad, se dará luz verde al proyecto atlántico y se buscará una forma de ralentizar, paralizar o posponer el mediterráneo, seguramente a través de una declaración de impacto medioambiental negativa. De lo primero ya hay una cierta constancia: el Ministerio de Industria ya tiene aprobado el permiso a Repsol para las prospecciones en Canarias sin que ni siquiera haya transcurrido el plazo para presentar las alegaciones en contra que se pudieran plantear; de hecho las prospecciones comenzarán en octubre, dos meses antes de la consulta popular prevista en Canarias para poder paralizar las mismas. Lo segundo también tiene muchos puntos, dados los datos de impacto ambiental presentados por la petrolera frente a los proporcionados por diversos estudios.

Lo que está claro es que el Ministro Soria parece opositar para un puesto dorado de expolítico en alguna empresa petrolera. Tras enfrentarse a las eléctricas (y cerrarse, por tanto su jubilación en el Consejo de Administración de alguna de ellas) y tras hacer enfadar a los dos grandes grupos audiovisuales del país tras el cierre de canales de hace unos meses, sólo le quedaban al pobre hombre dos posibles salidas a su futuro: alguna compañía telefónica o alguna petrolera. Parece que ésta última es la opción escogida para el desarrollo laboral futuro del, en algún momento, exministro.