Es sorprendente que España consiguiera no participar directamente ni en la 1ª ni en la 2ª Guerra Mundial cuando es costumbre entre los españoles el tomar un bando y asumirlo como propio incluso cuando la información que tiene sea escasa y sesgada. Lo estamos viendo últimamente con conflictos que son muy difíciles de valorar –Egipto, Siria, Venezuela…- sin un conocimiento muy grande de las circunstancias propias de cada territorio y sin testimonios directos no sesgados por los medios. Es el caso del conflicto ucraniano. En realidad hay dos problemas diferentes que sin embargo suelen juntarse: uno es la dudosa legitimidad del actual gobierno interino del país ya que el anterior presidente, elegido democráticamente y tras 3 meses de protestas, aceptó adelantar las elecciones y aún así, lo destituyeron por la fuerza. No obstante, es muy difícil tomar partido ahí desde nuestra perspectiva. El otro tema es la anexión rusa de Crimea y creo que esto no tiene nada que ver con lo otro ya que aunque la excusa de Putin sea cuidar a la minoría rusa de los nuevos “gobernantes nazis”, está claro que lo que hizo fue aprovechar un vacío de gobierno y un descontento popular para, utilizando fuerzas armadas sin distintivos, conquistar Crimea y aumentar el tamaño de Rusia confiado en que ninguna potencia empezaría una guerra contra ellos. Es decir, la típica política imperialista. Pero es que además las consecuencias de esta acción van más allá. Veamos un poco la historia:

A finales de 1991, aprovechando la disolución de la URSS, Ucrania se declaró independiente. En ese momento la economía del nuevo país es un desastre, muy afectada por el grave accidente nuclear de Chernóbil de 5 años atrás. Y sin embargo su arsenal nuclear es el tercero del mundo, incluso superior al de China, con alrededor de 5 mil armas nucleares. ¿Qué pasó entonces? Que los EUA, Reino Unido y Rusia presionaron a Ucrania para que desmantelara las armas y a cambio recibiera por un lado unas fuertes compensaciones económicas y por otro un compromiso de los 3 de respetar su integridad territorial. Para 1996 Ucrania había desechado voluntariamente todas las armas nucleares dentro de su territorio, transfiriéndolas a la Federación Rusa y firmó el Tratado de No Proliferación Nuclear. Menos de 20 años después, no sólo no se respeta la integridad territorial de Ucrania, es que además el que le roba una parte del territorio es precisamente al que entregó las armas nucleares. Después de esto, ¿qué país va a creerse las promesas que las grandes potencias les puedan hacer a cambio de desmantelar sus arsenales o de frenar la construcción de la bomba? Ninguno,  Corea del Norte sabe que nadie le invadirá mientras pueda lanzar un misil a Tokio o Seúl, Irán no se fiará de las ayudas prometidas y seguramente siga con sus planes atómicos y Siria quizás se replantee el entregar sus numerosas armas químicas. Y es que los actos también deben juzgarse por su carácter ejemplarizante.

Y sin embargo, como llevan los mercados financieros descontando hace 2 o 3 semanas (¡y cómo lo notó el precio del oro que se hinchó y desinfló en función de esto!) no va a pasar nada a corto plazo. Nadie empezará una guerra –al menos contra Rusia- para defender la integridad territorial de Ucrania y tampoco se va a iniciar el peligroso juego para la economía global que supone hundir con sanciones a la economía rusa (muy dependiente del exterior por su carácter exportador y muy necesitado de fortalecer su moneda) ya que su importancia en el PIB mundial podría desestabilizar todo el escenario para 2014. El que Rusia haya empeorado dramáticamente sus perspectivas para este año por este conflicto tampoco le va a quitar apoyo popular a Putin ya que a los rusos les ha encantado esta demostración de fuerza. Eso sí, ya sabe China –ya lo hizo en el Tibet- que mañana puede hacer lo mismo con cualquier territorio ya que a pesar de tantos años de evolución humana lo que queda claro una vez más es que al final quien tiene la fuerza, manda.

Mientras, la geopolítica ya ha sido asumida por los mercados financieros tras un corto periodo de volatilidad (vimos lo mismo no hace mucho con Libia o Siria), y esta semana el S&P500 marcó nuevos máximos históricos aprovechando la habitual pauta alcista de las primeras sesiones de abril. La semana pasada el Nasdaq Composite tuvo la peor semana desde octubre de 2012 pero fue un espejismo y las correcciones cada vez duran menos si bien ha resultado ser el primer trimestre del Dow Jones menos rentable desde que empezó la actual tendencia alcista. Mientras, en la €zona la semana pasada hubo claras subidas por la confianza en que BCE hiciera o dijera algo este jueves que pueda alejarnos de la temida deflación que tanto inquieta y estos días han continuado las alzas especialmente en las bolsas periféricas, destacando Portugal, Grecia e Italia mucho más que el Ibex que , no obstante, ayer consiguió romper máximos de 3 años. Y eso que BCE no hizo nada. El 25 de marzo el Ibex cerró por debajo de 10 mil, el 26 empezó el run-rún de acciones no-convencionales de BCE y comenzó a remontar y luego no llegan y sigue subiendo. Así es el Ibex, como dije hace 7 días en unas pocas sesiones puede hacer lo que no consigue en meses. A ver cómo reacciona al dato de paro mensual que sale hoy en los EUA porque no habrá más noticias de BCE hasta dentro de 1 mes.

Mientras, algunos datos económicos españoles siguen mostrando mejoras –como la rebaja del número de parados inscritos y la subida de afiliados- que resultan claramente insuficientes pero el optimismo sigue siendo la tónica y esta vez no sólo el gobierno, también muchos analistas teóricamente independientes, se están sumando a la tendencia a mejorar las previsiones sobre la economía española, hablando incluso de subidas del PIB para 2013 superiores al 1%. Ojalá acierten los optimistas, además en otoño tendrán como aliados varias revisiones metodológicas impulsadas por Europa que bajarán algunas décimas la deuda respecto al PIB, el déficit respecto al PIB y la tasa de paro EPA. Como imagen os traigo este ránking de países por su PIB en $ en 2013:

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