La única referencia a los Tres Reyes Magos aparece en el Evangelio de S. Mateo (2, 1), en la que habla de unos sabios que llegaron de Oriente para adorar al niño (que no al bebé, también es inventado que fuera al poco de nacer ya que habla de casa y no de pesebre) estando éste sólo con María (no estaba ni José ni los pastores ni un burro). No se dice que fueran tres (se ha creído que fueron tres por los tres regalos que trajeron) ni que fueran reyes. Pero es una tradición que ha sobrevivido durante siglos y en la catedral de Colonia incluso hay un relicario con unos supuestos huesos de los 3 reyes magos. Otras tradiciones de estas fechas son más modernas como la de que da suerte comer 12 uvas en la Nochevieja española. Que sea cierto o no es lo de menos pero si algo gusta, ¿por qué no repetirlo?

Y entre las tradiciones de este blog que le debe gustar mucho al señor Carlos López es la de que me toca publicar artículo los viernes y los lunes, incluso si son festivos, siempre y cuando la bolsa esté abierta. Y claro, preguntándome qué puedo contar yo hoy a los 4 que van a leerme, me he decidido por ser políticamente incorrecto y criticar uno de los acontecimientos que serán noticia en 2014.

En las elecciones europeas no existe el problema de las circunscripciones electorales por lo que, como ocurrió por ejemplo con el referéndum europeo o el de la OTAN, todos los votos valdrán lo mismo. El problema que hay es: ¿Qué votamos realmente? Votamos a unos diputados de partidos españoles que se integrarán en el Parlamento Europeo en los diferentes grupos ideológicos en los que se divide aquello. Es curioso porque el que vota al PSOE ayudará a que unos diputados españoles se integren en el mismo grupo de los diputados laboristas ingleses que tan bien se llevaban con Bush y Aznar hace unos años. No es peor el dilema del que vota al PP ya que irá de la mano de los diputados del partido del hiperbólico Berlusconi.

Y es que si es absurdo el tema de las listas cerradas en España donde no podemos votar a quien queremos sino al que mejor trepa dentro de un partido político (lo cual dice muy poco de su catadura moral), en las europeas la cosa se retuerce más: Elegimos a unos diputados de los que apenas conocemos la cara del cabeza de lista, nombrado a dedo por el secretario general del partido de turno, y cuya labor es integrarse en un grupo más amplio -del que desconocemos casi todo- en el Parlamento europeo, institución que aunque supongamos que su labor es buena, tiene un poder muy limitado. De hecho, si una norma que aprueben los 751 miembros que lo conformarán tras las elecciones de 2014 no le gusta a la Comisión Europea, compuesta de 28 comisarios -cada uno de un país- no saldrá adelante.

Teóricamente el Parlamento comparte la función legislativa con el Consejo de la UE: adoptar directivas, regulaciones y otras decisiones. En la mayoría de las materias políticas, esto se hace a través del procedimiento de codecisión en el que Parlamento y Consejo tienen “competencias iguales”. Ambos pueden hacer enmiendas y si no hay acuerdo, Consejo y Parlamento tienen que buscar un consenso en un comité de conciliación. Podría parecer que es un proceso similar al del estado federal alemán pero no es así: la Comisión tiene más poder lo que en la práctica hace inútil al Parlamento ya que siempre tiene la última palabra en caso de conflicto.

Recapacitando: si voto en las elecciones europeas ayudo a elegir a alguien que ha sido nombrado a dedo por el jefe de su partido, que defenderá los intereses de su grupo ideológico en el Parlamento Europeo, grupo del que desconozco casi todo. Puntualmente, podría defender los intereses de España en Europa pero con las limitaciones que tiene ser una minoría dentro de un grupo mayor que es sólo una parte del Parlamento. Pero es que incluso si su labor fuera buena para su grupo y para su país, después el comisario de cualquier otro país puede echar por tierra esa labor.

Después de esto, es comprensible que simplemente la gente que vote en estas elecciones (que serán minoría) lo hagan pensando en clave nacional con afán de castigar a unos o premiar a otros, ¿Cómo va a ser de otra manera, acaso vamos a estudiarnos los votantes las particularidades de cada uno de los grupos en los que se van a inscribir nuestros diputados y los temas que pretenden tratar en los próximos cinco años? ¿Acaso lo saben ellos?

Dada la escasa importancia de los cargos que vamos a elegir, sería igual desde un punto de vista democrático que fueran los diputados que ya hemos elegido en las Elecciones Generales del estado español los que decidieran quienes van a Europa en representación de sus partidos. En tiempos de crisis como estos, sería un ahorro económico importante y creo la mayoría agradeceríamos que los políticos estén cuanto menos tiempo en campaña, mejor.