Desde que tengo uso de razón (no cuándo sucedió esto, si es que ha sucedido) llevo escuchando que el petróleo se acaba.  Hubbert, el padre de la teoría del peak oil situaba la fecha de máxima producción a mediados de 1980, sin embargo pese a lo razonable de su teoría, la realidad ha sido bien distinta.

¿Qué ha ocurrido para que cada vez se produzca más petróleo?. La respuesta, supongo que la podemos buscar desde un punto de vista geológico del cuál no tengo ni idea pero también desde un punto de vista económico que es de lo que se suele escribir en este blog.

El otro día el FT publicaba unos interesantes comentarios de Stephen Schork, alguien al que podríamos denominar gurú de la energía y que además publica un informe con su apellido, el Schork Report. En el artículo recordaban cómo Schork creía en plena burbuja del oro negro (2008), que los precios iban a caer, esto es lo que argumentaba.

Nuestro escepticismo expresado fue (y sigue siendo) basado en el sentido común económico de que los altos precios son la cura para los precios altos. El espejo de este axioma económico es que los precios bajos son la cura para los bajos precios. La razón por la cual no hubo descubrimiento de nuevos yacimientos importantes de petróleo en los años 80 y 90 se debía a que  a 20 dólares por barril, no tenía ningún sentido económico invertir en la búsqueda de nuevos yacimientos. En retrospectiva, visto esto con el petróleo a 147 dólares el barril, lo más sensato es que en cinco años, el mundo está nadando en petróleo. Así de simple.

Esta creo que es una lección magistral de cómo funciona la economía. Cuando algo es rentable se invierte y crece, en cuanto deja de serlo la inversión se para y cae. Válido tanto para el petróleo, como para las casas. La clave está en manejar bien los tiempos, para que no ser el más tono, lo demás es cuestión de matices. Fácil ¿no?