Las islas Seychelles, Bahamas, Caimán,…, la mayoría de vosotros habréis escuchado recientemente el nombre de al menos una de ellas, pero por lo general no por su magnífico paisaje o por sus paradisíacas playas. Estos territorios son paraísos fiscales, que han convertido su legislación completa con el único objetivo de atraer a inversores que desean evadir, o, como ellos lo llaman “optimizar” los impuestos de sus países. Pero, ¿cuál es su historia? ¿Por qué se formaron originalmente los paraísos fiscales, cuánto dinero albergan y se podrían detener (¿o quizás se debieran detener?)?

Historia inicial

Como muchas otras prácticas más y menos gloriosas, la evasión de impuestos la iniciaron los antiguos griegos, determinados comerciantes Helénicos ya desde el año 600 dc utilizaban las islas más pequeñas del archipiélago griego para almacenar sus mercancías en tránsito. Su objetivo era evitar el 2% de impuestos sobre la importación impuestos por la República de Atenas, y, mientras que la tasa de impuestos sugiere que los movimientos del comerciante eran más doctrinales que pragmáticos, señalaba de todas formas una señal de algo nuevo en la economía mundial.

Como curiosidad, ya por entonces había problemas que os pueden recordar a los actuales. El Imperio persa tenía un sistema bastante eficiente,la población contribuía, con animales, joyas, especies, perfumes, esclavos y especies. La sala del tesoro era custodiada por hombres de confianza de Alejandro Magno, de quienes no obtuvo una buena respuesta: el tesorero real, Árpalo, escapó con gran parte del tesoro, originando el escándalo financiero más grande de la antigüedad.

Siglo XX

Cuando finalizó la Guerra Mundial en 1918, los países europeos se encontraron con economías devastadas con una intensa necesidad de fondos para la reconstrucción. Varios de ellos optaron por la solución de la subida de impuestos; algo que la clase alta, con mayor capacidad de movilidad financiera gracias al invento del teléfono, ferrocarriles, etc., no aceptó de buena forma. Muchos de los burgueses quisieron llevar su dinero a países no devastados por la guerra, y qué mejor opción que la Suiza neutral.

La Confederación Suiza ya había sido un paraíso fiscal anteriormente para los inversores, pero tras la Guerra Mundial sus autoridades redujeron significativamente los impuestos. También lo hicieron otros países, como Lichtenstein, y gradualmente en todo el mundo. Los evasores solían ser personas individuales hasta la década de los 50, pero gradualmente pasaron a ser mayoritariamente empresas.

Incentivos para evasores

Las razones por parte de los usuarios de los paraísos fiscales son sencillas: desean tributar a una tasa menor que en su país de origen, o mantener sus activos y su capital en un entorno que les proporcione una legislación más segura e irónicamente más transparente que la ofrecida por sus países de origen. Además, debido a la negativa general de estos países a compartir sus registros financieros con agencias tributarias extranjeras, suelen atraer negocios de blanqueo de capitales.

Incentivos para paraísos fiscales

Varios países más pequeños optan por convertirse en centros internacionales – el principio general en su argumento es que menos es más, lo que significa un amplio número de impuestos nominales pagados por empresas extranjeras que suponen una importante fuente de ingresos. Las regiones con menor competitividad también utilizan esquemas de paraíso fiscal para atraer a inversores externos además de banqueros, por ejemplo, habiendo que sea obligatorio para las empresas tener más de una presencia nominal en el país paraíso fiscal, proporcionando trabajo a los residentes locales. Un ejemplo actual lo podemos encontrar en Irlanda, que podría considerarse como un paraiso fiscal «legal» que ha atraído a los cuarteles centrales de muchas internacionales que operan en Europa.

Regulación

Los países que sufren evasión en todo el mundo intentan crear constantemente nuevas medidas legislativas que eviten que sus empresas y profesionales saquen su dinero al exterior Las organizaciones internacionales, como la OCDE también intentan categorizar y sancionar a los países que actúen como paraísos fiscales, pero dado que estos esfuerzos solamente tratan los síntomas en lugar de las causas de la evasión general de impuestos, suelen no alcanzar sus objetivos propuestos. En general no dejan de ser meras amenazas y creación de listados, nada más.

Conclusión

Es muy complicado acabar con los paraísos fiscales básicamente porque un estado es soberano para mantener los impuestos bajos, no hay nada malo en ello si sus ciudadanos optan por esa vía y en un mercado globalizado esto no deja de ser una «guerra de precios» en la que atraer a empresas y contribuyentes. Alguien debería pensar que quizás lo que sobran son infiernos fiscales en los que cada vez se exprimen más a los ciudadanos pese a que, por ejemplo, la reconstrucción de la segunda guerra mundial, acabó hace décadas, ahora tenemos más impuestos que entonces. Otra cosa muy distinta es la opacidad sobre la información financiera y el blanqueo de dinero, algo a todas luces inmoral sobre lo que habría que atacar con dureza, pero dado que los que deberían poner las normas son muchas veces beneficiarios de esa opacidad ¿para que van a hacer algo?.