El otro día vi un documental muy interesante en el que en un momento dado se planteaba el problema de comunicación que podría haber si alguna nave extraterrestre llegara a nuestro planeta y tuviéramos un primer encuentro físico. Analizaban que gestos de amistad como nuestra costumbre de sonreír podría ser contraproducente ya que en el reino animal enseñar los dientes suele ser un signo de amenaza, incluso nuestra expresión de ir desarmados elevando nuestros brazos y separándolos del cuerpo podría asemejarse a estrategias de defensa de seres que simulan ser más grandes de lo que son para imponer más a su adversario o incluso amenazarle. La conclusión parecía ser que mejor sería dejarles el tema a ellos ya que se supone serán mucho más inteligentes que nosotros ya que han conseguido salvar una distancia de años luz. Y yo me pregunté: ¿No es un error dar por hecho que es más inteligente y se comunica mejor una civilización por ser más avanzada tecnológicamente? Y por asociación de ideas me acordé de los economistas, saben más economía –en teoría- que nadie pero, ¿comunican bien, son tan listos?

Aparte de la polémica –muy interesante– sobre sus errores y fiabilidad, lo cierto es que hasta esta crisis la economía era considerada por el gran público tan lejana casi como la física cuántica e incluso dentro del mundo financiero, los que nos habíamos acercado a ella desde un punto de vista no académico, siempre hemos agradecido la simplicidad. De ahí la popularidad de un indicador como el PIB (a pesar de sus carencias) o la de la Regla de Taylor, una simple ecuación que determina algo muy importante: el tipo de interés de referencia ideal para un banco central. Según ésta, el tipo de interés sería igual a la suma de cuatro elementos: Primero, del tipo de interés real de equilibrio, que es el compatible con el crecimiento a largo plazo; segundo, la tasa de inflación objetivo; tercero, la desviación de la inflación respecto al objetivo del banco central; y, por último, la brecha de producción, o desviación porcentual del producto interior bruto del periodo respecto a su senda potencial. Es decir, Tipo de Interés = (0,5x(Inflación observada-Inflación Objetivo))+(0,5x(GDP observado-GDP Potencial)) El profesor John B. Taylor de la Universidad de Stanford , cuya experiencia previa como analista en una consultora neoyorquina -por aquel entonces presidida por Alan Greenspan- le permitió conocer a fondo los mercados monetarios, lo dio a conocer en 1993 y desde entonces cobró popularidad ya que permitía a los analistas hacer previsiones de los tipos de interés de los bancos centrales con unas pocas variables… y en general se acertaba.

Y llegó esta crisis y resultó que según la regla de Taylor la mayoría de países deberían tener sus tipos de interés en negativo. Y como por debajo de cero no pueden estar, muchos justifican las inyecciones de dinero de los bancos centrales (QE de la FED, la del Banco de Inglaterra, las LTRO´s de BCE etc.) como una forma de compensar esa imposibilidad de los tipos negativos. Por desgracia, ese dinero en general no ha salido del circuito financiero y no ha llegado a la economía real pero, como vimos la semana pasada con la decisión de la Reserva Federal o esta con la del Banco de Japón, se sigue insistiendo en ello…claro que BCE tiene un problema y es que tiene los tipos al  0.75% y según la Regla de Taylor estos deberían estar al 1.25%, promediando todos los datos de la €zona. No hay mucha diferencia pero es que en Alemania los marca como ideales en el +4.5% mientras en España nos aconseja tenerlos al -6% como se puede apreciar aquí:

 Hay quien opina que el actuar según la regla de Taylor hizo que BCE tuviera sus tipos de interés demasiado bajos hace 10 años y eso provocó, entre otras, la burbuja inmobiliaria en España. Yo no estoy de acuerdo, creo ayudó pero muy poco puesto que la burbuja ya se había iniciado y hubiera continuado con los tipos de interés 1 punto más arriba ya que se basó más en la irresponsabilidad crediticia de las entidades financieras que en el coste de las hipotecas. En cualquier caso hoy la situación es más compleja: algunos países –como España- están cayendo en una Depresión económica y el más importante –por peso económico- tiene miedo a la inflación y los tipos de interés ideales varían entre España y Alemania en más de 10 puntos… ¿cómo manejar eso sin que alguno resulte perjudicado, tiene sentido que tome decisiones simplemente promediando datos aunque perjudique tantos a algunos? De hecho, ¿tiene sentido seguir empeñados en compartir el mismo banco central? Y eso sin tener en cuenta las divergencias de tipos de cambio teóricas dentro de la €zona

En cuanto a los mercados estos días, y a pesar de que el Banco de Japón también se apresuró a anunciar más estímulos, en general ha habido cesiones, en algunos casos hasta los niveles pre-anuncio de la QE3 norteamericana, e incluso en materias primas, teóricamente los activos más “beneficiados” por ella. Hay quien piensa que estaba ya todo descontado y puede haber bajadas (ya pasó en la QE1 y en la QE2 aunque fueron temporales); es una idea que me agrada, que los mercados descubran que la manipulación monetaria hace ya tiempo que terminó de dar frutos positivos y que de hecho está plantando la semilla del próximo devastador estallido de burbuja y corrijan cuanto antes y de forma ordenada –como está haciendo desde hace muchos meses la bolsa china por ejemplo- la sobrevaloración de algunos activos. Pero veo difícil que esto ocurra porque tanta liquidez asegurada cada mes a la banca USA al final es un soporte muy fuerte para los mercados especulativos y de hecho por técnico la tendencia a corto sigue alcista. Otro tema es el Ibex que sigue comportándose erráticamente hasta el punto que incluso a veces sube cuando empeora la prima de riesgo ya que eso es presión para que se pida el rescate lo que está descontado como algo positivo (se considera que ajustes duros habrá igual pero gracias a BCE el coste de colocar la deuda será más barato aunque yo no creo se mejoren mucho más los tipos actuales, simplemente no empeorarán). Difícil predecir algo que está en manos de una decisión de Rajoy el indeciso.

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