Como hoy es fiesta y seguramente nadie me lea, os contaré una breve anécdota físico-económica.

El otro día, a raíz de  los experimentos en búsqueda del Bosón de Higgs, me puse a leer el libro «La partícula divina» de Leo Lederman. Éste es el libro que apodó el Bosón de Higgs con lo que mediáticamente se conoce como la partícula de Dios, curiosamente el autor nunca la llamó así, él se refería a ella como «la condenada partícula» (goddamn particle, en inglés) por aquello de que no había manera de encontrarla, pero el editor creyó que tendría más tirón si en vez de «Condenada» (goddamn) la llamaba «de Dios» (god).

El libro es un recorrido histórico sobre los descubrimientos del átomo hasta nuestros días y os pego un breve extracto sobre los experimentos de Faraday a principios del siglo XIX

El propio Faraday construyó el primer generador eléctrico; se accionaba a mano. Pero estaba demasiado centrado en el «descubrimiento de hechos nuevos… con la seguridad de que estas últimas [las aplicaciones prácticas] hallarán su desarrollo completo en adelante» para pensar en qué hacer con ellos.

Se cuenta a menudo que el primer ministro británico visitó el laboratorio de Faraday en 1832 y, señalando a esa máquina tan divertida, le preguntó para qué servía. «No lo sé, pero apuesto a que algún día el gobierno le pondrá un impuesto», dijo Faraday. El impuesto sobre la generación de electricidad se estableció en Inglaterra en 1880.

Por tanto, amigos, ahora que parece que por fín se ha descubierto el bosón de Higgs, es cuestión de tiempo que descubramos….

El impuesto al bosón.