Bender es el robot que aparece en la serie Futurama, y así es como define su personalidad la wikipedia (os pego un resumen):

Es un personaje misántropo, sociópata, cleptómano, alcohólico, deshonesto, seductor, desleal, perezoso, con demasiados problemas con la ley y amplios aspectos negativos de antihéroe y humor negro. Se caracteriza, principalmente por ser egocéntrico y su afición por las robopilinguis.

Tiene un impulso dominante, pero cambia de opinión cuando las cosas van mal, pese a que casi nunca se arrepiente de lo que ha hecho, aunque haya hecho algo mal.

Como curiosidad friki, el número de apartamento de Bender es 00100100, si se convierte el valor a código ASCII, se descubre que es el símbolo del dolar ($).

Visto así… ¿A que parece un directivo banquero?.

Hoy vamos a intentar hacer un ejercicio de economía-ficción. ¿Y si la economía la dirigiese un robot con monóculo y bombín? ¿Y si en vez de un comité de economistas, con sus sentimientos y fobias los bancos centrales fuesen administrados por ordenadores que solamente actuasen en función de los datos económicos? ¿Qué ocurriría si la recesión no fuese real? ¿Si la economía mundial  pudiera volver a su situación de crecimiento rápidamente y casi sin coste alguno? ¿Y si todo lo que se necesitase para empezar este proceso fuera una breve declaración de los gobernadores de los bancos centrales?

Cada vez más economistas piensan esto, los «monetaristas». Lo que ellos imaginan que es un mundo sin bancos centrales. Un mundo en el que la política monetaria es gestionada por máquinas. Donde el estímulo del gasto keynesiano y los desgarradores ciclos son algo del pasado.

Todo tiene que ver con algo llamado PIB Nominal.

Olvidemos los tipos de interés

Los bancos centrales, y en especial el BCE dirigen la economía ajustando los tipos de interés para alcanzar una tasa de inflación determinada, la justa para crecer pero no para llegar a una hiperinflación, esto en algunos momentos ha sido algo casi maniático debido principalmente a los malos recuerdos que tienen los Alemanes de la época de entreguerras en donde los precios llegaron a subir un 726.000.000.000% en un mes. Esto funcionó bien durante la «gran moderación», un período dorado de 25 años de autocomplacencia para economistas y bancos centrales, en el que la inflación (al menos para medidas dominantes) era baja y las recesiones suaves.

Pero desde 2008, su palanca del tipo de interés ha dejado de funcionar. Los tipos cercanos al 0% no han sido suficientes para estimular el gasto y el crecimiento. Entonces, ¿cuál es la solución?

Los monetaritas afirman que los bancos centrales deberían tender a una tasa de crecimiento de producto interior bruto nominal (PIB Nominal), en lugar de a una tasa de inflación determinada. El PIB Nominal es sencillamente la suma de todo el gasto de la economía en un año, lo que se obtiene si no nos molestamos en ajustar el PIB con la inflación. Un banco central puede decidir un objetivo de, digamos, un crecimiento del 5% del PIB Nominal, que consistiría en un 2,5% de la inflación deseada más el 2,5% de la tendencia de crecimiento a largo plazo en su producción. Pero, ¿cómo funcionaría esto en la práctica?

La economía depende de la credibilidad de los bancos centrales

Bueno, digamos que los monetaristas imaginan dos posibles estados: un estado optimista en el que la gente espera buenos tiempos, prosperidad y crecimiento; y otro opuesto pesimista en el que la gente teme el futuro económico. Los ciudadanos del estado optimista invertirán, solicitarán préstamos y gastarán libremente, lo que dará lugar a la prosperidad; la incertidumbre y el miedo del estado pesimista conducirán al estancamiento por su propia naturaleza, vamos lo que ocurre ahora.

Sin embargo, el mundo más pobre podría convertirse en el más rico con un cambio colectivo de mentalidad. Aquí es donde entra nuestro banco central monetarista. Su papel es el de gran persuasor, creando las expectativas de prosperidad.

Para cambiar la mentalidad, el banco central monetarista debe ser creíble. Digamos que ni el BCE, ni el Banco de Inglaterra ni la FED son del todo creíbles porque su consejos de gobierno está dividido entre halcones (aquellos que quieren tensar la política monetaria) y palomas (aquellos que quieren relajarla). La gente puede tener dudas razonables sobre sus decisiones.

En primer lugar, el banco necesitaría establecer un crecimiento objetivo explícito de PIB Nominal. Tendría que prometer comprar cantidades ilimitadas de activos (utilizando el dinero recién creado) a fin de alcanzar su objetivo. A medida que emprendiese su tarea, mes a mes, trillón a trillón, la gente iría aceptando su compromiso con la política y empezaría a gastar con la esperanza de una futura inflación. Los números esperados se convertirían en números reales. El gasto se elevaría y los recursos reales de la economía se utilizarían completamente, lo que haría que se alcanzase el objetivo de crecimiento del PIB Nominal del 5% del banco.

Un momento, ¿qué pasa con la hiperinflación?

Entonces, ¿el monetarismo no es más que una justificación para la impresión de dinero? Según sus teóricos, lo que importa es la promesa, no las compras de activos. Las compras de activos no son más que un medio para el fin de justificar la promesa. Si la gente cree que el banco central seguirá imprimiendo dinero hasta que alcance su objetivo deseado (digamos el 5% de PIB Nominal), entonces la promesa funcionará. El banco central podrá en ese momento dejar de comprar activos cuando alcance el objetivo del 5%, o incluso invertirlo si es necesario.

Por tanto, las expectativas de inflación siguen siendo bajas, el crecimiento, los rendimientos, los tipos de interés también, y la hinchada oferta de dinero se encuentra en los balances de bancos sin tener a donde ir. La relajación cuantitativa funcionó porque fue sistemática.

Tener un objetivo de PIBN implica que la inflación puede ser algo positivo si supera el gasto y los ingresos totales y de ese modo la demanda. En economías con demanda insuficiente, más emisión de dinero puede significar más crecimiento real. Scott Sumner, un erudito de la Gran Depresión, señala, por ejemplo, que la mayor parte del mundo consiguió salir adelante en 1933 abandonando el patrón oro y permitiendo que los precios subieran.

Lo que el monetarismo no dice es que la política monetaria puede inducir niveles de crecimiento cada vez más elevados. El crecimiento siempre está sujeto a restricciones por parte de la oferta (p.ej. las reservas existentes de fábricas y trabajadores únicamente pueden generar tanta actividad), a partir de ese punto nuevo dinero estimula los precios y no la producción.

Introduzcamos a Ben Bernankbot y Super Mario bot

Y aquí es donde entramos en la parte del mercado del monetarismo. En última instancia, la lógica conduce a un mundo sin banqueros centrales.

Si se estableciera un mercado de futuros PIBN (p.ej. permitiendo a los inversores apostar por aquello a lo que ellos pensasen que el crecimiento económico se dirige), entonces el banco central podría sencillamente poner en práctica cualquier política monetaria que dirigiese el precio de los futuros PIBN hacia el crecimiento objetivo de PIBN establecido.

Al final, los mercados de futuros PIBN podrían sustituir a los banqueros centrales. En este mundo, la política monetaria podría ser gestionada por un ordenador, conduciendo cualquier política impulsando los mercados de futuros PIBN hacia el objetivo. De hecho, decir que un robot está gestionando la política monetaria no sería muy exacto, en realidad está siendo gestionada por los mercados, que es lo que los defensores de los abandonados bancos centrales en conjunto afirman con frecuencia que debería estar ocurriendo.

Es una visión atractiva. El mundo occidental no tiene soluciones y está desesperado. Hay que buscar soluciones imaginativas y revolucionarias ya que todo lo establecido no funciona y francamente, me fío más de un programa info