Es mencionar o ver escrita la palabra «corralito» y captar la atención de la gente, preocupada por sus finanzas. Ciertamente quiero captar vuestra atención, pero no a cambio de asustaros: a mi modo de ver y de los expertos que he consultado, algunos de fuera de España, nuestros ahorros no corren peligro, ni de corralitos ni de transformarse en neopesetas. Adivinar el futuro nadie puede, máxime si muchas cosas dependen de decisiones políticas; sin embargo, los incentivos económicos de los decisores como Alemania indican que el futuro no será apocalíptico.

Las mejor forma de combatir el miedo es con información, ya que lo que entendemos no nos asusta, o al menos podemos tomar decisiones para protegernos de las eventuales consecuencias. Un corralito, término que hizo famoso Argentina, viene a ser un bloqueo temporal de los ahorros de los clientes en los bancos. En realidad, si sólo fuera eso, tampoco deberíamos temerlo en exceso. Ya librarán los fondos en el momento que el pánico de los clientes amaine y dejen de exigir en masa sacar todo su dinero por miedo a quiebras bancarias u otros desastres económicos. El problema es que el corralito se combine con un cambio de moneda (dólares a pesos en Argentina) que reduzca drásticamente el poder adquisitivo de los ahorros.

Es cierto que algunos inversores han sacado sus euros de España, abriendo cuentas de no-residentes en Alemania u otro tipo de actuaciones paranoicas. En realidad, uno puede protegerse de escenarios catastróficos como la desaparición del euro de formas mucho más sencillas: basta contratar un fondo de inversión de renta fija (por ejemplo) cuyos fondos estén denominados en otra moneda. En todo caso, protegerse de lo improbable es lícito, pero mucho mejor sería diversificar en función del riesgo como costumbre sana de cualquier inversor.

Llevados por el miedo y sensacionalismo que este tipo de noticias inspira, todos hablan de la salida de Grecia del euro y de un corralito en el país heleno; otros proclaman las ventajas de que Grecia vuelva al dracma. Grecia no es Argentina, y sus recetas no darán el mismo resultado. Yanis Varoufakis escribe con conocimiento de causa.

Me quedo con una de las críticas al iluminado de Krugman: está claro que Grecia, como Argentina o Islandia, se beneficiaría de una devaluación de la moneda. Pero Grecia no ha de devaluar su moneda, ha de crear otra de la nada. Y el periodo intermedio tendría efectos catastróficos, que los gurus del fin del mundo no calibran.

España no es Argentina, ni vive el mismo momento económico que vivió el país hermano. Muchas cosas hay que mejorar de nuestro país, luchar contra la corrupción política y la casta de baqueros avariciosos y cortoplacistas (que los hay), instaurar una mentalidad del sacrificio, el trabajo duro y la generosidad bien entendida. Pero España, pese a sus dirigentes, es un país rico, en recursos y en personas. Y el dinero, en realidad, no es nada más que confianza.

Y señores, España me inspira confianza. Por mucho que diga Krugman o Roubini.