Hoy el Banco Primus, última entidad financiera especializada en la reunificación de deudas con base hipotecaria, abandona su negocio en España.

Los que tengan contratado un préstamo hipotecario con ellos no tienen nada que preocuparse (o de alegrarse), el banco portugués que concedía hipotecas a 62 años seguirá cobrando las mensualidades como si nada hubiera pasado.

En un escueto comunicado, nos comunica que «debido al contexto internacional de los mercados lamenta informarnos que desde hoy día 29 de noviembre de 2011, Banco Primus en España suspenderá el análisis de nuevas operaciones hipotecarias«.

Con la toccata y fuga de esta entidad, ya no queda un sólo banco o entidad de crédito especializado en la reunificación de deudas. Primero nos abandonó GE Money Bank, después GMAC (de General Motors), hace unos meses Celeris y finalmente Banco Primus se une a la cohorte de los damnificados por la crisis (o su mala gestión de riesgos, que alguna culpa tendrán).

Un hecho insólito que en el momento que más necesario sería tener entidades financieras que reunificaran deudas para ayudar a las familias a desapalancarse de una forma ordenada, no que una sola entidad especializada. Algunos pensarán que los que acuden a una reunificación son personas manirrotas que no saben controlar sus pautas de gastos, y casos habrá. Pero también hay muchos casos de familias que necesitan la ayuda del banco para volver a una senda sostenible de gastos financieros. Y esta ayuda, sencillamente, ha desaparecido.

Llama poderosamente la atención otro fragmento de la misiva de Banco Primus, que parece querer indicar que la huida de la entidad de España no se debe al negocio nacional, sino a problemas de su matriz en Portugal:

«Sentimos enormemente la situación, son causas mayores, ajenas al devenir del negocio en España, las que han forzado esta situación«.

Sin entidades privadas capaces de dar solución pagada a los buena gente con problemas (tengamos en cuenta que uno puede quedar fuera del circuito crediticio por no poder pagar una tarjeta de crédito por problemas puntuales), o los propios bancos que tienen el riesgo flexibilizan las reunificaciones, o veremos aún más gente perder su vivienda, cuando la solución existe.

Vivimos una situación económica totalmente surrealista, cuando las entidades financieras podrían ganar dinero refinanciando, huyen por falta de liquidez del sector. El gobierno, que debería evitar que miles de familias se vean expulsadas de por vida de la economía «oficial», ofrece soluciones a los banqueros y no a los ciudadanos. Y mientras tanto, el grueso del esfuerzo fiscal que mantiene el Estado y los bancos (no lo olvidemos) lo soportan las rentas del trabajo.

El ciudadano medio debe ser tonto, pero hasta los tontos nos cansamos alguna vez de pasarlo mal y que encima nos tomen el pelo; tomen nota los bancos, los mercados y los gobiernos europeos. O su menor problema será cumplir con el déficit del año en curso.

Después no digan que no les avisaron.