Últimamente parece que al fin hay un consenso general sobre los graves errores de diseño de la €zona. Fallos que van más allá del ámbito económico y que entran de lleno en la estructura política. Hace unos días unos diputados que representan a menos de un millón de votantes de un pequeño y pobre país –Eslovaquia – de apenas 5 millones de habitantes pudieron paralizar la ampliación del fondo de rescate 3 meses después de que la €zona lo aprobara, afectando con ello a una zona económica de 330 millones de personas. Y es que el Parlamento europeo, como nuestro senado, tiene un significado simbólico con las cosas importantes pues es el Consejo de Ministros de los 17 miembros el que realmente decide y a su vez esas decisiones deben ser ratificadas en los 17 parlamentos nacionales. Esta parálisis –que ahora critica incluso Trichet– a la hora de reaccionar con firmeza y rapidez es un cáncer que se añade a la dificultad de que 17 economías diferentes con gobiernos y tesoros autónomos compartan una misma moneda y un mismo banco central.

Y todo eso lleva a una reflexión: ¿Cuánto de culpables son los países que más están padeciendo por la estructura de la €zona? Por ejemplo, Leif Pagrotsky, parlamentario sueco cree que

la culpa debería ser compartida por aquellos que conocían, o deberían haber conocido, los riesgos de perder la capacidad de fijar tasas de interés en países individuales. Sabemos que tasas de interés reales extremadamente bajas producen una expansión masiva del crédito. En países con un mayor crecimiento de los precios que en Alemania pero con los mismos costos de endeudamiento esto no puede producir otra cosa que sobrecalentamiento, mayor inflación o incluso tasas de interés reales más bajas. Los riesgos para los países periféricos son inherentes al sistema creado por la Unión Monetaria Europa. La principal culpa debería recaer sobre los fundadores del sistema, o aquellos que vieron los problemas venir pero optaron por no pronunciar ninguna señal de advertencia. Ignorar los riesgos y exagerar los beneficios del euro para promover un respaldo de la moneda a corto plazo inevitablemente se tornó autodestructivo.

El economista Kash Mansori va más allá

Lejos de causar la crisis, los países periféricos se enfrentaron contra fuerzas poderosas fuera de su control, fuerzas que probablemente habrían hecho esta crisis inevitable sin importar lo responsablemente que se hubieran comportado.

Resumiendo, cuando surgió el euro se buscó que grandes flujos de capital se trasladaran desde el núcleo de la Eurozona a la periferia y unos bajísimos tipos de interés y una mejor calificación de la solvencia de países y empresas eran una invitación al endeudamiento luego el evidente desequilibrio se tornó inevitable. Por supuesto, esto no excluye que no se podían haber hecho las cosas mejor. De hecho, hubo un país que no aprovechó estas circunstancias para aumentar su déficit presupuestario y disparar su deuda pública: España. Durante varios de los 8 años en los que Rato dirigió la economía y los 3 primeros años de Solbes las cuentas públicas españolas fueron ejemplares si las comparamos con el desastre griego, portugués o italiano (el caso de Irlanda requiere otro artículo). Pero no quiero defender a los políticos españoles, culpables de tantas cosas, sólo resaltar que su gestión de las cuentas públicas fue mejor –en su conjunto- que los de los otros países con las mismas circunstancias y eso explica que incluso ahora y a pesar de todo lo que se ha tenido que emitir para cubrir el déficit desmesurado de 2008, 2009, 2010 y mucho me temo 2011, tengamos un porcentaje de deuda pública respecto al PIB que es por ejemplo la mitad del italiano.

¿Eso significa que la culpa es de los ciudadanos? Tampoco creo que eso sea cierto, miremos este gráfico que compara, partiendo de una base 100 en 1998, el empleo en España y Alemania:

Como vemos, fue espectacular la cantidad de personas que aumentaron sus ingresos en esa época y por lo tanto el que gastaran más y empujaran la inflación sobrecalentando la economía fue algo lógico, es exactamente lo mismo que antes comentaba Pagrotsky. Y si añadimos a la ecuación los tipos de interés baratos también parecía normal que aumentara la utilización de créditos. Sí, la tradición española de tener vivienda en propiedad ayudó a una enorme burbuja inmobiliaria pero como decisión personal de inversión no parecía tan descabellado hacerlo y de hecho prácticamente todo el que compró antes de 2005 en la actualidad tiene una propiedad al mismo valor o superior al que tenía entonces. El mismo razonamiento lo podemos aplicar a las empresas y en general al sector privado y su excesivo endeudamiento. El problema es que una buena decisión individual puede ser nefasta si la hace todo el mundo y ahí es donde falló la labor supervisora de nuestras autoridades que, viendo el panorama en su conjunto, debían haber frenado –en lugar de inducir por ejemplo con deducciones fiscales- ese endeudamiento masivo de la sociedad española. Y cuando hablo de autoridades me refiero a alcaldes, presidentes autonómicos, gobierno central, banco de España e incluso BCE y la UE que estaban viendo un exceso de flujos de un lado de Europa al otro que no era sano. Y ahí entra la banca.

La banca española fue irresponsable en la concesión de créditos a promotoras (no tanto a hipotecados ya que las leyes les aseguran altas posibilidades de cobro), inmobiliarias y a otros muchos negocios y por eso fueron culpables de la crisis pero en el fondo cayeron en la misma trampa que sus clientes: se metieron en deudas a largo plazo porque otros bancos europeos y sobre todo BCE les prestaban mucho dinero muy barato a corto plazo. De nuevo los supervisores europeos no pusieron ningún traba a este más que evidente desequilibrio. Con todo, fue meritorio que la gran banca española, a pesar de su internacionalización, no cayera en las redes de la crisis subprime USA como la mayoría de los grandes bancos del resto de Europa. Y esa diversificación inversora tan adecuada en estos tiempos en los que los países emergentes son un refugio ante la crisis global, fue muy acertada y por eso los beneficios de nuestras multinacionales, incluyendo las no bancarias, también se han mantenido muy altos… al menos hasta ahora.

En resumen, en España hemos hecho las cosas muy mal y los que mandaban en el país prefirieron, por ejemplo, el beneficio a corto plazo que generaba un modelo productivo basado en la construcción pero no debemos olvidar que la errónea estructura de la €zona y la falta de supervisión y control de las autoridades financieras incitaban a un excesivo endeudamiento. Y España cayó en muchos errores, especialmente una vez iniciada la crisis, pero tomando el conjunto desde que empezó a ser efectiva la €zona, los fallos fueron menores que los que cometieron otros países con las mismas circunstancias y por eso, y contra la creencia general del año pasado, el pensamiento mayoritario hoy es que el mayor riesgo para la solvencia de la €zona no es España sino Italia. Por desgracia, aparte de los lastres de nuestra economía (la alta tasa de paro, los problemas de las cajas de ahorros, las deudas, la desconfianza de los inversores, la corrupción política etc.) nos encontramos con una €zona que no ha cambiado en absoluto su diseño y sigue generando problemas y reaccionando ante ellos de forma lenta e ineficiente. Y aunque no parece que sea una situación que vaya a variar en el corto plazo mucho me temo que España necesita imperiosamente que lo haga cuanto antes.