La mayoría los conocimos en España gracias a la película de Peter Weir «Único Testigo» cuando un policía interpretado por Harrison Ford tuvo que refugiarse en una comunidad Amish en donde el mayor de los lujos era un coche tirado de caballos.

Leamos algo más acerca de ellos:

Esta curiosa agrupación religiosa (anabaptista) vive aislada del mundo exterior, defiende el pacifismo, la vida sencilla y restringe enormemente el uso la tecnología moderna. Para los amish prácticamente el tiempo se ha detenido en el siglo XVIII y rechazan la ropa actual, los automóviles, los televisores, los teléfonos, los secadores de pelo o, incluso, el gas y la electricidad (se siguen alumbrando con lámparas de petróleo). Consideran que estas manifestaciones de la vida moderna son malvadas y ponen en peligro su forma de vida.

Actualmente hay más de 200.000 personas pertenecientes a esta agrupación y si bien un tecnófilo como yo no podría vivir con su estilo de vida, no está de más echar un vistazo a un colectivo que no se ha visto afectado por la crisis.

Recientemente ha salido un libro titulado «Secretos del dinero de los Amish: Encontrar la verdadera abundancia en la sencillez, compartir y guardar.» Veamos que podemos aprender de ellos.

Evidentemente es más fácil evitar la crisis en donde la economía apenas ha crecido pero me parece muy interesante recordar cómo viven ciertas comunidades que pese a estar ancladas en el pasado, miden su PIB en felicidad y no en dólares.