W. Buffet es el símbolo del inversor que se ha convertido en multimillonario analizando oportunidades de inversión e insistiendo en ellas. Cuando considera que una empresa está barata compra sus acciones y es capaz de hacerlo incluso si el resto del mercado le da la espalda a esa compañía (como hace algunas semanas hizo con Bank of América) o en momentos globales tan delicados como finales de  2008. Su método es difícilmente aplicable a los pequeños inversores pues no tiene problemas en aguantar unas pérdidas que el resto no podríamos soportar pero como dije, es el símbolo del inversor –que utiliza fundamentales y piensa en el largo plazo- frente al del especulador. Por eso el que el otro día en una entrevista confesara que hace año y medio que vendió sus posiciones en deuda europea y que no las ha retomado (por lo tanto no le tienta que la rentabilidad de –por ejemplo- la deuda a 12 meses griega al 125%) demuestra que la crisis de deuda en la €zona tiene mucho que ver con una huida de los inversores, igual que ocurre en la bolsa, que sigue bajando aún con prohibición de cortos (por cierto, la propia FED de Nueva York ha reconocido que no sirve de nada el veto). Y eso es muy grave porque la bolsa puede bajar por malas previsiones y la deuda subir de rentabilidad por expectativas de subida de tipos o el euro debilitarse por la balanza comercial. Pero no es por eso esta vez, los grandes inversores huyen de la bolsa, de la deuda de determinados países y del euro por desconfianza hacia la €zona.

Esa desconfianza también se ha trasladado desde el fin de la QE2 a la bolsa norteamericana aunque el principal motivo allí es el miedo a la recesión (que hoy se acentuará o se reducirá con la publicación del dato de paro mensual). Los últimos meses bursátiles han sido cada vez más negativos: Junio cayó más que mayo, Julio más que Junio, Agosto más que Julio y Septiembre más que Agosto. Los precios más baratos –contra la creencia general- no animan a los compradores sino al revés, a los vendedores. No hay duda de la tendencia bajista del SP500, principal índice bursátil mundial,  por lo tanto mi consejo para un inversor normal que simplemente espera un plus por sus ahorros, es estar fuera de la bolsa y a la expectativa. Una forma de estar seguro de la tendencia, y además un buen método de inversión, es utilizar una señal muy sencilla que dice que si al cierre de mes el valor del índice es superior a la media de precio de cierre de los 12 meses anteriores, hay que comprar y si es menor, vender (o más concretamente, no estar en bolsa porque a pesar de lo que diga el psicópata de la BBC mantener posiciones bajistas es muy complicado). Como vemos en este gráfico las indicaciones son escasas: en octubre de 2000 recomendó estar vendido y desde abril de 2003 hasta diciembre de 2007 estar comprado. Señaló la gran bajada de 2008 y “cogió” la subida en julio de 2009, tuvo algunas señales erróneas en verano de 2010 (con unas pérdidas mínimas en comparación a los grandes beneficios de las otras señales) y en agosto de este año recomendó vender.

No hay sistema infalible pero este funciona para saber cuándo estar y no estar en la bolsa para un inversor de medio/largo plazo aunque no venda en máximos ni compre en mínimos. Y es que perseguir suelos y techos de mercado es una labor fútil y, como se ve, no es necesaria: si la tendencia es clara el beneficio es muy grande y no hace falta asumir riesgos antes de tiempo. También se usa la media de 10 meses. No he podido evitar la tentación de hacer lo mismo con el Ibex y el resultado es menos exacto ya que da más señales por la volatilidad de nuestro índice y últimamente por la crisis de la deuda soberana pero detecta correctamente los grandes movimientos tendenciales y también confirma que no deberíamos estar en bolsa en la actualidad

Esta semana la bolsa empezó muy mal pero ha ido mejorando recuperando algo de la fe de la que hablaba la semana pasada. En que quizás la FED implante más estímulos, en que tal vez se recapitalice a la banca europea (esa que se decía estaba tan sana), en que es posible que el FMI se implique comprando deuda española e italiana, en que lo más probable es que la bajada de tipos de BCE llegará en noviembre (que se supone será el mes en el que Grecia reciba al fin los fondos europeos)… Dejando a un lado esto y hablando de economía, me han entristecido las declaraciones de Ángel Laborda, director de coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros: “es muy probable que el déficit del conjunto de las Administraciones públicas acabe este año por encima del 7%, lo que podría añadir leña al fuego de la crisis financiera europea”. El problema es que si nos centramos demasiado en no superar la previsión de déficit surgirán otros problemas como la economista Carmen Alcaide explica muy bien: “la necesidad de reducir el déficit público lleva a ajustar los gastos de las Administraciones públicas, generando necesariamente un menor crecimiento de la economía, y como la mayoría de las recetas aplicadas en los recortes de gasto inciden en una reducción del empleo público, producen un aumento del paro. Como consecuencia de sus menores ingresos y de las malas expectativas de empleo, las familias reducen sus gastos y las empresas también aplican sus ajustes, provocándose reducciones en la recaudación de impuestos, lo que al menos dificulta la reducción del déficit público. Debido en parte a la desconfianza sobre la capacidad de crecimiento, la situación se complica con la exigencia del mercado de deuda de elevados tipos de interés para su refinanciación, elevando con ello el gasto público por el pago de los intereses. Y vuelta a empezar el círculo vicioso”. Qué difícil será romperlo.

Y qué difícil es confiar en nuestras autoridades políticas y financieras debido a todos sus errores y mentiras. Fallan con las previsiones, con su labor supervisora, con su capacidad de administrar, incumplen plazos…etc. etc. Lo más llamativo de esta semana es la situación del banco franco-belga Dexia, que ya fue rescatado con dinero público una vez, pasó los stress test de este verano y de nuevo está al borde de la quiebra, lo que requiere de nuevo la intervención estatal. Y como en al caso de la CAM en España, no ruedan cabezas…y es que, como reza el dicho, en todas partes cuecen habas.

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