Hasta hace no muchos años, la mayoría de los petroleros existentes tenían un «casco único». En estos buques, el petróleo de los tanques de carga sólo está separado del agua de mar por una chapa de fondo y de costado. En caso de que la chapa resulte dañada a raíz de un abordaje o de una varada, el contenido de los tanques de carga corría el riesgo de verterse en el mar y de causar una contaminación grave. Un medio eficaz de evitarlo es rodear los tanques de carga de una segunda chapa interna, a una distancia suficiente de la chapa externa. Tal concepción de «doble casco» protege los tanques de carga contra los daños y reduce así el riesgo de contaminación.

Tras el accidente del Exxon Valdez en 1989, los Estados Unidos, descontentos de la debilidad de las normas internacionales sobre la prevención de la contaminación por los buques, adoptaron en 1990 la Ley de contaminación por petróleo, mediante la cual impusieron unilateralmente exigencias de doble casco

En Europa, a raíz del naufragio del petrolero Prestige (noviembre de 2002), la Comisión aceleró la eliminación progresiva de los petroleros de casco único que transporten los productos petrolíferos más pesados de los puertos, los terminales y las zonas de anclaje comunitarias.

Esta y más información sobre la seguridad marítima la tenéis en la web de la Unión Europea.

¿Y por qué en el blog del Euribor nos ponemos a hablar de petrolero? ¿Que tiene que ver el Prestige en todo esto?

El otro día, en la web de Cheaptalk comentaban la analogía que hacía George Soros en la película Inside Job.

Habla sobre cómo los petroleros tienen particiones en sus cascos con su petróleo dividido a través de los compartimentos. De ese modo, cuando el mar se enbravece, el petróleo se agita dentro de su propio espacio restringido en lugar de moverse toda la carga hacia a delante y hacia detrás a lo largo del tamaño completo del barco, algo que sucedería si no hubiese particiones. Esto, obviamente, hace que el petrolero sea más estable.

La analogía es con los mercados financieros y la regulación. Hacer particiones para hacer el mercado menos líquido mejoraría su estabilidad. Analicemos el petrolero con particiones, olvidando que es un sistema mecánico y analizándolo del mismo modo que lo haríamos utilizando una teoría del equilibrio para analizar un mercado.

De repente se desata una tomenta con enormes olas que golpean el petrolero una y otra vez, éste comienza a moverse de un extremo al otro del buque. La partición interna evita que el petróleo vaya a de un lado a otro, se mueve pero sólo dentro de su tanque de carga.

De alguna manera, con este «doble casco» está poniendo barreras a la naturaleza del medio, el petróleo quiere moverse de un lado a otro pero no le dejamos.

A partir de aquí se puede producir una discusión muy interesante ¿Merece la pena es coste de pasar de un «mercado monocasco» a uno doble?

La historia económica reciente nos muestra que hemos hecho un proceso inverso y el mejor ejemplo lo tenemos en EEUU con la ley Glass-Steagall.

La Ley Glass-Steagall es el nombre bajo el que se conoce generalmente el Banking Act de los Estados Unidos. Esta ley, promulgada en 1933 por la administración Franklin D. Roosevelt para evitar que se volviera a producir una situación como la crisis de 1929, y que entre sus características destaca la separación entre la banca de depósito y la banca de inversión (bolsa de valores).

La ley fue derogada el 12 de noviembre de 1999 por el Financial Services Modernization Act, más conocido como Gramm-Leach-Bliley Act. Desde ese momento los bancos comerciales pudieron tomar más riesgos y apalancarse más ya que eran al mismo tiempo bancos comerciales y de inversión. Esta relajación de la regulación ha sido uno de los orígenes la crisis financiera iniciada en 2007. Las graves consecuencias han provocado que ahora se solicite desde diversos estamentos una regulación y supervisión más dura de las instituciones financieras.

Ahora que tanto EEUU como Europa están inmersos en plena maera negra ¿No va siendo hora de revisar los cascos de los petroleros?. Incluso si miramos más allá, ¿Hasta que punto el Euro no se está comportando como un frágil petrolero sin protecciones?

Lo único claro es que necesitamos un grave desastre con consecuencias irreparables para que tanto la UE como EEUU tomen medidas.