Italia celebra este año el 150 aniversario de su independencia en un ambiente de grave crisis económica que ha colocado al país en una situación de solvencia peor que la de España. Comparar siempre es difícil y entre países aún más complicado pero la similitud de nuestras raíces culturales ha sido un acicate para que históricamente haya habido una cierta rivalidad en la que, al menos en lo económico, los italianos se han mostrado vencedores. En la actualidad cuando se enfrentan diferentes datos queda claro que España está peor en tasa de paro y en deuda privada mientras que Italia destaca por su deuda pública, tres veces superior en volumen a la nuestra y doblando nuestro ratio respecto al PIB. Y como llevamos desde hace año y medio viviendo una crisis de deuda soberana al final ellos se han visto más afectados.

Hace poco más de 15 años la rentabilidad a 10 años del bono italiano estaba casi en el 14% y hace 6 estaba en poco más del 3%. Para el estado italiano, la convergencia significó una reducción de los pagos al servicio de la deuda de hasta el 6% del PIB con la ventaja añadida de que gran parte de la demanda en las subastas de deuda procedía de italianos con lo que su dependencia del inversor extranjero era menor que en otros países.

De este modo, Italia podría haber reducido significativamente toda su deuda pública hace años beneficiada no sólo por esos bajos tipos de interés, también por los años de menor inflación de su historia con crecimiento sostenido pero en cambio, optó por dilapidar todas esas ventajas ya que en la actualidad, la relación entre la deuda y el PIB de Italia se encuentra en el 120%, tan alta como estaba antes de entrar en la €zona y sólo superado en nuestro continente por Grecia.  Es comprensible que el resto de Europa se piense mucho la opción de los eurobonos o que haya críticas al BCE por las compras de deuda: ¿Quién garantiza que el sacrificio del resto de países para que Italia disfrute de tipos de interés bajos vaya a ser utilizado para reducir su deuda si no los aprovecharon durante una década? Y aunque se fiaran del compromiso del actual gobierno, ¡Quién sabe lo que decidirá el que venga en 2012!

El que la crisis de la deuda soberana de la €zona golpeara a Italia parecía cuestión sólo de tiempo ya que la gestión del país ha sido desastrosa. Desde que hace unos meses los inversores empezaran a exigir más rentabilidad para comprar la deuda y hasta que BCE decidió intervenir, no dejó de crecer el tipo de interés y con ello el diferencial respecto al Bund alemán hasta tal punto que superó a España. Curiosamente, las agencias de ráting llevan años calificando peor las emisiones italianas que las españolas. Los planes apresurados de austeridad, con algunas medidas interesantes como la eliminación de organismos locales (otras más desesperadas: lo último es que están considerando el deshacerse de propiedades inmobiliarias estatales) no han funcionado porque han sido demasiado tardías. Hay que recordar que, “gracias a/por culpa de” la presión de los mercados España cambió radicalmente su política económica en mayo de 2010 con lo que llevamos una ventaja temporal importante.  Hace pocos días, y a pesar de la ayuda de BCE, Italia marcó sus máximos históricos de posibilidad de impago según CMA así como los de la prima de los CDS, claramente por encima del nivel alcanzado por España.

Contrariamente a mucho de lo que se ha escrito y contra lo que pudiera parecer el año pasado,  ahora parece evidente que es Italia, y no España, la economía que decidirá si la €zona puede ser viable o no. Italia es socio fundador de la UE, pertenece al G7 (aunque por sus números no debería) y en la actualidad está, como España, dependiendo del dinero de sus socios –vía BCE- para poder financiarse. Salir de esa “bcedependencia” es la clave para que se recupere la normalidad y todos nuestros defectos (el desastre supervisor de Banco de España, la alta tasa de paro, el lío de las cuentas locales etc.) serán menos graves que el enorme volumen de deuda pública de Italia que es similar al PIB total de Alemania. En diciembre de 2001 un italiano,  Romano Prodi, presidente de la Comisión de la UE, profetizó: «Estoy seguro de que el euro nos obligará a introducir un nuevo conjunto de instrumentos de política económica. It is politically impossible to propose that now. Es políticamente imposible proponerlos ahora pero algún día habrá una crisis y los nuevos instrumentos se crearán. « Puede que se refiriera a los Eurobonos, la mayor –y quizás única- esperanza para arreglar la crisis de la €zona.

Si no hay €bonos, y se deshace la €zona, España, a las malas, siempre puede recurrir a no avalar gran parte de la deuda privada (especialmente bancaria) pero Italia deberá responder por sus casi 2 billones de deuda pública. Pero incluso si hay €bonos, y aunque de momento todo son suposiciones, parece que hay consenso entre los analistas que no significará que todo lo que se emita en Europa sea bajo esa condición, sino que se pondría un límite, bien por tiempo (unas emisiones concretas por ejemplo durante dos años) o bien por cantidad (o ambos) para que ningún país se cerrara su acceso directo a los mercados por un lado y por otro porque no parece viable que toda Europa acabe en unos años avalando toda la excesiva deuda de todos los países. Un límite lógico sería que en €bonos –suponiendo que fuera una solución a largo plazo y no puntual- nadie pudiera emitir más del 60% de su PIB –límite que se fijó al crearse la Unión Monetaria y que nunca se debió transgredir- lo que permitiría a España financiarse sin problemas en €bonos a largo plazo y, por ejemplo, emitir unos pocos miles de millones de euros de letras del Tesoro anualmente ya que está muy cerca de ese 60%…sin embargo Italia tiene el doble. Todo esto lleva a que Italia tenga más problemas de solvencia que España. Sin esta crisis de deuda soberana y con unos mercados más tranquilos, las cifras macro pesarían más y se supone que Italia volvería a ser considerado un sitio más seguro para invertir pero, ¿alguien sabe cuando se acabará este miedo a las emisiones públicas?