“Hace una década 19 terroristas tomaron el control de cuatro aviones, dirigieron dos hacia las torres gemelas del World Trade Center, hicieron chocar un tercero contra el Pentágono y un cuarto cayó sobre un campo en Pennsylvania después de que los pasajeros se resistieran e impidieran que los terroristas completaran su malévola misión. En cuestión de horas, más de 3.000 personas inocentes, en su mayoría estadounidenses, pero también personas de otros 115 países, fueron asesinadas repentina y violentamente.”

Básicamente el décimo aniversario del 11-S será la principal noticia este fin de semana y se analizarán (aquí un ejemplo: Tres opiniones cualificadas sobre el 11-S ) sus consecuencias desde todos los ámbitos aunque el factor que más nos interesa es su influencia en la crisis actual.

Aunque en mi opinión el origen primigenio de la crisis actual esté en la crisis asiática del 97 y rusa del 98 y en la forma en la que la FED salvó al Long Term Capital de sus arriesgadas apuestas -126 mil millones invertidos con sólo 7 mil millones de capital- elaboradas por 2 premios Nobel, y que demostraron al sistema financiero norteamericano que iban a tener el colchón del dinero público para protegerlos del excesivo riesgo, el germen de la burbuja que estalló en 2007 está en la reacción política y económica ante el 11-S.

Los bajos tipos de interés durante demasiado tiempo que propiciaron un fuerte aumento del riesgo gracias al crédito fácil y barato se han comentado muchas veces pero tampoco debemos olvidar que el propio Bush afirmó que la propiedad de una vivienda era un derecho y dio instrucciones a las hipotecarias semiestatales para que concedieran hipotecas incluso sin entrada. Tampoco debemos menospreciar el impacto en las cuentas públicas de la reacción del expresidente de los EUA, como dice el Nobel Stiglitz “El gasto público directo en las guerras decididas por Bush tras el 11-S, hasta el momento, asciende a aproximadamente $2 billones de dólares, lo que significa $17.000 por cada hogar estadounidense, y existen gastos cuyas facturas aún no se reciben que aumentarán dicha cifra en más del 50%.”

El gran problema que veo entre la situación de hace 10 años y la actual es que el 11-S fue un revulsivo para una acción económica coordinada mundial inédita hasta entonces que ayudó a la economía global a restablecerse de la crisis de las .com iniciada el año anterior, y es la gestión posterior de los años de bonanza lo que a mi juicio es más criticable. Ahora da la impresión de que nuestros dirigentes han utilizado ya toda la munición (o bien que la que tienen la desperdician disparando al aire) para combatir la recesión y no consiguen vencerla. Ni decisiones políticas únicas (como que unos países rescaten a otros como ha pasado en la €zona) ni tipos de interés en mínimos (como llevan manteniendo los EUA y Japón ya hace años) ni políticas monetarias agresivas como los programas QE de la FED o del Reino Unido están consiguiendo evitar que las recuperaciones sean meros espejismos. Se acumulan malos datos en ambas orillas del Atlántico y la fractura social cada vez es mayor a pesar de no reducirse la deuda global acumulada.

Un ejemplo de nuestro país es el dato que pasó desapercibido el viernes pasado por las malas cifras de paro en España y los EUA: la deuda de las familias españolas -según números del Banco de España- a finales de julio ascendía a 882.420 millones de euros. Pues bien, en enero de 2008 esa cifra era de 878.541, es decir, los ciudadanos estamos igual de apalancados y nuestro estado casi ha doblado su endeudamiento (sin tener en cuenta el crecimiento de la deuda bancaria avalada) y los resultados obtenidos son que vivimos bastante peor que hace 3 y 4 años.

Y en los mercados este ambiente de nueva recesión -o de agravamiento de la anterior- se demuestra más que en las bajadas bursátiles –más acusadas en la €zona que en los EUA y Reino Unido- o en las subidas de los CDS –también mayores en países de la €zona-, en la bajísima rentabilidad de la deuda considerada más segura: la alemana y la norteamericana. La deuda a 10 años emitida por ambos países se ha negociado por debajo del 2% -clara rentabilidad negativa respecto a la inflación-, símbolo tanto del miedo como de la poca esperanza en una reactivación económica. Además, como suele ser habitual, en este proceso está enredando la FED ya que se espera que una de las decisiones que tome en su próxima reunión sea la de vender bonos de corto plazo para comprarlos de más largo vencimiento, lo que se supone tendrá un gran efecto benéfico tanto en la banca como en el coste de las emisiones del Tesoro. Y de paso, conseguir que unos tipos de interés tan escasos animen a los inversores a arriesgar algo más volviendo a la renta variable e intentando desafiar la pésima estadística de este mes, que lo convierte en el peor del año en media:

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