Hace 2 años, publicamos por aquí un artículo titulado «Lo que la recesión se llevó… y esperemos no vuelva», en donde enumerabamos algunas de las locuras que la crisis se ha llevado por delante, os resumo muy brevemente cuáles eran.

Hoy daremos una vuelta más formal desde el punto de vista económico a las cosas que la crisis nos trajo y tardarán años en recuperarse. No todo lo que nos trae la crisis va a ser bueno…

Estancamiento. Los ingresos de media se han estancado durante décadas y la mera «recuperación» no creo que haga mucho por impulsarlos. Viendo las soluciones aportadas para salir de la crisis, tiene pinta de que volvemos a hacer exactamente lo mismo de antes, por las mismas razones pero con los mismos o menores ingresos…

Desempleo. A nivel global empieza la recuperación del empleo  y en España ya queda menos (confiemos en los datos de ayer), lo malo es la calidad del empleo. Por ejemplo en Abril en EEUU, Mac Donalds creó más puestos de trabajo que el resto de las empresas juntas. La simple recuperación probablemente no servirá de mucho para acabar con esta tendencia, porque el aumento de Mctrabajos tiene causas más profundas: deslocalización, falta de habilidades, infraeducación, déficits regulatorios… y lo rica que está el Big Mac.

Desigualdad. Mientras que el sueldo medio subió en España el año pasado un 2.9%, el sueldo más frecuente en España es de 15.000€ brutos anuales, o, lo que es lo mismo, un sueldo de unos 900 euros al mes, descontados impuestos y aplicando 14 pagas. Ayer mismo conocimos que el 64% de los contribuyentes cobran menos de 21.000€ anuales. Por otro lado, la brecha salarial entre directivos y empleados creció en lo más alto de la crisis. Es posiblemente el peor y más visible síntoma del nivel de desigualdad que nos ha traído la crisis. No es solo extremadamente injusto desde el punto de vista del sentido común, es una fórmula para una sociedad que se desmorona. Esta desigualdad es una consecuencia de los mercados de trabajo hipercompetitivos, globalizados y en los que el ganador se lo lleva todo: en otras palabras, es una característica, no un virus.

Inutilidad. la mayoría de los trabajadores no están comprometidos, ni les preocupa mucho, si es que les preocupa algo, el trabajo que hacen. Pero, ¿se les puede culpar? Quizás a ellos no les preocupe no solo porque el trabajo que hacen les parezca inútil, sino porque, en términos humanos, principalmente lo es. Hacer telemarketing, diseñar el tapón de un nuevo frasco de desodorante o encontrar una nueva laguna jurídica no es exactamente contribuir a diseñar, fabricar, construir o mantener la Capilla Sixtina. Aún así, es lo que hacemos aproximadamente el 75% de nosotros cada agotador día de nuestras insulsas vidas laborales. Olvidemos los números y preguntémonos a nosotros mismos: si tuviéramos que entrar en cualquier empresa, encontraríamos caras desbordantes de completa realización y auténtica alegría, o se preguntarían impasiblemente, «si no fuera por la maldita nómina, ¿permitiría realmente que me encarcelaran en esta mazmorra del alma humana?»

Entontecimiento. La consecución de la formación se ha ralentizado en los últimos años, mientras el desempleo ha alcanzado su punto álgido para los que cuentan con menor formación. Unamos esto a los «medios de comunicación» que, en lugar de informar, en realidad desinforman, una cultura, educación y trabajo, orientada hacia el trabajo altamente especializado en lugar del transformador y creativo que antepone la obediencia funesta y la apesadumbrada ejecución, sobre la alegría, pasión elevación e imaginación.

Conformismo. El 27% de los jóvenes de bachillerato españoles afirma que estudiará después de su grado una oposición para ser funcionario. Ojo, que hablamos de estudiantes de bachillerato, cuando se supone que uno todavía tiene ilusiones por una carrera profesional, bien sea de médico, astronauta o bombero. Por otro lado, sólo 8 de cada 100 estudiantes quieren montar su propio negocio. Nos conformamos con un sueldo seguro a fin de mes, más allá de satisfacer nuestra voación.

Deshumanización. El PIB hace mucho que se ha desacoplado de medidas más coherentes de bienestar, como el IBES o el IPM, que empiezan a medir lo que realmente  importa a los humanos. Nuestra economía se ha deshumanizado, y la simple recuperación en áridos y estériles términos del PIB no es lo suficientemente buena como para volver a rehumanizarla.

Una generación. Viendo los puntos anteriores ¿Qué panorama se presenta para los que inicien ahora su vida labora?. Esto es lo que comentaba el FMI hace poco, «El paro juvenil, en particular, se incrementó sustancialmente y en casos extremos como el de España, casi uno de cada dos jovenes trabajadores está sin empleo, incrementando el riesgo de una generación perdida«