Hay conceptos jurídicos que, por mucha hermenéutica que uno haya estudiado, se nos resisten. La sustitución fideicomisaria es uno de ellos.

Esta figura difumina el concepto de propiedad e introduce una temporalidad muy curiosa. Presente en nuestro Código Civil y con múltiples variaciones en los diferentes derechos forales, es una disposición testamentaria que instituye una forma de propiedad temporal (diferente al usufructo).

Si bien es raro encontrarse con ella, a mi me tocó heredar así, por lo que existir, existe. No voy a profundizar demasiado en la esfera jurídica, pero creo que es una forma de propiedad tan extraña que merece la pena conocerla, aunque sea por mera curiosidad.

En virtud de la sustitución fideicomisaria se encarga al heredero (fiduciario) que conserve y transmita a un tercero (heredero fideicomisario) el todo o parte de la herencia.

Por tanto estamos hablando de la posibilidad de dejar una herencia o parte de ella a dos grupos de herederos diferentes en dos momentos diferentes del tiempo. E incluso se puede estipular un heredero o herederos en segundo lugar que no han sido ni concebido, como veremos más adelante.

La normativa, para evitar la herencia perpetua en el seno de una familia, establece un tope de dos momentos hereditarios sucesivos: dos son los llamamientos que se pueden establecer en el testamento.

Para no perdernos en el camino tenemos que tener claro las 3 figuras que operan en la herencia:

  1. El que fallece y deja una herencia gravada con una sustitución fideicomisaria (fideicomitente).
  2. El que hereda en primer lugar, con una herencia gravada a favor de otro, llamado heredero fiduciario.
  3. El heredero fideicomisario, que heredará a la muerte del fiduciario.

Esta triada hereditaria permite combinaciones endiabladas, que pueden complicar la vida a los herederos y a la propia Hacienda, ya que la tributación en determinados impuestos no está nada clara. Realmente solamente el impuesto de sucesiones recoge claramente la figura (equipara el heredero fiduciario a un usufructuario de por vida).

Por ejemplo, sería posible la siguiente combinación:

«Declaro heredero fiduciario a mi hijo, gravado con una sutitución fideicomisaria en favor de sus hijos si los hubiere«.

En primer llamamiento hereda el hijo, una herencia que será de los nietos si en algún momento los tiene. En caso de no tenerlos, y a falta de otras menciones, la herencia pasaría a ser en plena propiedad del heredero fiduciario (el hijo).

Acabamos de ser testigos de una herencia que en un primer lugar es de una persona concreta (el hijo) y en segundo llamamiento de uno o varios herederos que aún no han sido ni concebidos (y que pueden no llegar a serlo nunca). Para estos casos la ley marca unos límites:

El heredero fiduciario

Si bien su figura es similar a la del usufructuario, no es tal, ya que es propietario de los bienes y así figura en el Registro de la Propiedad (en el caso de bienes inmuebles). Con una carga a favor del fideicomisario, eso sí.

El propietario fiduciario no puede disponer libremente del bien (venderlo o hipotecarlo) sin el permiso del heredero fideicomisario. Sin embargo tiene la posibilidad de acudir al Juez en caso de problemas y que éste decida.

Puede disfrutar del bien y de sus frutos (por ejemplo, podría alquilar la vivienda).

A su muerte los bienes en fideicomiso no pasan sus herederos ya que no puede disponer de ellos. Pasarán al heredero fideicomisario.

El heredero fideicomisario

Si ya es compleja la figura anterior, la del fideicomisario es aún más curiosa. No es propietario y no puede disponer del bien ni de sus frutos.

Figura en el Registro de la Propiedad como una carga. Y heredará a la muerte del fiduciario. Por tanto, lo que tiene es una expectativa de propiedad. Ni más, ni menos.

Y como ya hemos visto podría ser un eventual heredero, ya que podría ni existir en el momento de la herencia primera.

Por tanto, estamos ante una propiedad difusa de dos personas que pueden ni vivir en el mismo tiempo. Sería una forma de intentar dejar atada la herencia al menos hasta la segunda generación.  Si le dejamos la herencia a nuestro hijo e instituimos herederos fideicomisarios a los nietos, por mucho que quiera el hijo (o su pareja si se casa), no podrá disponer de los bienes ya que los deberá trasmitir libre de cargas a sus hijos.

Lo que nos permite el derecho hereditario y las implicaciones prácticas y fiscales tan variadas que puede provocar, ¿verdad?