Una pregunta sencilla, en apariencia. ¿Cuánto vale mi casa?

Un adosado en una urbanización asentada cerca del centro de Palma de Mallorca. Menos de 100 metros cuadrados, sótano grande y un pequeño jardín lleno de tortugas de agua, entre otra fauna que no está en venta.

En realidad tampoco está en venta mi casa, no vaya a ser que se llenen de ofertas los comentarios.

Cuando la compré, allá por el año 2007, se valoró en unos 300.000 euros (valor de tasación). ¿Cuánto vale hoy?

La respuesta no por directa es fácil de contestar. De hecho me atrevería a decir que es imposible. Valer, vale lo que un comprador esté dispuesto a pagar y, aquí viene la complicación adicional del mercado inmobiliario, pueda pagar.

En un mercado perfecto se fija el precio de equilibrio en el punto en que se cruza la curva de oferta de bienes con la demanda de bienes. Por tanto, si el mercado de inmuebles funcionara adecuadamente, el precio de mi casa hoy se determinaría por la intersección entre el precio que yo quiero (oferta) y el que los compradores están dispuestos a pagar (demanda).

Si bien mi casa es única, para marcar el precio deberíamos tomar otros hogares similares. Ya tenemos un problema, ya que similar no es igual, y la diferencia puede ser abismal.

Pero este problema tampoco es insalvable, no voy a regatear por 6.000 euros de diferencia. Acepto asimilar mi adosado de tortugas con el adosado de los vecinos. El problema para mis intereses es que la curva de oferta se ha desplazado hacia la derecha de la gráfica, haciendo que baje el precio de equilibrio. Hay muchas más viviendas vacías y ocupadas en venta, y su precio de mercado cae.

Pero el problema grave viene de la curva de demanda de adosados con jardín. La demanda se ha reducido de forma dramática, no ya por no estar dispuesto a pagar el precio que yo pido de mi vivienda, sino porque por mucho que quieran pagarlo no obtendrán financiación bancaria.

Acepto que mi casa vale menos, ¿cuánto menos nos dicen los expertos, entonces?

El Banco de España nos anuncia que el recorrido a la baja aún da para un 10% menos, hasta completar un 30% de caída de los máximos marcados en el 2008. Hasta finales de 2013 no tocaríamos suelo, dicen ahora.

Mi casa por tanto vale ahora unos 240.000 euros, y valdrá 216.000 euros en los dos próximos años si no vendo rápido. Vaya ruina, para luego que digan que «el ladrillo nunca baja de valor».

Afortunadamente además de los estudios de los departamentos de entidades como el BE o de las empresas de tasación de turno, tenemos precios reales, procedentes de portales inmobiliarios de Internet.

Fotocasa.es nos dice que los precios de la vivienda de segunda mano ha caído cerca de un 25% desde el inicio de la crisis.

Por otra parte Idealista.com pone a nuestra disposición un interesante índice de precios de la vivienda de segunda mano. Si pongo el mes que compre, sobre julio de 2007, el gráfico me informa de que mi casa ha bajado de precio un 16,2%. Me gusta más este indicador, vaya.

Si concretamos en Palma de Mallorca, el precio medio ha pasado de unos 2.405 euros por metro cuadrado a 2.378. Una caída de un tímido 1,13%.

Ya no busco más, mi casa hoy vale 296.610 euros. ¿O no?

Curioso el precio de la vivienda, según a quién se le pregunte el valor de un mismo bien vale cantidades que nada tienen que ver. Por suerte, mi casa no está en venta.

Nota: los personajes aparecidos en esta entrada son ficticios y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. ¿O no?