A estas alturas del cuento no voy a descubrir a nadie que estamos viviendo una sequía crediticia de tintes apocalípticos.

Si a las propias entidades financieras ya les cuesta conseguir liquidez para hacer frente a sus propias deudas con el mercado mayorista extranjero, provisionar las operaciones fallidas y reducir sus estructuras sobredimensionadas, es evidente que no hay dinero para las PYMEs.

La postura fácil, y cierta en gran parte, es atacar a los bancos y cajas. Ustedes han analizado las financiaciones a promotores, las hipotecas a particulares y los préstamos personales y empresariales con la misma capacidad de predicción que muchos adivinos de pacotilla.

Además han despilfarrado el dinero con redes de sucursales a modo de bares. Han perdido el dinero de sus clientes en casos Madoff y demás artimañas financieras. Y ahora no tienen liquidez para cumplir con la función que la economía les tiene encomendado: captar dinero de los ahorradores y prestarlo a los inversores y consumidores.

Pero este artículo no trata de la responsabilidad de la banca en no tener liquidez para que la economía siga funcionando de forma normal. Trata de si la banca debería prestar dinero a las PYMEs para evitar que cierren.

Parece lo mismo, pero hay mucha diferencia.

Voy a tratar de averiguar si cualquiera de los lectores prestaría dinero a determinadas pequeñas y medianas empresas que operan en mercados cuya demanda se ha esfumado, tienen un endeudamiento muy alto y las perspectivas del sector a corto plazo son malas.

Es decir, ¿le prestarías tu dinero, o el de tus familiares, o el de tus clientes (si fueras algo así como un banco) a un gran número de empresas que van a cerrar si no les inyectas liquidez, y aún así sus expectativas no son nada halagüeñas?

En esta tesitura se encuentran las entidades financieras que disponen de liquidez pero analizan las operaciones empresariales con criterios de riesgo conservadores. Si no prestamos dinero a la empresa, ésta cierra. Si se lo prestamos, seguramente también.

Ni vosotros ni las entidades financieras deberíais prestar dinero si no creéis que vais a recuperarlo. Ciertamente estamos en un círculo vicioso:

  1. Los bancos no prestan dinero.
  2. Los consumidores no compran bienes que tengan que financiar. Por no poder acceder al crédito y por la inestabilidad del mercado laboral.
  3. A las empresas, que ven caer su demanda, se les obliga a desapalancarse en el peor momento posible.
  4. Los bancos analizan la situación de los particulares y empresas y deciden no prestar dinero por el alto riesgo de impago.

Y la rueda vuelve a girar.

La solución, a mi modo de ver, no pasaba por inyectar dinero a las entidades financieras y vender al ciudadano que era para incentivar la concesión de crédito. Ha sido una falsedad evidente.

Entiendo que el dinero público debía inyectarse directamente en la economía, no con chapuzas como el Plan E, sino con un análisis exhaustivo de los sectores empresariales que se quería potenciar durante y después de la crisis.

Pero para ello se necesita un sector público con estructuras sólidas y gestores de riesgo excepcionales. Y no los tenemos, me temo. Una muestra es la surrealista creación de los «facilitadores de crédito«. ¿De verdad alguien pensaba que esta pantomima iba a funcionar?

Necesitamos algo más que un Ekipo Ja de Prejubilados de banca para incentivar el crédito. La pena es que estamos en manos de gestores que no saben gestionar.