Todos hemos ocupado algún puesto laboral o directivo en que nuestra elección o consecución ha sido más debido a la suerte que a nuestras capacidades profesionales o gerenciales.

No es nada fácil aceptar que la casualidad nos ha puesto al timón de una empresa o proyecto, pero muchas veces es más la fortuna quien nos guía que nuestras habilidades.

Lo que no vemos en nosotros nos es muy fácil de ver de nuestros jefes o compañeros de empresa. ¿Quién no se ha preguntado alguna vez la razón de tener un mando tan inepto o poco capacitado por encima de nosotros?

De todas las respuestas posibles, hay una habitual en la que no solemos caer: nuestro superior lo es por casualidad. Ni más, ni menos. Estaba en el lugar adecuado en el momento justo.

Nada malo hay en la suerte, ya que es parte de una carrera profesional. Lo malo es dejarlo todo en manos de ella. ¿Qué opinaría Niccolò Machiavelli del tema?

Si buceamos en su obra más conocida, Il Principe, podemos encontrar un capítulo llamado «De los principados nuevos que se adquieren con la fortuna y las armas ajenas» que nos dará algunas pistas.

Dice Maquiavelo,

Aquellos que sólo gracias a su fortuna se convierten de particulares en príncipes, con poca fatiga lo hacen, pero con mucha se mantienen; y no tienen ninguna dificultad en su camino, porque son elevados como en alas: pero las dificultades nacen cuando han llegado al poder.

Nos dice el genial estratega que este tipo de líderes dependen, a su vez, de la fortuna y voluntad de los que los han exaltado. Afirma, además, que éstos directivos por casualidad no saben ni puede mantener su cargo por mucho tiempo. Literalmente:

…no saben, porque al no ser un hombre de gran ingenio y talento, no es verosímil que, habiendo vivido siempre en una condición privada, sepa gobernar; no pueden, porque no poseen tropas con cuya amistad y fidelidad puedan contar.

Por mucho que nos creamos originales, gran parte de la sabiduría ya está escrita. Un pensador nacido en 1.469 ya conocía las bases de la gestión de recursos humanos: la fidelidad de tus empleados y colaboradores.

Por otra parte nos marca los pilares de toda carrera profesional a largo plazo, además de la inevitable influencia de la suerte: ingenio y talento. Inteligencia y preparación, en otras palabras.

Tanto si somos propietarios de nuestra empresa como mandos intermedios o trabajadores sin responsabilidades de gestión, una cosa deberíamos tener claro: la suerte no determina ni justifica nuestro puesto. Es el trabajo diario, la formación continuado y los lazos que creamos y mantenemos con nuestras redes sociales y profesionales lo que debe centrar nuestra atención.

Porque lo que fácil se gana de la misma forma se pierde.