Desde hace al menos 2 siglos, España organiza una lotería navideña muy popular, es la mayor del mundo y prácticamente todos los españoles juegan. A mediados de los 70 un hombre buscó desesperadamente un billete acabado en 48, finalmente lo compró y le tocó el gordo. Cuándo le preguntaron por qué estaba obsesionado con ese número el respondió «Soñe con el número 7 durante 7 noches seguidas, y 7 veces 7 es 48»

Ya véis, 7 veces 7 es 48… y encima le toca la lotería (sacado de un informe de la gestora Legg Masson)

¿Existe la suerte?. Hace poco se lo preguntaban en Intereconomía mostrando un interesante estudio:

A un grupo de personas (unas que decían que tenían mala suerte y otro que decían que la tenían buena) se les hacía imaginar que trabajaban en un banco y un atracador les disparaba en una mano, dejándosela inútil. La pregunta era, ¿creían tener buena o mala suerte? Los que decían tener mala suerte, por supuesto, decían que era malísima suerte perder una mano. Los que decían tener buena suerte en cambio aseguraban que era muy buena suerte que no hubieran perdido la vida.

Es decir, la suerte es una cuestión de actitud ante la vida (tal y como ya predijo Freud). De cómo vemos las cosas. Es cierto lo dicho en la Eneida: “la suerte es para los osados”. Aquellos que están más abiertos a nuevas experiencias y a conocer gente nueva y nuevos lugares, tienen obviamente una mayor probabilidad de estar “en el sitio adecuado en el momento adecuado”.

Si uno va siempre mirando al suelo, antes o después encontrará una moneda.

Efectivamente, la suerte es de los osados, pero tanto la buena como la mala. En el mundo de las inversiones podemos ver cómo un gestor de un fondo de alto riesgo duplica el dinero de sus inversores a lo largo del curso de un año, como las acciones de una compañía se cuadruplicaen seis meses… ¿Fue suerte o habilidad? La respuesta, por descontado, es de suma importancia. Si fuera «suerte», no deberíamos darle al gestor del fondo de alto riesgo un 2% de nuestra riqueza y el 20% de los beneficios. Si fue habilidad, los directivos de la empresa es probable que se merezcan parte de su bonus.

Como siempre ocurre en las finanzas, hay dos perspectivas extremas. De un lado, aquellos que ven cualquier resultado superior como prueba de la habilidad y un rendimiento superior mayor como algo casi sobrenatural. En el otro extremo, aquellos que sostienen que todo ha sido «suerte» y que los gestores de cartera tienen algo de «habilidad apreciable».

Se ha escrito algún estudio que indica que todos los rendimientos anormales se pueden explicar por la aleatoriedad, que todos los «rendimientos superiores» en las gestión de cartera se pueden atribuir a la suerte. También hay estudios que indican justo lo contrario, lo que está claro es que es muy difícil diferenciar a los afortunados ganadores de los ganadores hábiles. Para entender por qué, es mejor mirar un ámbito en el que la diferenciación entre suerte y habilidad es fácil: los deportes. Incluso aquellos a los que no les gustan Nadal, Messi, Tiger Woods o Gasol tienen que admitir que cuentan con habilidades que el resto de los mortales no tenemos, y que su éxito no se puede atribuir a la suerte. Por tanto, ¿por qué resulta tan fácil separar habilidad de suerte en los deportes y no en las finanzas? Separar suerte de habilidad es más fácil cuando:

Mirando las finanzas a través de estas lente, es fácil ver por qué es tan difícil separar la suerte de la habilidad.:

Por tanto, el factor «suerte» es aquél que permite poner a los bancos aquello de «Rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras». Asi que, a la hora de invertir, debemos intentar diferenciar cuales son aquellas inversiones en las que el factor suerte pueda ser uno de sus mayores activos.

Por tanto, si vamos a dejar que alguien maneje nuestros ahorrillos o simplemente queremos analizarnos como inversores, creo que debemos ser conscientes de intentar conocer que parte del éxito se atribuye la suerte y cuál a la habilidad ya que ocasionalmente podemos meterle un gol al mercado pero lo más seguro es que en un partido salgamos humillados.