Cuando países desarrollados de la Europa Occidental se ven castigados por los inversores y se genera desconfianza sobre su solvencia, sorprende que un país como Japón, que lleva más de dos décadas en crisis y  tiene una deuda pública que alcanza el 200% del PIB, pueda seguir colocando sus inmensas emisiones a tipos de interés tan bajos. Esta es la curva de tipos de interés de la deuda nipona, con lo que el país se financia más barato que nadie siendo el que más dinero debe:

La respuesta está en que los compradores de la deuda son locales: pequeños ahorradores, fondos de pensiones, empresas nacionales… copan el 90% de las compras, y debido a la deflación aceptan los bajos tipos de interés sin plantearse siquiera los problemas de solvencia que ya algunas agencias de rating internacionales han advertido que pueden aparecer.

El problema es que esta es una situación insostenible, primero por pura matemática (antes o después un país que año tras año tapa con más deuda el desfase entre ingresos y gastos colapsará) y segundo, por su problema demográfico. La población japonesa está disminuyendo, esto hace que crezca la proporción de gente mayor de 65 años sin que haya habido ningún ajuste aún en el gasto público en pensiones y cuidados para la población anciana. Mizuho estima que para el año 2025 cerca de un 70% del gasto gubernamental será devorado por deudas y necesidades del sistema de seguridad social. Como dice Akira Kojima, miembro del Centro Japonés de Investigación Económica: «Estamos acercándonos a un territorio muy peligroso. Los nacidos en el boom de la natalidad en el período posterior a la guerra se están retirando del mercado laboral. Tenemos menos de 10 años para corregir este desequilibrio». Y una disminución de la población con una mayor proporción de gente en edad de jubilarse significará que no habrá suficientes ahorradores en edad productiva –la población en edad laboral seguirá reduciéndose en aproximadamente un 1% anual- para financiar el déficit anual. Resumiendo, según pasa el tiempo aumenta el número de los que gastan y disminuye el de los que aportan

Ante esto los dos problemas habituales de la economía japonesa no parecen tan graves:

Daniel Gros -director del Centro para Estudios de Políticas Europeas- cree que hay un error al hablar del bajo crecimiento japonés en comparación al resto de países desarrollados, ya que si dividimos el PIB por el número de personas en edad laboral Japón en verdad tuvo un mejor desempeño que Estados Unidos o que la mayoría de los países europeos en la última década. Es decir, el trabajador nipón fue muy “productivo” ylo curioso es que las encuestas de sentimiento del consumidor en el país muestran a los japoneses bastante satisfechos con la situación actual. Como si se pudiera vivir siempre tirando de deuda…aunque claro, la población valora la escasa tasa de paro, la baja tasa de criminalidad, la mejor calidad de vida comparada con otros países y el sistema de salud, una de las razones que explican el aumento en la expectativa de vida. Y esto hace que en España por ejemplo envidiemos la crisis japonesa de la que venimos oyendo hablar hace dos décadas. Eso sí, cada uno de nosotros debemos unos 12 mil euros que nos corresponden por nuestra deuda pública mientras cada japonés debe 64 mil.

La pregunta es evidente, ¿Es mejor para un país ofrecer los mejores servicios sanitarios y sociales a costa de estar destinado a la bancarrota o recortarlos para asegurar la solvencia a largo plazo? La respuesta más fácil es aceptar la primera opción negando que la quiebra sea inevitable, y eso es exactamente lo que llevan haciendo durante años los diferentes gobiernos japoneses. Ojalá acierten.