En el fondo, todo esto es bueno y hasta necesario. Lo único malo es que nos ha pillado a nosotros.

¿Cómo? ¿Qué es bueno que haya tanto paro, que el Euribor suba y que los mercados financieros estén así?.

Las recesiones son parte de un ciclo económico normal en las sociedades capitalistas. En otras palabras, las recesiones son males necesarios.

El lado positivo es que hay tres razones por las que las recesiones son en realidad buenas para la economía:

  1. La actitud de la gente cambia (a mejor)
  2. Vemos crecimiento e innovación en sectores infradesarrollados así como los sectores hinchados se contraen
  3. Tenemos la oportunidad de autoevaluación

Cambio de actitud

Las recesiones crean de forma natural cambios en nuestra forma de pensar y comportarnos. De media, durante una recesión, pasamos de ser consumidores irresponsables e irracionales a ser ahorradores prudentes que adoptan decisiones financieras mucho mejores.

Nos abstenemos de compras innecesarias, hacemos ese esfuerzo extra para buscar el mismo artículo por un precio mejor en otro sitio y aprendemos a privarnos de pagar más por bienes caros y de marca. Básicamente, dejamos de tirar el dinero y a valorarlo en su justa medida. Estos cambios en la actitud pueden tener un efecto duradero en los consumidores.

Por ejemplo, si pasásemos algún tiempo con nuestros abuelos (o padres) que vivieron la postguerra, nos daríamos cuenta rápidamente de lo mucho que afectaron a su perspectiva del mundo (y decisiones de consumo) las dificultades que soportaron hace décadas. Muchos de los que aprendieron a ser ingeniosos y a practicar el ahorro durante momentos difíciles nunca abandonaron ese comportamiento.

Desde una perspectiva personal, si la recesión nos afecta, el subconsciente empieza a decirnos que tenemos que trabajar más y gastar de forma más conservadora, algo que se quedará ahí durante mucho tiempo, casi sin notarlo nuestro comportamiento cambiará de una manera casi definitiva. Por ejemplo, encontramos a mucha gente que no había probado en su vida productos de marca blanca y una vez rota esa barrera de entrada psicológica serán más proclives en un futuro a adquirir productos baratos, algunos de los cuales les satisfagan incluso más que los «premium»

Ahora imaginemos lo que ocurre cuando cientos de millones de personas pasan de forma colectiva por una profunda recesión. Estos sutiles cambios de actitud a nivel individual se combinan para crear una población mucho más sensata y responsable desde una perspectiva financiera e incluso ecológica. ¿Cuántas toneladas de CO2 habrán dejado de emitirse por culpa de la crisis?

Contracción y expansión de los sectores

Una recesión es un período en el que exceso de «grasa» se elimina de la economía, preparando el terreno para la expansión. Hasta que no se complete esta purga, la economía será menos eficiente y seguirá arrastras.

En teoría, las recesiones castigan tanto a las empresas que han adoptado malas decisiones (sacándolas del negocio), como a los trabajadores que menos valor añaden a la empresa (desempleándolos). Ojo, hablo de la teoría…

En el proceso, los trabajadores despedidos encuentran otro trabajo de forma intuitiva en empresas de sectores infradesarrollados que necesitan más mano de obra. De este modo, el trabajo se distribuye de forma más eficiente en todas las áreas de la economía en las que hay más demanda de mano de obra. Posteriormente, los agentes más débiles de los mercados hinchados no sobreviven, y los negocios más fuertes de esos sectores se ponen en forma y son más eficientes.

La reciente caída del sector de servicios financieros es un ejemplo perfecto. Había demasiadas palomas luchando por la última miga de pan, lo que provocó que las empresas asumieran riesgos excesivos y participasen en prácticas dudosas. Algo tenía que romperse, y así ocurrió. Primero Lehman Brothers se desmoronó, y pronto todo el sector empezó una contracción rápida y enérgica.

Este ciclo de contracción y expansión no siempre es perfecto. En ocasiones, la contracción dentro de un sector puede ser tan violenta que no crea una pequeña ola en la economía, empieza una avalancha. En tal caso, si nadie para la avalancha, los negocios de todos los sectores están en riesgo. Este es el claro ejemplo español con el sector de la construcción.

La mayoría de las recesiones, sin embargo, nos hacen un favor corrigiendo y reequilibrando la economía, lo que contribuye al desarrollo de sectores jóvenes y prometedores. De hecho, las crisis económicas (incluyendo la actual) con frecuencia están vinculadas a aumentos de nuevos negocios emprendedores y puesta en marcha de pequeñas empresas (si la financiación lo permite). De esta manera, las recesiones también pueden generar innovación.

Oportunidad para la autoevaluación

Por último, las recesiones nos permiten retroceder y reevaluarnos a nosotros mismos. Imaginemos que empezamos una carrera en un sector que en su momento era moderno por el glamour y los grandes salarios, pero en una recesión el sector se desploma y nos deja en el paro. ¿Qué haríamos?

En situaciones así, las recesiones permiten a algunas personas alcanzar su verdadera pasión, que puede hacer su trabajo más placentero, que puede dar lugar a una mayor productividad, que puede conducir a un mejor estilo de vida, etc. Demasiados de nosotros nos quedamos anclados a trabajos que exclusivamente son un medio para llegar a fin de mes  pero que verdaderamente no nos inspiran. Llevamos a cabo la rutina diaria y, antes de que nos demos cuenta, los años pasan. Muchas veces, no reconsideramos nuestros sueños.

No digo que me encanten las recesiones y que esté deseando que se produzca la siguiente, pero desempeñan un importante papel en el marco mayor que supone la economía. Y como han aprendido aquellos que aprendieron hábitos financieros más saludables, encontraron trabajos más reconfortantes o empezaron a perseguir su sueño, un cambio de recesión que puede parecer un trozo de carbón puede contener en realidad un diamante.

De alguna manera las crisis son como los incendios, en pequeñas medidas son beneficiosas en cuanto que queman los hierbajos, el problema está cuando crecen descontroladamente. Para evitar esto en algunos parques nacionales se provocan intencionadamente incendios, circunscritos a determinadas áreas ya estudiadas de antemano, con el fin de prevenir una catástrofe mayor. ¿No deberíamos también crear crisis controladas para prevenir una catástrofe mayor?