Washington está retrasando la toma de decisiones difíciles hoy en día dejándoles la carga a las espaldas de nuestros hijos y nietos. Estados Unidos tiene un problema con la deuda y una falta de liderazgo

Estas son –más o menos- las palabras que Obama como senador pronunció en 2006 cuando se opuso a la posible elevación del techo de la deuda. Hoy, con 14 billones de deuda –la mayor de la historia-, el presidente Obama va a solicitar que el límite se amplíe, algo que sin duda conseguirá aunque -según las encuestas- contra la opinión pública. Estamos en un país en el que estamos acostumbrados a oír discursos diferentes a nuestros políticos según estén en la oposición o en el gobierno pero no deja de sorprenderme que la mayor potencia económica del planeta tenga tanta deuda y tan poco interés político en frenar su crecimiento. Y es que ese puede ser el mayor obstáculo para la recuperación económica global y, como dijo Obama cuando era senador, una carga para nuestros descendientes que podría limitar sus posibilidades durante décadas. No obstante, los mercados –como los humanos en general- se mueven por impulsos cortoplacistas, algo que no ha cambiado en esta crisis como tampoco la preponderancia del dato del PIB para medir la salud de una economía, a pesar de las voces que reclaman otra forma de medir nuestro bienestar. Y es que es extraño que a la vez que Bernanke opine que la economía de EEUU sigue en un “hoyo profundo” el PIB total de los EUA esté en máximos históricos tras romper por poco lo alcanzado a finales de 2007…efectos de crecer a costa de más y más deuda:


En España, aunque se cumplieran las optimistas previsiones del gobierno, tardaríamos aún dos años en romper nuestros máximos de comienzos de 2008, justo cuando los que hoy gobiernan anunciaban “cuatro años brillantes de crecimiento y empleo sin recortes sociales”, un ejemplo más de que la riña de los políticos con la coherencia y la verdad es global y no distingue de ideologías ya que podemos encontrar actitudes similares en todos los bandos y países. No parece que esta decepción generalizada por quienes nos gobiernan y gobernarán sea buena porque en el momento que nos demos cuenta que las urnas no cambian lo sustancial podemos sentir la tentación de la violencia, algo que se ha hecho palpable estos días en muchos lugares del globo. Los revolucionarios de Túnez, Egipto, Yemen… en general esperan que la democracia acabe con la corrupción y el desastre económico, ¿Qué esperanza nos queda a nosotros que en teoría ya la tenemos?

En mi opinión, además del sistema de gobierno necesitamos mejores gestores que tomen buenas decisiones políticas en lugar de políticos que no toman buenas decisiones de gestión. Y eso abarca cargos que poco tienen que ver con las urnas como los de Bernanke o Trichet y labores que van más allá de la presidencia o del ministerio de economía.  Por ejemplo, los alcaldes de multitud de municipios españoles son tan culpables de la burbuja inmobiliaria como muchas entidades financieras; como hemos podido saber estos días, son los déficits presupuestarios de la mayoría de autonomías los que menos se han reducido en 2010; Banco de España es corresponsable de que los activos inmobiliarios de las tan criticadas cajas de ahorros estén sobrevalorados por permitírselo… Es decir, igual que los problemas tienen muchos padres las soluciones deberían tenerlos también. Mi pesimismo crece día a día porque sigue sin afrontarse el primer punto de cualquier cambio real: exigir responsabilidades. Y España no es un caso único, por poner dos ejemplos recientes: ¿Cómo es posible que tras El informe de la investigacion de la crisis financiera elaborado por los EUA no haya rodado ninguna cabeza si concluye que pudo evitarse,  cuántos políticos griegos y banqueros irlandeses están siendo castigados por sus falsedades y errores que sí que están –literalmente- pagando de sus nóminas los ciudadanos de ambos países?

Y no sólo no hay propósito de enmienda, es que se insiste en lo mismo. Recordemos cómo empezó –simplificando- la crisis financiera: bancos norteamericanos prestaron dinero a hipotecados poco solventes confiados en que el valor de sus casas –único aval- no bajaría de precio. Y para conseguir esa liquidez que no tenían recurrieron por una parte a su banco central que se lo prestaba a corto plazo y por otra agrupando las hipotecas en emisiones que colocaron a medio mundo con la ayuda de las agencias de calificación que las declararon de máxima solvencia. Cuando los hipotecados de los EUA vieron que lo que debían de hipoteca era más que lo que les costaba comprarse otra casa, se la devolvieron al banco que de repente se encontraba con un activo que no le cubría el dinero que debía…Bien, como no aprendemos resulta que la mejor solución que han encontrado en Europa para los problemas de solvencia griego e irlandés es: ampliar el plazo de devolución de los créditos que les hace el resto de Europa y ampliar el volumen del fondo de rescate…esto es exactamente igual que lo que nos llevó a esta crisis: alargamos plazos y prestamos un dinero que no tenemos –porque toda Europa está endeudada- y cuyos fondos esperamos obtener en futuras subastas de más deuda pública…además, hacemos lo que hizo en su día Lehman Brothers, extender esta inversión tan arriesgada (recordemos que Grecia como emisor está considerado “bono basura”) a todo el planeta, intentando convencer a Japón y China entre otros para que participen. Es decir, sea esta la solución o no, el caso es que pretendemos salir de los problemas haciendo exactamente lo mismo que nos ha llevado a esta crisis. Y es hasta lógico que ocurra puesto que los que mandan hoy por hoy son prácticamente los mismos que nos metieron en este lío y están inspirados por la misma filosofía del endeudamiento masivo, del descuadre temporal entre activos y pasivos y de extender las pérdidas de unos malos gestores concretos a toda la población.

Y volviendo al cortoplacismo, los mercados financieros están encantados con esto. El rescate a Grecia que hace un año no era necesario, que el 10 de mayo de 2010 era la solución a todos los problemas (acordaos que ese día fue la mayor subida del Ibex en su historia) y que ahora se ha extendido a Irlanda y se alarga más en el tiempo, es claramente una pésima noticia económica pero -como hemos visto otras veces que compañías cotizadas han reestructurado y alargado el plazo de sus deudas- agrada a las bolsas. No se debería olvidar que un estado no es una empresa y que los ciudadanos son mucho más que accionistas, tanto si suben como si bajan los CDS y tanto si se amplía como si se reduce el diferencial contra el bund alemán.