Warren es, sin duda, el inversor estrella de todos los tiempos en el ambiente bursátil. En este post, utilizaré mi propia experiencia en el mercado para analizar y decodificar sus más célebres dichos, buscando que el lector pueda entender y ampliar los conocimientos de uno de los hombres más sabios del mundo en temas financieros y trasladar estos secretos a sus propias inversiones.

A continuación, 8 Consejos de uno de los hombres más ricos del mundo (y el único del Top 10 que hizo toda su fortuna en la Bolsa) analizados al detalle.

No intente predecir la dirección del mercado de valores, la economía, los tipos de interés o las elecciones.

Los analistas más prestigiosos siempre terminan en algún momento quedando en ridículo al errar sus pronósticos sobre los escenarios futuros para la bolsa, la economía, las tasas o las elecciones. Si eso le ocurre a personas estudiosas, generalmente docentes de las más prestigiosas universidades americanas y europeas… ¿Qué le queda para el inversor minoritario?

La solución a esto es invertir en negocios particulares, hacer micro y no macroeconomía. Detectar una empresa con un modelo de negocios simple, probado, con un management inteligente y orientado a los accionistas, con cierta historia y valores, e invertir en ella sin tratar de predecir la variación de corto plazo de las variables enunciadas anteriormente.

Si no puede ver caer un 50% su inversión sin pánico, no invierta en el mercado de valores.

Este consejo debería ser una máxima que tiene que saber cualquier persona que está analizando invertir en bolsa por primera vez. El universo de las finanzas puede ser dividido en inversiones de renta fija e inversiones de renta variable. Para un perfil de inversor conservador, aquellos que no soportan ver variaciones en su capital porque enseguida les agarra el pánico a perder todo, la renta fija (por ejemplo los bonos) parece ser lo más apropiado, porque el desvío standard (esto es, el desvío que puede llegar a tener el rendimiento real del rendimiento esperado) es generalmente bajo.

Pero para aquellos inversores más arriesgados la renta variable es “el” lugar para estar, dado que las acciones presentan un retorno esperado que es mayor a la de cualquier otro tipo de inversión, aunque el desvío standard también aumenta.

El horizonte temporal de la inversión también es un factor a tener en cuenta para entender esto. Si la inversión es de largo plazo, entonces las variaciones de corto plazo no deberían ser motivo de preocupación.

En este sentido, Buffet exclama que si fuese por él, las bolsas podrían cerrar por tres años una vez que realiza una inversión, dada la poca relevancia que le da en lo inmediato a la variación de precios de las acciones compradas.

Existe un viejo refrán que resume un tanto estas ideas, que dice que “para ganar dinero en la bolsa hay que tener las tres P: Plata (dinero), Pelotas y Paciencia.

Nunca invierta en un negocio que no pueda entender, como tecnologías complicadas.

Este consejo puede también ser analizado desde un punto de vista emocional. Al comprar el inversor acciones de una empresa de la cuál posee información pobre o incompleta, es probable que ante un escenario de bajas repentinas la posibilidad de asustarse y sentir un fuerte deseo de vender la posición con pérdidas aumente significativamente.

El miedo a perder todo su capital, la sensación de haberse equivocado con la compra y un fuerte impulso a desprenderse a cualquier precio de la posición se vuelven predominantes, pareciera ser que las opciones son vender ahora y asumir pérdidas o quedarse y perder todo, no existe otra cosa.

En cambio, cuando se invierte en acciones sobre las cuales previamente se ha realizado un estudio responsable, en cuanto al negocio que la misma realiza, su historia, su respuesta en otros momentos de crisis, su Management, etc… la cosmovisión del tema cambia radicalmente.

En este último caso, ante fuertes caídas posteriores a la compra, se trata de un tema temporal. El inversor está convencido que en algún momento volverá a ver a la empresa cotizando en valores iguales o superiores al precio de compra, no sabe bien cuando, podrían ser meses o años, pero confía en que la crisis pasará y la empresa seguirá estando y las cosas volverán a su sitio.

Esta seguridad lo lleva a “quedarse quieto” y no malvender su posición, a pesar de las caídas y los escenarios catastróficos que emiten los medios y los analistas.

Visto así, me parece oportuno relacionar este consejo con la ansiedad del inversor. El inversor ansioso, primero compra y después averigua, porque no quiere que se “vaya el tren”, “hay que subirse ahora o nunca”. Al inversor paciente no le preocupa que el precio de las acciones emitidas por la empresa que se encuentra analizando esté subiendo fuerte de precio en esos momentos, porque sabe que es preferible dejar pasar una oportunidad que entrar apurado en un papel del cuál no conoce demasiado.

Para terminar, la única crítica que se le puede hacer a este consejo es sobre el final, cuando pone como ejemplo “tecnológicas complicadas”. Yo diría que cualquier negocio demasiado difícil de explicar, sea tecnológico, financiero, de retail o de cualquier otra industria, son los más peligrosos para invertir.

Compre compañías con buen historial de beneficios y posición dominante de mercado.

La tentación de elegir la próxima Google es muchas veces la causante de pérdidas millonarias para los inversores. Comprar acciones de una start-up empresa que no conoce nadie y que luego “explota” es sin dudas el sueño de muchas, habida cuenta de la firma posibilidad que otorga esta situación de multiplicar varias veces el capital invertido. Pero más allá de la ganancia económica, existe también un tema emocional de ser “el descubridor”, uno de los primeros en llegar, una especia de ansias de colonización.

Seguramente que comprar acciones de empresas grandes y que ya tienen una posición de dominio en el mercado suena como algo aburrido, hasta obvio. Sin embargo, como bien dijo Warren alguna vez, generalmente los buenos negocios son aburridos.

Mantenga el perfil bajo.

A pesar de estar entre los 3 hombres más ricos del mundo, Buffet suele rechazar la ostentación y los lujos. Las siguientes son características de su comportamiento que ratifican esta máxima.

Como se ve, la mayor virtud de este gurú de las finanzas es su brutal coherencia, realmente lo que se llama “educar con el ejemplo”.

Gran parte del éxito puede atribuirse a la inactividad. La mayoría de los inversores no resiste la tentación de comprar y vender constantemente, pero la piedra angular debe ser el letargo, bordeando la pereza.

Manejar una cartera de inversión no es un trabajo en el sentido común del término. Para un artesano, el éxito en su trabajo estará relacionado con la cantidad de artesanías que produzca, para un vendedor de seguros su éxito laboral estará relacionado con la cantidad de clientes a los cuales visite. A la hora de tomar riesgos en el mercado financiero, esta relación no solo no se cumple sino que es inversa: luego de realizada la inversión, si la apreciación fue correcta, no se necesita trabajar más, mientras mejor se desempeñe la cartera menos trabajo hay que llevar a cabo.

Este pienso que es un punto de importancia y que puede ser de gran utilidad para los inversores: es un llamado a no operar de más, a dejar correr las ganancias y a no pensar que nuestro éxito en el campo de las inversiones estará relacionado con la cantidad de operaciones que realicemos.

El trabajo duro para un inversor de largo plazo es el research, pero una vez realizada la inversión, lo único que hay que hacer es estar atento a los puntos de inflexión, que no son demasiado frecuentes.

“Las oscilaciones salvajes de precios están más relacionadas al comportamiento de los inversores que a los resultados empresarios”.

De hecho, el sentimiento que un inversor cualquiera tenga hacia el mercado dependerá en gran medida de su reciente experiencia en el mismo. Si un inversor no participó de las ganancias recientes que otros inversores si disfrutaron, se puede experimentar una suerte de depresión y nostalgia. Estos sentimientos son considerados altamente motivantes por los psicólogos.

Cuando un individuo conoce a otra persona que ganó mas en el mercado de capitales que lo que él mismo ganó trabajando arduamente, es muy probable que experimente una sensación dolorosa, que incluso tiende a disminuir el ego personal.

Es entonces que esa persona puede pensar que si pudiese participar en solamente un año de alza en el mercado, esa sensación dolorosa podría desaparecer.

Quizás, el individuo podría incluso llegar a pensar que las potenciales pérdidas podrían no ser tan importantes como soportar nuevamente estar afuera de un mercado alcista y ver como sus amigos embolsan suculentas ganancias producto de sus inteligentes inversiones, con lo cual, la única decisión segura parecería ser estar  “dentro” del mercado.

Cuando esto ocurre la bolsa puede subir exponencialmente sin que los resultados de las empresas en su conjunto justifique esto, o, por el contrario, caer estrepitosamente sin que exista una justificación tampoco.

Por ello cuando vemos movimientos muy violentos (como por ejemplo, la caída de 38% en durante el mes de octubre de 2008) debemos pensar que esto se debe más bien a motivaciones psicológicas de corto plazo por parte de los inversores y no a resultados financieros de las empresas, que, al fin y al cabo, es lo que realmente interesa.

“Sea temeroso cuando otros son codiciosos y viceversa”.

Este es uno de los consejos más famosos de Buffet. Es lo que yo llamo ir en contra del “efecto mandada”. Si un inversor quiere ganar dinero en la bolsa, debe necesariamente comprar barato y vender caro.

Aquí sucede un hecho por demás curioso. Muy pocos discuten que para comprar barato hay que hacerlo cuando la bolsa esté bajando, aunque también son pocos los que se animan a hacerlo cuando esto sucede.

Pero mi experiencia personal y de asesoramiento a inversores individuales me llevó a darme cuenta que cuesta mucho más vender caro que comprar barato. En que momento vender las acciones previamente compradas es uno de los temas más importantes de este arte que es la inversión en bolsa.

Cuando el mercado está subiendo, es común que el inversor que entró para “ganar un 10% y salir” decida ahora no vender a pesar de estar superando ese objetivo y decida quedarse un tiempo más con su tenencia porque “está todo muy firme, no voy salir a vender ahora porque esto seguirá subiendo”.

Pero cuando todo el mercado se pone codicioso (por ejemplo, durante la formación de las burbujas financieras, algo cada vez más común últimamente) es cuando las cosas se ponen realmente feas y eso debería llevar muchas veces a vender aunque exista el “riesgo” de que el mercado siga subiendo fuerte a posteriori.

Resumiendo: es necesario tener un espíritu criticador y cuestionador en el mercado, desafiando constantemente la opinión de las mayorías. Y, fundamentalmente, cumplir con los niveles de entrada y salida analizados previamente, aunque ello signifique salir a comprar en los días en los cuales todas las cotizaciones están en rojo y parecería que se viene el fin del mundo y vender cuando los analistas opinan que las subas “recién comienzan”.