El Imperio Inca, adelantándose a Marx, consideraba el trabajo –y no el oro y la plata, que eran algo decorativo- como la unidad económica básica. Desconocían el dinero. Pizarro en el siglo XVI acabó con esa civilización precisamente buscando esos metales preciosos que los indígenas no valoraban pero que provocaron la muerte de muchos de ellos, que perdieron la salud extrayéndolos para los invasores. España recibió toneladas de plata peruana creyendo que eso la haría más poderosa y rica pero se topó con lo contrario. Al existir tanto metal se creó una falsa sensación de riqueza que por un lado sirvió a los gobernantes para costear guerras y por otro llevó a un desorbitado aumento de los precios generando una inflación desbocada que empobreció al pueblo. Han pasado 5 siglos y el país más poderoso de la Tierra, como lo era España entonces, ha caído en la misma tentación: en lugar de plata son anotaciones en cuenta pero siguen destinadas a fines que poco tienen que ver con la mejora económica general.

Y es que a pesar de la defensa del plan de Bernanke (conocido como Quantitative Easing 2) que hacen personajes como Krugman a pocos se les escapa que los efectos de esta nueva milmillonaria compra de activos tiene los mismos propósitos y tendrá las mismas consecuencias que la primera: impulsar los precios. El problema es que los precios que suben son los de los bonos americanos (bajando con ello los intereses a pagar por el estado), las acciones, las materias primas…y si pretenden que la inflación general suba sólo con eso, aunque lo consigan seremos más pobres (porque podremos comprar menos con lo mismo) y seguiremos en crisis. Y es que ya lo hemos comentado aquí más de una vez: da igual que haya más dinero en el sistema si no es accesible porque entonces se paraliza. Y el resultado es que la economía real sigue sin moverse: no repunta ni el consumo ni la inversión, por un lado por falta de motivación ante la crisis pero por otro porque quien quiere una vivienda o montar una pyme tampoco obtiene la suficiente liquidez a precios razonables. Y es más, llega un momento que impulsar artificialmente los mercados especulativos como está haciendo la FED es contraproducente porque desanima a los bancos a volver a la “banca aburrida”  (la de tomar y prestar) que es la que más puede ayudar a la economía e incentiva a las grandes compañías a recomprar acciones propias y/o aumentar su liquidez en lugar de arriesgarse a invertir en crecimiento orgánico.

Pensar que los bajos tipos de interés van a provocar que los que tienen dinero lo gasten, bien en consumo o bien en inversión, ha servido en otras crisis pero en ésta a lo que está ayudando es a que suban acciones, oro, crudo, azúcar…no es de extrañar que los beneficios de las más grandes empresas se asemejen a los de una época de expansión mientras las tasas de paro siguen siendo intolerablemente altas y las pymes siguen reduciendo actividad. El mejor ejemplo en los EUA lo tienen sus bancos: los más grandes, los que tienen una estructura de ingresos basados en la especulación en los mercados financieros, presentan buenos resultados mientras que los pequeños, los centenares que están más centrados en el negocio hipotecario y de créditos al consumo, tienen tantos problemas para sobrevivir que en lo que llevamos de 2010 ya han cerrado más (146) que en todo 2009 (140) Los dirigentes económicos mundiales presumen de haber evitado una nueva Gran Depresión, y este hábil gráfico que marca en 100 el PIB anterior a cada crisis parece darles la razón: los EUA están apenas a un 0.8% de regresar a la misma cifra macro de 2007:


Para conseguirlo han aumentando tanto la deuda que han hipotecados ingresos de generaciones futuras pero aún dándolo como un éxito miremos el mismo gráfico pero aplicado al empleo

Sí, la teoría dice que el empleo es lo último que se recupera tras una recesión pero es que decir que la crisis terminó parece un mal chiste incluso en los EUA (no digamos en España). La “nueva ronda de estímulos” de la FED ha sido justificada por ellos mismos debido al mal estado de la economía: si los dirigentes del país más poderoso del mundo reconocen la crítica situación, si toman medidas a la desesperada, ¿Cómo pretenden animar a los ciudadanos a consumir, a los bancos a prestar dinero, a las empresas a invertir si nos están advirtiendo con sus políticas del riesgo que supone hacerlo? ¿O es que acaso la “guerra de divisas” no es otra prueba de su desesperación? Como dice el analista Cárpatos “La situación económica es tan desastrosa que la supervivencia de los países está en vender más en el exterior porque en el interior no hay economía que sostenga nada y casi no hay capacidad de inversión y creación porque hay que pagar intereses altos por el endeudamiento adquirido en los rescates financieros y los apoyos sociales a las víctimas de la crisis y desempleados.”

El problema de la guerra de divisas es que enmascara un conflicto comercial de difícil solución: todos quieren vender a los demás pero si no se anima el consumo de todos, de poco servirá. Además, los problemas de solvencia de algunos países de la €zona frenarán el fortalecimiento del €, China sigue sin ceder y su gobierno controla el tipo de cambio, el resto de “emergentes” seguirán produciendo mucho más barato que los EUA aunque su moneda se encarezca ya que sus costes laborales son notablemente inferiores…es decir, que sólo quedan los japoneses, pero es absurdo pretender que aumenten el consumo de productos norteamericanos si han rebajado su poder adquisitivo por culpa de exportar menos. Creo que es algo que han comprendido los participantes en el G-20: pretender enriquecerse a costa de empobrecer al vecino es negativo para todos porque o estamos todos bien o nadie podrá consumir lo del otro. Por eso la actitud unilateral de Bernanke, por mucho que lo niegue, de generar inflación y debilitar su moneda es doblemente arriesgada: no sólo puede desanimar al consumidor americano que ve como todo lo procedente del exterior se encarece (especialmente el crudo), también podría frenar el ya de por sí débil crecimiento mundial. Ojalá me equivoque.