Este año, los amantes del cine y las finanzas estamos de para bienes: casi simultáneamente, se han estrenado dos películas imperdibles como son “La red social”  (la película sobre Mark Zuckerberg, el creador de Facebook) y “Wall Street: El dinero nunca duerme” (secuela del mítico film Wall Street).

A continuación les ofrezco mi comentario personal de cada una de ellas pero desde  un punto de vista más bien “bursátil”, para terminar esta nota analizando el común denominador que une ambos filmes: la codicia.

La Red Social

Fui a ver Red Social (The Social Network), la película sobre Mark Zuckerberg, el creador de Facebook, sin demasiadas expectativas. Este tipo de films, sobre hechos reales, no suelen ser los mejores sino más bien extremadamente comerciales, y al no ser una película que trate sobre temas de finanzas como Wall Steet 2, pensaba que se me iban a hacer un poco largas las dos horas que duraba. Es muy lindo equivocarse a veces, sobre todo con estas cosas. Cuando terminó la película salí de la sala más que contento

Algunas observaciones personales desde el punto de vista “financiero” de partes o temas interesantes:

Wall Street 2: El dinero nunca duerme.

Después de esperar ese momento con ansias desde hace más de dos años (cuando se anuncio que se estaba filmando), me senté en la butaca H-13 de la sala 10 del Showcase del Shopping Abasto de Buenos Aires, Argentina,  con una sonrisa de oreja a oreja sabiendo de antemano que iba a ver una película apasionante.

Si alguna vez invertiste en bolsa, si no lo hiciste pero tenes cierto interés por el mundo de las finanzas, si te interesa tener más información de la crisis de las subprime que tuvo al borde del abismo a la economía global hace 2 años o simplemente si viste Wall Street 1 y te gusto, no podes dejar de ver Wall Street 2: El dinero nunca duerme.

Y yo tanpoco me dormí a pesar de haber ido a la trasnoche y de las 2 horas 30 minutos que dura este filme de Oliver Stone, que pese a no ser mi director favorito hay que reconocer que se tomó su trabajo con esta historia.

Dejando de lado las características predecibles a las cuales los thrillers americanos nos tienen acostumbrados (y un final…un tanto sacado de Disney Channel) estas solas escenas más que compensan la espera:

Para ponerlo en términos financieros: ver WS 2 es una inversión de tiempo y dinero que genera una rentabilidad atractiva gracias a unos pocos pero interesantes activos ocultos de gran valor agregado.

La codicia como denominador común.

Para terminar este post con algunas reflexiones sobre la codicia, debemos primero terminar la “trilogía” y dedicarle algunas palabra al disparador de todo esto: Wall Street 1, aquella película estrenada en el año 1987 en donde Bud Fox (Charlie Sheen) es un joven agente de bolsa que intenta abrirse camino en el ambiente bursátil,  trabajando durante el día y, en sus ratos libres, intentado conocer a uno de los grandes magnates de las inversiones, Gordon Gekko (Michael Douglas, quién ganó un premio Oscar por esta actuación), quien finalmente lo contrata como agente.

Una de las escenas más interesantes se da cuando Gordon Gekko, reunido en una asamblea de accionistas a los cuales quiere convencer de que lo dejen entrar como director de la misma, realiza un discurso que plasma la cosmovisión reinante para ese entonces en lo referente a la bolsa y las finanzas en general, al dinero y a la ética (o falta de) reinante en ese momento:

El punto es, señoras y señores, que la codicia, por falta de una palabra mejor, es buena (“greed is good”). La codicia funciona, la codicia clarifica, penetra y captura la esencia del espíritu evolutivo

Este speech de alguna manera ilustraba lo que la bolsa pasa a representar para las distintas generaciones de nuevos traders y portfolio managers que viven una de las épocas de mayores alzas en la historia económica moderna, que se da desde aquellos años a finales de los ’80 hasta que explota la burbuja de las subprime, hace apenas 2 años, en 2008.

La codicia como disparador tiene sus orígenes en las ideas de Adam Smith, quien en el año 1759 en su libro “Teoría de los Sentimientos Morales” utiliza por primera vez el término Mano Invisible. En estos escritos, la conjunción del interés personal de cada individuo, expresada a través de la competencia, la oferta y demanda, funciona como mecanismo capaz de, por sí mismo, asignar con eficiencia y equidad tanto los recursos como el producto de la actividad económica. De tal manera, la mano invisible hace que, en su afán “egoísta” de ganar dinero, un individuo termine ayudando al resto al crear puestos de trabajos, demandar insumos, etc… sin ser este su objetivo conciente.

Este es uno de los pilares del capitalismo y el libre mercado, y funcionó medianamente bien para los americanos hasta la crisis del 2008.

Con la caída de las Torres Gemelas en septiembre del 2001 primero, y la crisis de hipotecas que “se llevo puesto” a brokers insignia como Lehman Brothers, el glamour que envolvía hasta ese entonces a la bolsa (esto es, la idea de que cualquier persona que trabajase en Wall Street podía hacerse millonario de un día para otro) comienza a ceder de a poco hasta convertir a los “bolseros” en verdaderos enemigos de la sociedad.

De alguna manera, el glamour se traslada nuevamente (al igual que lo acontecido previamente a la explosión de la burbuja del NASDAQ en 2001) hacia el sector “.com”, y todos buscan ser el nuevo Mark Zuckerberg y otros nuevos millonarios de Silicon Valley (lugar donde se concentran los headquarters de las empresas más importantes de Internet).

Mi opinión personal es que la codicia no es buena. La codicia ciega, lleva a tomar riesgos innecesarios, no se piensa en absoluto en el prójimo y termina en crisis y burbujas cada vez más periódicas y peligrosas.

Pero esto no tiene nada que ver con invertir en bolsa. Invertir en bolsa seriamente es apostar al crecimiento económico, colaborar para que las empresas consigan financiamiento a tasas bajas y puedan afrontar con mayor margen sus actividades productivas, volcar los ahorros propios en la creación de nuevos trabajos y proyectos de inversión y ayudar al país en su conjunto.

Dejar la codicia de lado e invertir seriamente, pensando no solamente en los intereses personales sino también en los de la sociedad en la cuál nos toca vivir en su conjunto, parece ser la manera más inteligente de moverse en el turbulento capitalismo actual.