Hace casi 20 meses que contaba que estábamos en desinflación, corrigiendo una situación anterior de precios altos excesiva, pero que se hacía difícil saber lo que podía pasar. Parece que tras tanto tiempo seguimos en la misma situación, ni se ha disparado la inflación (a pesar de toda la liquidez inyectada el bajo consumo impide fuertes subidas de precios) ni hemos llegado a la deflación, simplemente nos mantenemos en unos históricamente bajos niveles de inflación. Pero el gran riesgo sigue siendo que son posibles a corto plazo tanto una deflación que hundiría aun más la economía y podría hacer impagables las deudas como una inflación que se coma los ahorros de los que han escapado de la burbuja crediticia y que encarecerá mucho los futuros préstamos. Y tampoco está descartada la estanflación, donde se mezcla el estancamiento (falta de crecimiento económico) con la inflación (subida de precios), algo que por ejemplo está ocurriendo puntualmente en Grecia (con un IPC interanual superior al 5% y un PIB cercano al -4%). Hoy nos centraremos en la deflación.

Se considera como deflación “buena” la que se origina por un descenso de los precios -como el de productos electrónicos- por la innovación tecnológica y los avances en la productividad. La mala se da cuando la disminución de los precios viene dada por mayor desempleo y la caída de la riqueza (deterioro salarial, valor más bajo de la propiedades, aumento de las deudas…), al estilo japonés de los 90 y de la actualidad (lleva 17 meses seguidos de ipc a la baja). En su variante más extrema, el valor de los bienes cae en picado hasta ser menor que su costo en un intento desesperado por generar ventas, lo que recuerda las escenas de la Gran Depresión en las que se veía tirar la leche para mantener los precios a la par que millones de personas pasaban hambre. Si esto se hiciera realidad muchas de las actuales deudas serán impagables, y varios países no podrían hacer frente a sus pagos. Es con diferencia el peor escenario posible. Este gráfico que compara el total de la deuda (privada+pública) con el porcentaje respecto al PIB en los EUA lo explica muy bien: De 1929 a 1933, todo el mundo estaba tratando de pagar la deuda y el ratio deuda / PIB se disparó por la bajada del PIB y la deflación. Durante e inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, hubo endeudamiento masivo, pero el PIB –y la inflación- crecieron tan rápidamente que la carga de la deuda terminó reduciéndose:


Para evitar esa mezcla de recesión+deflación que hace imposible pagar las deudas, y que incluso algunos creen está relacionado con el envejecimiento de la poblaciónBernanke, gran teórico de la Gran Depresión, inundó de liquidez a la banca. El problema es que, tras años de explosión crediticia, los bancos cada vez prestan menos dinero a pesar de toda la liquidez que se les facilita, esto limita el poder de la FED –y del BCE- para frenar la deflación:

Aunque en mi opinión creo hay un consenso político y económico para evitarla y son tantas sus armas para combatirla que dudo mucho sea algo que se instale a nivel mundial, la deflación sí es posible que ocurra en un país que suspenda pagos o renegocie su deuda pública o si hubiera una nueva oleada de quiebras en el sector financiero que aumentara de forma notable el miedo y la desconfianza. En España, ¿Es factible un escenario en que las familias, los bancos, las administraciones públicas sobreendeudadas se vean obligadas a vender activos, lo que haría bajar su valor y crear una espiral de precios cada vez menores que a su vez aumentaran aún más el peso de la deuda lo que llevaría a más situaciones de insolvencia, provocando más ventas de activos, en un proceso que se retroalimentaría dirigiendo la economía hacia la depresión?. Lamentablemente sí, aunque esperemos sólo como posibilidad. Tomando como ejemplo el sector inmobiliario, imaginemos que hipotecados que no pueden pagar su cuota por quedarse en el paro, bancos que necesitan liquidez y ayuntamientos que se quedan sin fondos, ponen todos a la vez viviendas, promociones y suelo público a la venta. No es muy diferente a la deflación bursátil que vimos en 2008, una inmensa mayoría de activos puestos a la venta a la vez que provocan desplomes en los precios. No es un miedo único de nuestro país, como ya comenté, el mercado de bonos está descontando que tanto en Alemania como en los EUA como en Japón, la deflación se hará presente en el futuro.

A nivel inversor, en un contexto de alta inflación todo sube de precio, y eso incluye los activos. Por ejemplo, Un Ibex a 10 mil sin inflación anual es un ibex plano -si no hay movimientos- a los 12 meses pero con una inflación del 10% debería ser un Ibex a 11000. Por eso una alta inflación invalidaría los desplomes de precios que muchos esperan en el mercado inmobiliario, y se podría cumplir el escenario que adelantó hace unos meses en esta web J.L. Cárpatos y que ya sucedió en otros países: precios estables que por efecto de la inflación cada año eran más baratos sin necesidad de variar las ofertas. Sin embargo, si se instalara la deflación habría que vender todos los activos y sí sería posible –como pasó en Japón- que determinadas inversiones inmobiliarias perdieran la mitad de su valor o más. Estudiar estas opciones está en mente de muchos analistas y no hace mucho JP Morgan lanzó una nota recomendando donde invertir y desinvertir en un contexto de deflación. Me da la impresión que nunca JP Morgan recomendará a sus clientes que no inviertan en algún producto y por muy bien razonados que estén sus puntos, mi sincera opinión es que si alguien espera deflación lo que debe hacer es no invertir. Liquidez total a la espera de un cambio. En España además no podemos quejarnos con las rentabilidades que nos ofrecen las entidades financieras, muy superiores al IPC y que ofrecen más dinero en el corto plazo que los bonos –tan recomendados- americanos o alemanes a 10 y 30 años.