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# 9lowfour

13 de septiembre de 2010, a las 7:46

Mi amigo el sueco

Os voy a hablar de Per (nombre inventado) uno de mis mejores amigos, sueco, que es millonario. No es millonario al nivel de Forbes, ni mucho menos, pero tiene varios millones de euros en el banco y varias empresas que van viento en popa. Su historia, por cercana y por haberla vivido durante muchos años, ejemplifica para mi las distancias insalvables entre dos sociedades. Una dinámica y llena de vida (Suecia) y otra que se arrastra sin saber muy bien ni por donde tirar (España).

A Per, que acaba de cumplir los 37, lo conocí hace más de diez años, cuando una de sus primeras empresas me contrató. Esta empresa vendía descargas musicales por internet, antes incluso del nacimiento de itunes. En aquella época, de hecho, no había casi reproductores de MP3, el más típico era el RIO con 32MB de memoria, que daba para unas diez canciones. Pero Per y sus socios llevaban desde 1999 con ese proyecto y esa visión. Vamos a vender mp3 legales en formato de descargas. Acertaron hasta en el precio (1€ por canción). Lo curioso es que Per era un chavalín de escasos 26 años con pinta de rockero, con el que congenié desde el primer día.

Poco a poco fui conociendo su historia. Informático, había comenzado haciendo páginas web a mediados de los 90. De ahí pasaron a montar tiendas online para vender discos. Y la consecuencia lógica fue montar el tema de las descargas digitales.

Cuando yo entré (ingenuo de mí) la empresa ya estaba en cuesta abajo. Se había fundido 20 millones de euros, siguiendo la máxima del “First Mover” que tanto se daba en aquella época gloriosa de la burbuja puntocom. La página había costado 6 millones de euros. Sí, casi como la de la presidencia Española, pero es que en aquella época no había tanta gente capaz de hacer esas cosas y las consultoras se aprovecharon bien. Habían llegado a tener 200€ empleados, un desfase a todas luces. Pero lo cierto es que a tres chavales con una idea y una visión (acertada!) los inversores capitalistas les habían dado 20 millones de euros para poner en marcha su empresa.

Desgraciadamente para la empresa y mi amigo, ni el mercado estaba listo ni las discográficas tampoco, ya que intentaron por todos los medios escaquearles el catálogo por miedo… algo de lo que a buen seguro se han arrepentido en vista de la piratería.

La quiebra fue estrepitosa. Todos a la calle con cara de pasmados. Y lo peor fue que nominalmente los socios fundadores tenían un montón de acciones (que obviamente no valían nada) y el Estado Sueco les crujió con impuestos a base de bien. Se quedaron arruinados completamente, debiendo vender sus casas y vivir de sus novias uno, o volver a casa de los padres otros. Un fracaso en toda la regla, sobre todo en Suecia donde la gente se emancipa a los 18.

Pero ahí es donde comprendí que estaba viendo una sociedad distinta. Al mes de cerrar, Per y sus socios ya habían cogido una pequeña oficina compartida y estaban montando una nueva empresa. No tenían ni para comer, pero tenían una visión y el convencimiento de que estaban viviendo una oportunidad única.

Estaban montando una casa de apuestas online. Yo no comprendía nada. De hecho me ofrecieron ser socio más tarde, algo que rechacé. El error más gordo de mi puta vida. En su lugar, y como buen infantil, me volví a España para vivir la vida loca bebiendo mojitos y ligar como un mono. Fue divertido, pero ahora comprendo que fui un cretino. Pero es que el ambiente aquí es así. O por lo menos el ambiente que yo he conocido toda mi via. Todo es un juego. Nadie ve más allá del viernes. Nadie hace planes a medio y largo plazo.

Poco a poco, su empresita de apuestas comenzó a rodar. Primero contrataron a unos programadores, luego empezaron a meter dinero en marketing. Y entonces se dieron cuenta de que lo que daba pasta era el casino. Y la empresa creció y creció, y se hizo multinacional, y abrió oficinas en toda Europa. Y todo ello con el apoyo de inversores que volvían a creer en ellos a pesar del sonado ostión de la tienda de música.

Al principio les compraron una participación. Y por último, hace unos años, la mayor empresa de juegos de Suecia les compró las acciones que restaban. Aproximadamente a diez millones de euros por barba. Una mierda realmente comparado con lo que factura la empresa actualmente, unos 140 millones de euros anuales. Tan rentable era el negocio que la empresa compradora cambió su nombre al de la empresa comprada.

Tras tan intensa aventura, mi amigo Per estaba extenuado y se tomó un año sabático. Pero enseguida volvió a la carga, fundando un nuevo casino, y otras dos empresas. El nuevo casino va viento en popa y se ha convertido en una de las principales marcas de Suecia. Como decía trabaja tres días por semana y está feliz. Ya millonario, seguía conduciendo un Golf de 1994 todo oxidado que le había comprado a una abuelita. Estuvo sin coche varios años y ahora se acaba de comprar un Audi A3… de segunda mano. Sigue saliendo de marcha con sus empleados, con los que se lleva de maravilla y lleva una vida de lo más sencilla. Nadie, nadie que le conoce se puede imaginar que es un millonario fundador de dos de las empresas más famosas de Suecia.

En el fondo lo que quería ilustrar con esta historia era las diferencias insalvables de España y Suecia, y del porqué de mi profundo pesimismo sobre este país maravilloso y odioso a la vez.

1) En Suecia existe capital dispuesto a invertir en ideas novedosas con gente novedosa. 20 millones de euros. Para vender música. MP3. Con 26 años.

2) En Suecia hay emprendedores jóvenes. Gente como Per, o su socio al que llamaré Jan, que tenía 18 cuando montó su primera empresa y 24 cuando hizo la tienda de música.
Los jóvenes se toman más en serio la vida y tienen ganas de hacer cosas. Aquí, y me incluyo totalmente, la adolescencia dura hasta los 34 años. Yo monté mi primera empresa a los 30 y me sentía joven! Ahora veo el tiempo y oportunidades que he perdido. Ser empresario se aprende con tiempo, como el vino.

3) Es imposible ser emprendedor si se está hipotecado. A menos hipotecas, más libertad para hacer locuras.

4) Los errores son errores. Pero no te crucifican. Perdieron 20 millones de euros, si. Se los gastaron en montar una fiesta de la ostia en un club pijo, hicieron anuncios que nunca salieron por la tele, contrataron a mogollón de gente inutil. Regalaban portátiles IBM de 800.000 pelas al primero que entraba por la empresa. PERO APRENDIERON. Y eso es lo que vale. No tuvieron problemas para volver a financiarse. Volvieron a creer en ellos sin dudarlo.

5) En ningún momento se han endiosado con sus empleados. No les tratan como la mierda. Al contrario. Saben que son su activo más importante, sus socios, el alma de la empresa.

6) Ninguna telefónica o gran empresa fue a joderles, a copiarles, a pisotearles o ponerles zancadillas. ¿Cómo sería en España?

7) Ellos no son ni mucho menos únicos. El ambiente en Estocolmo es de ebullición. Gente como el fundador de Spotify (27 años, empresario desde los 16), o los de Skype, o Tradedoubler, una enorme empresa de marketing de afiliados… Incluso los fundadores del estudio de videojuegos EA-DICE (Battlefield, Mirror’s Edge) tienen menos de 40 años. Todos ellos son jóvenes, que comprendieron y tuvieron las herramientas para aprovecharse de un momento único. Han sido modelo, y la gente los admira, no los envidia.

8) A pesar de estar megaforrados ninguno de mis amigos se ha comprado un Ferrari, Masseratti o Cayenne.

Espero que esta historia os permita comprender (como si no lo hiciérais ya) el por qué de la diferencia de productividad y tejido industrial de España y Suecia. En España faltan la mayoría de los elementos esenciales para ello.

A pesar de ello, os animo a que emprendáis. A que intentéis luchar contra la mentalidad lameculos, funcionaril y apilatochos de España. Podemos hacer más. Tenemos que hacer más.