Imagínate una recesión en el planeta Vulcano. Debido a la débil demanda, un empleado vulcano eficaz  y trabajador no genera el suficiente negocio para justificar su salario.

El jefe vulcano (Spock) llama a su subordinado para ver que opciones hay. Están de acuerdo en que no sería lógico mantener las condiciones existentes hasta el momento, y el empleado acepta una reducción del 20 por ciento de su salario en adelante. Ambos se alegran de evitar esta práctica humana tan extraña de despedir empleados con una rentabilidad marginal en lugar de ajustar sus salarios.

De vuelta a la Tierra, la realidad es que en momentos de recesión se despide a la gente, y la creencia popular indica que se debe a que los salarios no se ajustan. Algunos economistas hablan del «desempleo voluntario». Este extraño término trae a la mente el escenario del vulcano decidiendo que preferiría pasar el rato en la playa a que le redujeran el salario. Otros economistas hablan de «rigidez salarial». Independientemente de como lo denominemos, la inflexibilidad de los salarios es un enigma, mientras que la perspectiva vulcana parece tener lógica.

Aún así, la historia que cuentan muchos economistas es que los salarios no se ajustan lo suficiente durante los momentos de recesión, y este hecho contribuye a explicar por qué el desempleo aguanta la tensión, descendiendo y aumentando con el ciclo económico.

Sin embargo, incluso si los testarudos humanos no admiten que se renegocien sus salarios, aún debería ser posible un ajuste salarial, porque la gente está encontrando y perdiendo trabajos constantemente. Si las empresas hicieran ofertas generosas durante los momentos de prosperidad y ofertas miserables durante los momentos de recesión, veríamos mayor flexibilidad salarial y menores fluctuaciones en el desempleo en función de los altibajos de la economía. Pero no lo hacemos.

¿O sí lo hacemos? Christopher Pissarides de la London School of Economics señala que los estudios reflejan que los trabajadores que van de un trabajo a otro durante momentos de prosperidad disfrutan de un considerable aumento de su sueldo neto, mientras que trabajadores que cambian de trabajo durante épocas de recesión no. Esto sugiere, según Pissarides, que los salarios (o al menos los salarios ofrecidos a los recién contratados) son más flexibles de lo que muchos teóricos económicos admiten.

No tan rápido, responden los teóricos. En un reciente artículo, Mark Gertler y Antonella Trigari explicaban la razón por la que los estudios que indica Pissarides pueden no significar lo que el cree: «supongamos, por ejemplo, que un maquinista altamente cualificado empieza a trabajar como taxista mal remunerado durante la recesión y que después vuelve a ser contratado como maquinista bien pagado durante una época de prosperidad.» Así, es posible que un individuo padezca salarios cíclicos cambiando de profesiones que por sí mismas tienen salarios rígidos.

No obstante, históricamente los salarios no disminuyen en los períodos de recesión después de todo. Un incremento de la tasa de desempleo en un punto porcentual parece ocultar los verdaderos salarios ofrecidos a nuevos empleados en un 1,8 por ciento. En otras palabras, un aumento del desempleo de entre un 6 y un 9 por ciento reduciría los salarios de las nuevas incorporaciones solo en algo más de un 5 por ciento.

Esto no significa que los salarios sean tan flexibles como deberían. Los vulcanos señalarían a nuestras tasas de desempleo enormemente fluctuantes y sugerirían que los salarios no absorben suficientemente las tensiones de las crisis económicas. Después de todo, una reducción salarial duele. Perder el trabajo duele aún más.

Estos datos nos ofrecen muchas posibilidades para el debate y sobretodo un interesante consejo, cuando pase la crisis, cámbiate de trabajo.