El gobierno de Hungría cree ahora que hablar de bancarrota es una exageración salvaje, afima que su economía está consolidada y  que no hay riesgo de quiebra como aseguraba ayer.

Como de costumbre eso que suena tan poderoso y ambiguo a la vez, los mercados, se vuelven a comportar con el nerviosismo propio de un flan en un terremoto.

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