Es una pena lo de la década 2000-2010 ya que es el típico caso en el que un amargo final hace mala a una buena película. En los libros de historia posiblemente la recordaremos como la década perdida, aquella en la que económicamente no se avanzó nada, pero de perdida nada. El otro día en el suplemento dominical de El País hicieron una recopilación de los grandes descubrimientos científicos de los pasados 10 años. Veamos resumidamente cuales fueron:

¿Y tan mala fue en lo económico?. Eso es lo que muchos pensamos, pero a nivel global la cosa fue muy distinta. Quizás debería ser recordada como la década de la igualdad. La idea puede parecer difícil de aceptar en el primer mundo. Después de todo, ha sido la década del 11 de septiembre, las guerras de Iraq y Afganistán y de la crisis financiera, todos ellos acontecimientos dramáticos y dolorosos. Pero desde el punto de vista económico, al menos, la década ha sido considerablemente positiva para mucha gente en todo el mundo. Veamos que es lo que nos cuenta el New York Times.

Las tremendas tasas de crecimiento de China y la India son bien conocidas, aunque su subida es parte de una tendencia de desarrollo aún mayor de los países más pobres. Es posible que los ideales de prosperidad, libertad y estado de derecho no hayan tenido mayor resonancia mundial que en los últimos 10 años, incluso aunque en la práctica no lleguen a cumplirse del todo. Y respecto a la retórica anticapitalista que ha surgido de la crisis financiera, los líderes nacionales de todo el mundo están adoptando la comercialización de sus economías.

Dejando a un lado a los Estados Unidos, que se encuentran en el tercer puesto, los cuatro países más poblados del mundo son China, la India, Indonesia y Brasil, que cuentan con el 40 por ciento de la población mundial. Y todos ellos han dado grandes pasos. Indonesia tuvo un crecimiento económico sólido durante toda la década, fundamentalmente en una escala anual del 5 al 6 por ciento. Esto ocurrió después de sus muy convulsos años 90, marcados por una crisis financiera desastrosa y una bajísima calidad de vida.

Brasil también ha tenido una buena década, con un crecimiento que en ocasiones superaba el 5 por ciento anual. Se habla mucho de que el país ha cambiado por fin de situación y que dentro de sus fronteras hay una gran preocupación por que su divisa sea demasiado fuerte, un problema que muchos otros países envidiarían.

También en Sudamérica, en Colombia y Perú se ha progresado mucho, y Chile está a punto de convertirse en un país «desarrollado», pronto se unirá a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.

En África aún hay una gran miseria. No obstante, la calidad de vida general mejoró en muchos países y el continente ha tenido un crecimiento económico en su conjunto de más del 5 por ciento en la mayoría de los años. Muchos bienes de primera necesidad como el agua, las condiciones de salubridad, la electricidad y en particular los teléfonos son más fáciles de conseguir.

Una lección que se puede extraer de todo esto, es que el crecimiento económico estable es una nueva historia de la que no se habla, en nuestro propio perjuicio. Como seres humanos, somos propensos a centrarnos en los acontecimientos más dramáticos y visibles, como los enfrentamientos con los enemigos políticos o las cualidades personales de los líderes, ya sean buenas o malas. Convertimos la información sobre la política y la economía en historias de tipos buenos frente a tipos malos e identificamos el progreso con el triunfo de los buenos. En el proceso, es fácil desatender a las fuerzas subyacentes que mejoran la vida en pequeña medida y de forma difícilmente constatable, y que dan lugar al final a grandes cambios.

En un año dado, un punto porcentual extra de crecimiento económico puede no parecer gran cosa. Pero, a lo largo del tiempo, la diferencia entre un crecimiento anual de un 1 y 2 por ciento implica que se pueda duplicar la calidad de vida cada 35 o cada 70 años. A un crecimiento económico del 5 por ciento anual, la calidad de vida se duplica cada 14 años.

Sin embargo, a pesar de la noticia positiva en gran parte del mundo, es cuestionable si la década en su conjunto ha sido buena para los estadounidenses y europeos económicamente hablando. Los salarios medios no han crecido mucho, si lo han hecho algo, y los costes de la crisis financiera y de las políticas fiscales irresponsables han sido cada vez más obvios. Estos hechos fundamentan una interpretación pesimista.

Aún así, la mayoría de los modelos económicos sugiere que la principal fuente de crecimiento son las nuevas ideas que nos permiten producir más a partir de unos recursos determinados. China, por ejemplo, se está encaminando a la frontera de la investigación en áreas como la energía solar, instrumentos científicos, ingeniería y nanociencia, y todo ello puede beneficiar a los Estados Unidos. A diferencia de la situación de hace unas décadas, un genio nacido en Bombay ahora tiene bastantes posibilidades de convertirse en un científico notable, ya sea en su país o en el extranjero.

Para no andarnos con rodeos, si los Estados Unidos o Europa dan un paso atrás y el resto del mundo dos hacia adelante, incluso hablando de forma egoísta, deberíamos aceptar la compensación, aunque sólo sea a largo plazo. La mayoría nos beneficiamos de la riqueza y creatividad de otros países incluso si no podemos ser siempre el mandamás.

Cuando se preguntó a Zhou Enlai, primer ministro chino desde 1949 hasta su muerte en 1976, qué pensaba sobre la Revolución Francesa, respondió «es demasiado pronto para decirlo».

Esa es también una respuesta justa para los últimos 10 años, y lo será durante algún tiempo más. Lo importante es que si miramos un poco por debajo de la superficie, la foto es mucho más positiva de lo que podríamos pensar.

Para finalizar, os dejo una interesante gráfica del Economist en el que vemos como la deuda pública de los ricos es muy superior a la de los países pobres y lo que es más importante, nos enseña el camino más responsable que están siguiendo los pobres en sus respuestas a la crisis financiera