Artículo escrito por Kiko Llaneras, autor de En Silicio, un blog dedicado a analizar la actualidad usando datos y gráficas.

La semana pasada Carlos mencionó el artículo del New York Times sobre el incremento del desempleo juvenil en nuestro país. Pese a que es un fenómeno que experimentan EEUU y otros países europeos, España es el ejemplo extremo: en tres años la tasa de paro joven ha pasado del 17% al 42,9%.

El dato puro y duro parece negativo, pero lo es mucho más cuando se compara con el resto de países. Para comprobarlo, he preparado la siguiente gráfica:

Estos datos dibujan un panorama gris para los jóvenes que decidieron no estudiar, y que ahora se encuentran sin trabajo, con poca formación, e incapaces de ganar experiencia que mejore sus expectativas de empleo. Precisamente el New York Times criticaba que pese a que el gobierno gasta 30.000 millones de euros al año en prestaciones por desempleo, apenas se han tomado medidas por mejorar la empleabilidad del colectivo.

Los datos en contexto histórico

Se puede argumentar que los datos anteriores son menos preocupantes porque España es un país de paro elevado. Pero como se observa en la segunda gráfica, esa perspectiva histórica tampoco ofrece un diagnóstico tranquilizador.

La pregunta clave es cómo, y cuándo, será capaz el mercado laboral de absorber este creciente número de parados. A ese respecto, hay señalar la conexión entre el paro joven y la indemnización por despido. Para las empresas, el coste de un despido es función de la antigüedad del trabajador, lo que sirve para proteger a los trabajadores mayores… en perjuicio de los más jóvenes. Esto suele considerarse un mecanismo de protección social, pero no olvidemos sus contrapartidas en términos de paro joven y productividad (véase I, II o III).

Algunos atenuantes

Hemos visto que los datos de paro joven son malos, pero me gustaría mencionar dos atenuantes que considero importantes.

El editorial del periódico ofrecía otra reflexión interesante, sugiriendo que la economía sumergida, unida al estado del bienestar y a la prestación por desempleo, explican la calma con que nuestro país, y sus jóvenes, soportan una tasa de paro única entre economías similares.

Esa tranquilidad, que juzgo real y evidente, es un síntoma de que estamos capeando el temporal. Pero los motivos para la inquietud persisten: ¿cómo evolucionará la situación cuando más y más gente vaya agotando la prestación por desempleo?