Aprovechando que el calentamiento global ha provocado hoy en la península una nevada como no recuerdo en mi vida, tocaré un tema bastante calentito. Para ello, tiraremos un poco de los libros de historia.

Antes de la existencia del telégrafo el hombre en su necesidad de comunicarse a distancia utilizó diversos métodos, por ejemplo, los franceses  utilizaban el «telégrafo visual», un sistema de semáforos de propiedad gubernamental extendido por todo el país formado por enormes torres de piedra que emitían señales desde cimas de colinas, a través de grandes distancias, con grandes brazos similares a los de los molinos.

Pese a las ventajas del telégrafo frente a los semáforos, no todo el mundo estaba a favor de ese avance, veamos que es lo que nos cuenta Bruce Sterling en su libro «La Caza De Hackers»:

En 1846 un tal Dr. Barbay, un entusiasta de estos semáforos, publicó memorablemente una temprana versión de lo que podría llamarse «el argumento del experto en seguridad» contra los medios abiertos. «No, el telégrafo eléctrico no es una sólida invención. Siempre estará a merced de la más pequeña alteración, y a merced de locos jóvenes, borrachos, vagos… El telégrafo eléctrico se enfrenta a estos elementos destructivos con sólo unos pocos metros de cable en los cuales la supervisión es imposible. Un hombre podría él solo, sin ser visto, cortar los cables telegráficos que van a París, y en veinticuatro horas cortar en diez puntos distintos los cables de la misma línea sin ser arrestado. El telégrafo visual, por el contrario, tiene sus torres, sus altos muros, sus puertas bien guardadas desde el interior por hombres fuertemente armados. Sí, declaro, sustituir el telégrafo visual por el eléctrico es una medida terrible, un acto verdaderamente estúpido.» El Dr. Barbay y sus máquinas de piedra de alta seguridad al final no tuvieron éxito, pero su argumento -que la comunicación ha de ajustarse a la seguridad y la conveniencia del Estado, y debe ser cuidadosamente protegida de los jóvenes alocados y la escoria que podría querer reventar el sistema – sería oído una y otra vez.

Como véis cualquier revolución en la tecnología es siempre mal vista por una parte de la sociedad,  por ejemplo, estoy convencido de que los escribanos pusieron el grito en el cielo  cuando Gutenberg inventó la imprenta, sin embargo ninguno nos imaginamos como sería ahora el mundo sin la evolución del telégrafo o la imprenta.

El caso de Internet no deja de ser una evolución más del telégrafo y la imprenta, con lo cual es normal que surjan las voces críticas de los «escribanos» y «telegrafistas» del siglo XXI.

Recientemente se ha levantado la polémica en España respecto a la ley de economía sostenible, concretamente el punto que comenta la posibilidad de cerrar determinadas webs. Las preguntas que nos surgen son muchas. ¿Hasta que punto creéis que los derechos de autor están por encima de la libre expresión?. En el artículo que he escrito hoy más de un 50% corresponde a una copia de un extracto de un libro ¿Es este artículo un plagio o es una investigación?. Y lo que muchos se preuntan ¿Realmente la población está pidiendo este tipo de legislación? ¿No existen problemas más urgentes que debamos afrontar?.

Me preocupa especialmente, que aquellos que ondean la bandera de la cultura, se resguarden como nadie dentro del paraguas de la industria cogiendo de cada rama lo mejor.

Como bien decía Barbay en 1846 la comunicación ha de ajustarse a la seguridad y la conveniencia del Estado, y debe ser cuidadosamente protegida de los jóvenes alocados y la escoria que podría querer reventar el sistema.

No aprendemos.