Hace unos cuantos años el Wall Street Journal publicó en una de sus páginas un anuncio del banco Bear Stearns (Comprada a precio de saldo hace un año por JP Morgan) con el siguiente slogan

Un banco con la habilidad de ejecutar complejas transacciones, sin fallos.

Lo realmente curioso es que en esa misma página se publicaba una noticia que contaba como el día anterior alguien en Bear Stearns se equivocó al ejecutar una operación de venta por valor de unos 4 millones de dólares, ejecutándola por 4.000 millones de dólares. Afortunadamente descubrieron el error cuando llevaban 622 millones vendidos y detuvieron la transacción cuando «sólo» llevaban 618 millones de dólares.

Esto es como cuando uno envía un SMS o un email y al momento de darle al «enviar» se da cuenta de que ha metido la pata y hace todo lo posible para que no se envíe; apagar el móvil, desconectar la red del ordenador…. cualquier cosa, pero el condenado del mensaje se envía. Claro que en vender 4.000 millones de dólares se tarda algo más y te da algo de margen para arreglar el desperfecto.

En el caso de la banca llevan muchos años dándole al trading, algo que empezó como un negocio más de la banca se ha convertido en el negocio principal de muchos bancos. Han pasado, como comentamos ayer, de querer nuestro dinero para podérselo prestar a otros a directamente pasar de nosotros y dedicarse a invertir en los mercados. Con lo cual, la parte más beneficiosa del sistema bancario, el crédito al consumo y las empresas, desaparece.

Por otro lado, los banqueros no son tontos y se encuentran con que:

Con estas premisas. ¿Qué banco va a querer banquear?. Veamos que nos contaba Paul Krugman al respecto, corto, traduzco y pego un interesante artículo suyo.

Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos.

Bueno, quizás no era literalmente el peor, pero indudablemente malo. Y el contraste entre la inmensa buena fortuna de unos pocos y el continuo sufrimiento de de demasiados es mala señal para el futuro. Hablo, por supuesto, del estado de los bancos.

Los pocos afortunados acapararon la mayoría de los titulares, mientras muchos reaccionaban con ira ante el espectáculo de Goldman Sachs, sus beneficios sin precedentes y el pago de enormes bonos, incluso cuando el resto de América, la víctima del desplome que tuvo lugar en Wall Street, sigue perdiendo trabajos.

Pero no es un simple caso de bancos prósperos versus trabajadores debilitados, los bancos que realmente están dentro del negocio de los préstamos, como oposición a las operaciones bursátiles, siguen teniendo problemas. En particular, Citigroup y Bank of America, que acallaron los comentarios sobre la nacionalización a principios de año afirmando que habían vuelto a tener beneficios, ahora, como ya se imagina, dan pérdidas de nuevo.

Si se pregunta al personal de Goldman, dirá que no es asunto de nadie lo que ganan. Pero como un crítico dijo recientemente «no hay ninguna institución financiera que exista hoy en día que no se beneficie de forma directa o indirecta de billones de dólares del dinero de los contribuyentes para respaldar al sistema financiero.» De hecho, Goldman ha ganado mucho dinero en sus operaciones bursátiles, pero sólo ha podido permanecer en el juego gracias a políticas que han puesto en riesgo enormes cantidades de dinero público, desde el rescate económico de A.I.G. a las garantías extendidas a muchos de los bonos de Goldman.

De modo que, ¿quién era este crítico hiriente de los bancos? No podía ser otro que Lawrence Summers, el economista jefe de la administración Obama, y uno de los arquitectos de la política bancaria de la administración, que hasta ahora no ha tratado con severidad a las instituciones financieras y espera que se recuperen por sí mismas.

¿Por qué el cambio de tono? Los funcionarios de la administración están furiosos con la presión feroz que la industria financiera está ejerciendo contra una reforma seria después de haber recibido un gigantesco apoyo de los contribuyentes. Siguieron una política muy, muy suave, brindando ayudas en vano, cuando Wall Street estaba contra las cuerdas. Esto no les dejó mucho margen de maniobra sobre compañías como Goldman, que ahora, vuelven a ganar mucho dinero.

Pero existe un problema aún mayor. Mientras los que carecen de escrúpulos dentro de la industria financiera, las denominadas operaciones bursátiles, vuelven a ser muy rentables, la parte de la banca que verdaderamente importa, los préstamos, que alimenta la inversión y genera empleo, no lo es. Los bancos clave siguen siendo débiles financieramente, y su debilidad está perjudicando a la economía en su conjunto.

Recordarán que a principios de año hubo un gran debate acerca de cómo lograr que los bancos volvieran a prestar dinero. Algunos analistas, incluido yo mismo, argumentaban que al menos algunos de los bancos importantes necesitaban una gran inyección de capital de los contribuyentes, y que la única manera de conseguirlo era nacionalizando temporalmente a los bancos con mayores problemas. El debate se diluyó, no obstante, después de que Citigroup y Bank of America, los vínculos más débiles del sistema bancario, anunciaran beneficios sorprendentes. Todo iba bien, se nos dijo, ya que los bancos volvían a ser rentables.

Pero ocurrió algo raro al volver a un sistema bancario saludable. Hace pocas semanas tanto Citi como BofA anunciaron pérdidas en el tercer trimestre. ¿Qué ha ocurrido?

Parte de la respuesta es que esos beneficios iniciales fueron, en parte, producto de la imaginación de los contables. De forma más general, estamos asistiendo al retorno a la economía real. En la primera fase de la crisis, el ciudadano de a pie fue castigado por las fechorías de Wall Street. Ahora la gran aflicción económica, en particular el elevado desempleo, está dando lugar a grandes pérdidas en los préstamos hipotecarios y las tarjetas de crédito.

Y he aquí el quid de la cuestión, la continuada debilidad de muchos bancos está contribuyendo a perpetuar esa aflicción económica. Los bancos siguen siendo reacios a conceder préstamos, y el crédito limitado, en especial para los pequeños negocios, está en el camino para la fuerte recuperación que necesitamos.

Y, ¿ahora qué? El Sr. Summers sigue insistiendo en que la administración hizo lo correcto. Mayor disposición de capital, dice, no «habría sido una estrategia útil para resolver problemas.» Como sea. En cualquier caso, desde un punto de vista político, el momento para llevar a cabo actuaciones radicales ya ha pasado.

Lo principal para el futuro es probablemente hacer todo lo posible para contribuir al crecimiento del empleo. Con suerte, esto generará un círculo virtuoso en el que la economía, que mejorará, fortalecerá a los bancos, que entonces estarán más dispuestos a conceder préstamos.

Más allá de eso, necesitamos desesperadamente una reforma financiera efectiva. Porque si no la llevamos a cabo, los banqueros pronto asumirán riesgos mayores de los que asumieron al comenzar esta crisis. Después de todo, la lección de los últimos meses es muy clara. Cuando los banqueros apuestan con el dinero de otras personas, cara, ellos ganan, cruz, el resto perdemos.