Hace 10 años, de lo que se hablaba en vez de EREs, crisis, deflaciones y esas cosas chungas era de la posibilidad de llegar a una reducción de la jornada laboral a 35 horas. Veamos que nos contaba El Mundo por entonces.

¿Es necesaria una ley en España que regule la reducción de la jornada laboral a 35 horas semanales?

Para UGT, sí. Según esta central, está demostrado que la negociación colectiva por sí sola reduce muy poco la jornada laboral. Desde 1982, cuando se establecieron las 40 horas a la semana, tan sólo han disminuido un 2% las horas reales trabajadas en nuestro país.

CCOO también cree que sería una medida positiva su aplicación, pero no supedita el diálogo social a la aprobación de esta normativa. Su filosofía es la siguiente: para que la creación de empleo sea real se deben contemplar las realidades sectoriales, y esto sólo puede hacerse a través de los procesos de negociación colectiva.  «Las normas generales deben cumplir un papel de estimulación de esos procesos y fomentar las negociacione», añade este sindicato.

La CEOE no quiere ni oír hablar de una ley y apunta que estamos ante un debate artificial: «En España se está creando empleo sin necesidad de recurrir a reducciones artificiales de la jornada».

Como véis, las diferencias entre la patronal y los sindicatos no son algo nuevo. Lo que quedó claro es que al final las 35 horas se mostró casi como algo utópico y Francia, el primer país en aprobar dicha ley tuvo, recientemente, que dar marcha atrás.

Por tanto, nos tenemos que quedar con las 40 horas semanales que generalmente viene a ser trabajar ocho horas de Lunes a Viernes. Pero ¿Por qué no hacerla de cuatro días trabajando diez horas?. Las razones históricas de esta división son bastante arbitrarias, y el intento de que las empresas cambien a una jornada de cuatro días me da la impresión de que es un modo relativamente sencillo de reducir el consumo de energía y reducir los costes de oficina en las empresas. En el estado de Utah lo han intentado de tal manera que 17.000 funcionrios del estado se cogen el viernes libre y trabajan más horas durante los otros cuatro días de la semana. Según Scientific American, los resultados fueron impresionantes:

En esos lugares de trabajo, ya no es necesario encender las luces, los ascensores ni los ordenadores los viernes; tampoco es necesario que los conserjes limpien edificios vacíos. Las facturas de electricidad se han reducido incluso más durante el verano gracias al menor consumo de aire acondicionado: Las horas del medio día de los viernes han sido sustituídas por mañanas y tardes más frescas de lunes a jueves. Ya por el mes de mayo, el estado había ahorrado 1,8 millones de dólares…
Un informe interno publicado por el estado de Utah en febrero proyectaba una disminución de al menos 6.000 toneladas métricas de en las emisiones de dióxido de carbones anuales gracias a los cierres de los edificios los viernes. Si se incluye la reducción en los gases de efecto invernadero causados por la disminución en el número de viajes al trabajo, el estado controlaría la generación de un mínimo de 12.000 toneladas métricas de CO2; el equivalente a retirar aproximadamente 2.300 vehículos de circulación durante un año.

Otra variante de esto, discutida por Aaron Newton , consistiría en jornadas laborales escalonadas de cuatro días, lo que reduciría significativamente los atascos (una menor proporción de la población viajando a trabajar en un día determinado) a expensas de reducir las ganancias en rendimiento energético del edificio.

¿Y si la crisis nos sirviese para replantearnos la economía productiva y llegar a ciertos avances sociales? ¿Por qué tenemos que hacer las cosas como siempre? ¿Podremos encontrar soluciones que beneficien a todos los agentes sociales? ¿No podría ser la jornada de 4 días un buen ejemplo? ¿No dinamizaría la economía y el consumo el incremento a 3 días de ocio?.

De momento la banca ya ha empezado a mover ficha y de momento da un pequeño paso en esa dirección cerrando los bancos los Sábados.