Desde siempre los piratas han sido bien tratados en el cine, mostrando su lado romántico que seguro nunca tuvieron. Tal es la afición que tenemos de jóvenes por su mundo que Disney creó para su parque una atracción-museo en el año 1967 llamada «Piratas del Caribe» del cual posteriormente salió la exitosa saga cinematográfica. Aunque muchos somos los que creemos que éstas películas realmente se inspiraron en los videojuegos «Monkey Island». Entre esos muchos, se encuentra Ron Gilbert, el creador de dichas videoaventuras. Veamos que dijo en su día

Estaba mirando por la ventana de mi casa con unos binoculares, intentando encontrar alguna televisión que tenga HBO y pudiese robar cuando vi el último tráiler de la nueva película de Piratas del Caribe y pensé ‘Eh, yo esto lo he visto antes… No… Yo he jugado a esto antes… No… ¡Yo he diseñado esto antes!’ Y pensé ‘¡Esto es la película de Monkey Island!’ Sí, algo le han hecho a esa barba, pero ese es LeChuck, y para ser honesto, si se me hubiese ocurrido poner tentáculos de calamar en la barba, lo hubiese hecho.

Rápidamente Gilbert corrió a su buzón para ver si había llegado el cheque con sus royalties, pero no fue así. Aun así, él concluyó: «Disney hará lo que sea correcto.»

Desgraciadamente los piratas no son esos románticos juerguistas que nos ofrece la industria del entretenimiento, es una de las industria más potente de Somalia, veamos esta interesante artículo que publicó el diario Spiegel.

El ex agente del FBI Jack Cloonan se dedica actualmente a la negociación con los piratas somalíes en casos de secuestro. En esta entrevista  habla de las tácticas más convenientes para tratar con los piratas y los problemas resultantes de entregar millones de dólares en efectivo.

SPIEGEL: ¿Podríamos hablar de Piratas, S.A.?

Cloonan: Podríamos decir que sí, podría verse como el crimen organizado, pero cuyo negocio consiste en secuestrar barcos. Cuentan con una estructura de mando y control, que no es tan clara como la cadena de mando militar alemana o estadounidense, con menos doctrina de trasfondo, pero en la que existe esa estructura de mando y control, porque existen personas que se benefician al final de la cadena alimenticia. La gente necesita dinero y tiene que ser recompensada por lo que hace.

SPIEGEL: ¿Qué hacen con el dinero?

Cloonan: Disponemos de información sobre piratas que invierten el dinero en inmuebles. En algunas ciudades hay residencias excepcionalmente grandes que sabemos que han sido adquiridas con el dinero de los rescates.

SPIEGEL: ¿Qué moneda les interesa?
Cloonan: En nuestro caso dólares estadounidenses, no piden euros, y marcar los billetes es una pérdida de tiempo tratándose de Somalia.

SPIEGEL: Teniendo en cuenta su experiencia con los piratas somalíes, ¿usted los consideraría personas inteligentes? ¿O se trata solamente de matones?

Cloonan: No son tontos. Saben que tienen una vida — pueden explotar eso. Saben que es un modelo de negocio que da resultado, que pueden actuar dentro de una amplia franja prácticamente con impunidad y que pueden ser exigentes. Además, están desarrollando estrategias mejores, se alejan de la costa porque saben que los barcos son advertidos por la Oficina Marítima Internacional (IMB, en sus siglas en inglés) para que permanezcan al menos a 200 millas náuticas de la costa. Si los barcos se acercan a entre 50 y 100 millas de la costa son detenidos con facilidad.
Y son efectivos — por ejemplo, cuando llaman a los familiares de los secuestrados generan estrés. Creo que disparar un arma durante una llamada telefónica y decir que acabas de matar a una persona es bastante efectivo, así como considero que trasladar los barcos y amenazarlos con vararlos también lo es. El hecho de que anclen los barcos enfrente de los secuestrados es una acción muy inteligente. Algunos son mejores que otros.

SPIEGEL: Respecto a la sociología de los piratas, ¿ha percibido cuál es la jerarquía dentro de sus estructuras?

Cloonan: En muchas de las ocasiones en las que hemos intervenido, se percibe que hay un comandante al frente una vez que abordan una embarcación. Y en tales situaciones la negociación puede ser muy fluida. Pero también puedes estar tratando con Ahmed un día, o incluso dos, y entonces éste se frustra y aparece alguien más. A medida que avanzan las cosas — y pueden prolongarse durante un mes o incluso más– hablas con distintos representantes de los piratas, pero en un punto determinado en el que te estás acercando a una solución y empiezas a frustrarte y ellos también, invariablemente aparece la persona que toma las decisiones. Yo lo comparo con comprar un coche en Estados Unidos. Tratas y negocias con alguien que finalmente te dice: «esta bien, tengo que comentarlo con mi jefe.» Y entonces vuelven y se cierra el acuerdo. Nuestra experiencia con los piratas nos sugiere que disponen de una estructura organizada, de modo que si no haces progresos con alguien a bordo a lo largo de las negociaciones, es mejor preguntar por la persona adecuada, que es la que toma las decisiones, y que puede estar en tierra o a bordo.

Como véis incluso en un mundo tan diferente al sistema económico en el que vivimos, su funcionamiento es muy similar al nuestro; organizaciones jerarquizadas, modelos de negocio, confianza en el  dólar para sus transacciones comerciales e inversiones en inmuebles. Por tanto tan malo no será ¿no?