En los EUA el ahorro es mínimo y el consumo es vital para la economía y para que los consumidores gasten deben tener sensación de riqueza. Eso nadie lo ignora y menos que nadie Obama y su equipo económico. Los dos pilares de la supuesta riqueza del norteamericano medio son la impresión de que su propiedad inmobiliaria se revaloriza y que sus inversiones en bolsa suben (tanto las directas como las indirectas ya que el futuro de sus fondos de pensiones privados muchas veces está ligado al factor bursátil) y tras el varapalo de ambas variables los últimos meses es vital que al menos dejen de tener la sensación de ser cada día más pobres.

Si consiguen hacer creer al ciudadano norteamericano que lo peor ya ha pasado y que lo que queda de camino es al alza, el consumo volverá. Si vuelve el consumo, el paro disminuirá e incluso puede se empiece a crear empleo…etc, lo que se llama el «círculo virtuoso». Muchos creyeron que el «factor Obama» cuando ganó las elecciones sería suficiente para impulsar la confianza pero se equivocaron, sin embargo las medidas de las últimas semanas -desde el famoso plan de activos tóxicos a sus continuas intervenciones en TV- parece sí lo están consiguiendo. Y con la ayuda de un movimiento bursátil cimentado más en las violentas bajadas anteriores que en un cambio de percepción, y algunos datos inmobiliarios también rebotando desde mínimos, esa fe en el nuevo presidente está provocando un tímido cambio psicológico.

Por supuesto, si fuera verdad que las bolsas norteamericanas y la crisis inmobiliaria en los EUA ya han tocado suelo, en España aún nos quedaría mucho camino por recorrer pero es evidente nos contagiarían el sesgo optimista que adquirirían al otro lado del Atlántico. La cuestión es que da igual que sea o no verdad, lo importante es que una mayoría de posibles consumidores lo crean y entonces puede que ellos lo hagan realidad. Y es que en economía la confianza es un valor más importante que el oro.

Como bien recordó el otro día el economista José C. Díez,

La velocidad de circulación del dinero en Estados Unidos se ha desplomado un 50% desde el pasado verano, el multiplicador financiero es inferior a la unidad y el bancario está próxima a ella

Es decir, la masa monetaria aumenta y aumenta pero no circula, y sólo la confianza puede hacerla circular, y su tamaño es tan grande que a poco que ese dinero se mueva puede cambiar en una gran proporción el panorama.

Entonces, ¿Qué tiene que ver Obama con España y su sector turístico? Fácil, la clave para los próximos meses en la economía real está en que los que tienen trabajo piensen que no lo van a perder, se crean que lo peor ha pasado y gasten. Eso es vital, ahora que se acerca el verano, por ejemplo para el sector turístico. Los parados evidentemente no consumirán pero si todo aquel que considera que lo peor ha pasado, consume, puede salvar la temporada turística estival. Ni ZP ni Rajoy tienen tanto crédito en España como para cambiar la percepción social de la crisis, sin embargo Obama y la influencia de lo que pueda creerse en los EE.UU. pueden llevar a los millones de funcionarios y empleados que no ven peligrar su trabajo a aprovechar los mejores precios y las mejores ofertas para apoyar el sector turístico, que supone más del 10% del PIB español.

Podríamos extrapolar e incluir otros sectores aparte del turístico pero no creo el aumento de la confianza sea tan grande como para comprar coches o casas, debemos ir paso a paso y creo es más factible creer en un gasto puntual en una actividad lúdica de los que han aumentado su ahorro en estos meses (por la reducción del gasto) que en grandes inversiones.

Eso sí, el sector turístico debe abaratar mucho sus precios pues va a perder muchos turistas extranjeros, especialmente los procedentes del Reino Unido (que eran el año pasado el 17% del total) por la debilidad de la libra y debe ser competitivo con las más que probables buenas ofertas de otros destinos. Al final, los consumidores somos soberanos y muy pocos van a pensar en clave proteccionista a la hora de elegir destino vacacional, miraremos más que nunca servicios y precio y si nuestra industria turística no está a la altura por mucho optimismo que nos transmita Obama acabaremos veraneando en el extranjero.