Cada año, el Sistema Nacional de Salud dispensa en España más de 100 millones de envases de psicofármacos. Los antidepresivos son una de las categorías que más han crecido en la última década: según el Ministerio de Sanidad, su consumo aumentó más de un 40% entre 2012 y 2024, con una aceleración clara durante y después de la pandemia. No es algo exclusivo de España —la OMS estima que la depresión afecta a más de 300 millones de personas en todo el mundo—, pero sí hay un patrón geográfico dentro del país que llama la atención: no todas las provincias consumen antidepresivos al mismo ritmo, y las diferencias entre las que encabezan el ranking y las que están en la cola superan en algunos casos el 60%.

La pregunta que cada vez más gente se hace es dónde se consumen más antidepresivos en España y por qué. La respuesta no es simple. El consumo de estos fármacos depende de variables muy distintas: el envejecimiento de la población, el acceso a la atención primaria, el desempleo estructural, la densidad de profesionales de salud mental y factores culturales relacionados con la predisposición a consultar y a medicarse. Los datos, en cualquier caso, merecen leerse con rigor.

Metodología: Qué se mide y con qué datos

El indicador estándar para medir el consumo de antidepresivos en epidemiología farmacológica es la DHD: Dosis Diarias Definidas por cada 1.000 habitantes y día. Permite comparar territorios con poblaciones muy distintas sin que el tamaño demográfico distorsione el resultado. Los datos de este ranking provienen del Informe Anual del Sistema Nacional de Salud y de los informes de prescripción farmacéutica del SNS desagregados por comunidad autónoma y, cuando están disponibles, por provincia. Los últimos datos completos y auditados corresponden al período 2023-2024. Para las provincias sin dato provincial directo se usan estimaciones basadas en los registros autonómicos y en estudios del Atlas de Variaciones en la Práctica Médica (VPM) del SNS, que documenta las diferencias territoriales en prescripción. Este ranking refleja consumo registrado dentro del sistema público; el consumo privado o sin receta queda fuera de estas estadísticas.

El ranking: Las 20 provincias con mayor consumo de antidepresivos

A continuación se presentan las veinte provincias con mayor consumo de antidepresivos, ordenadas de mayor a menor según la DHD registrada o estimada con base en los datos del SNS y los informes autonómicos disponibles. Cada posición incluye contexto sobre los factores que pueden explicar, sin determinar causalmente, ese nivel de consumo.

Asturias — Asturias encabeza sistemáticamente los rankings de consumo de antidepresivos en España. Tiene la tasa de envejecimiento más alta del país, con más de un 25% de su población mayor de 65 años, y una de las tasas de desempleo de larga duración más persistentes desde la reconversión industrial de los años 80. Estos factores estructurales, combinados con una red de atención primaria que históricamente ha recurrido a la farmacología ante la escasez de psicólogos clínicos en el sistema público, explican en buena parte su posición.

Ourense — La provincia más envejecida de Galicia y una de las de menor densidad de población activa de España. El aislamiento rural, la emigración de las generaciones jóvenes y la soledad no deseada entre la población mayor son factores que los estudios del SNS asocian con tasas elevadas de prescripción de antidepresivos. Según datos de la Consellería de Sanidade, la DHD en Ourense supera en más de un 30% la media nacional.

Zamora — Comparte con Ourense el perfil demográfico extremo: es la segunda provincia más envejecida de España según el INE. La despoblación actúa aquí como variable de fondo, con menos jóvenes, más aislamiento, mayor prevalencia de patologías asociadas a la edad avanzada y mayor dependencia de la medicación como recurso terapéutico ante la escasez de alternativas.

Lugo — Otra provincia gallega con un patrón demográfico similar al de Ourense. El rural profundo de Lugo concentra una población mayor con escaso acceso a recursos de salud mental especializados, y los médicos de atención primaria asumen aquí un papel central en la prescripción de antidepresivos, a menudo como única vía disponible.

Palencia — La Castilla vaciada tiene en Palencia uno de sus ejemplos más claros. Con una de las densidades de población más bajas de Europa occidental y una economía local poco diversificada, los indicadores de bienestar subjetivo de sus habitantes se sitúan por debajo de la media nacional en varias encuestas del CIS y del Barómetro Sanitario.

Teruel — La provincia que da nombre al movimiento de la España vaciada concentra todos los factores de riesgo: envejecimiento, aislamiento geográfico, escasez de infraestructuras sanitarias y un tejido social debilitado por décadas de emigración. Los últimos datos disponibles del Gobierno de Aragón sitúan a Teruel entre las provincias con mayor prescripción de antidepresivos por habitante de toda la comunidad.

Soria — La provincia menos poblada de España no podía faltar en este ranking. Con menos de 90.000 habitantes y una de las ratios de médicos por habitante más ajustadas, Soria presenta un perfil de consumo elevado que los expertos vinculan tanto al envejecimiento como a la dificultad de acceder a atención psicológica especializada en tiempo razonable.

Cuenca — Castilla-La Mancha concentra varias provincias en la parte alta de este ranking. Cuenca, con una economía dependiente del sector primario y una tasa de paro que históricamente supera la media nacional, presenta un consumo de antidepresivos que los informes de la Consejería de Sanidad autonómica sitúan claramente por encima de la media española.

Cáceres — Extremadura es la comunidad autónoma con mayor tasa de pobreza relativa de España según el INE, y Cáceres comparte con Badajoz los indicadores socioeconómicos más desfavorables de la región. La relación entre pobreza, exclusión social y salud mental está ampliamente documentada en la literatura científica, aunque se trata de una correlación, no de una relación mecánica.

Badajoz — La provincia más grande de España por superficie también concentra bolsas de pobreza significativas, especialmente en las comarcas rurales del norte y del este. El acceso desigual a recursos de salud mental en el sistema público extremeño es un factor señalado repetidamente por el Defensor del Pueblo en sus informes anuales.

Ciudad Real — La provincia manchega presenta una combinación de desempleo estructural elevado, especialmente entre la población de 45 a 60 años, y una oferta de salud mental pública que, según los propios profesionales del sector, está claramente por debajo de la demanda real.

Jaén — Andalucía aporta varias provincias a este ranking, y Jaén es la que aparece de forma más consistente en los datos. La crisis del sector olivarero, el desempleo estacional y la emigración de jóvenes hacia otras provincias han dejado una estructura demográfica y económica que presiona al alza el consumo de psicofármacos.

Huelva — Con una economía muy dependiente del sector primario y de la industria química, Huelva combina bolsas de desempleo persistente con una tasa de envejecimiento en aceleración. Los datos del Sistema de Salud de Andalucía (SSPA) sitúan a la provincia entre las de mayor prescripción de antidepresivos de la comunidad.

Córdoba — La capital y su provincia presentan tasas de desempleo que históricamente doblan la media nacional en determinados grupos de edad. La investigación académica publicada en la Revista Española de Salud Pública ha señalado repetidamente la correlación entre desempleo de larga duración y prescripción de antidepresivos, especialmente en hombres de entre 45 y 59 años.

Albacete — Otra provincia castellanomanchega con un perfil similar al de Cuenca y Ciudad Real: economía agroindustrial, escasa diversificación del tejido productivo y una brecha notable entre la demanda de atención psicológica y los recursos disponibles en el sistema público.

Granada — Granada combina una población universitaria joven con comarcas rurales muy envejecidas en el interior y en las Alpujarras. El consumo de antidepresivos en la provincia es elevado en conjunto, aunque con una distribución interna muy heterogénea entre el área metropolitana y el rural.

Murcia — La Región de Murcia, que actúa como provincia única, presenta indicadores de consumo de antidepresivos por encima de la media nacional, asociados en parte a las condiciones laborales del sector agrícola intensivo y a las dificultades de acceso a la sanidad pública de determinados colectivos.

Salamanca — A pesar de ser una ciudad universitaria con un perfil aparentemente dinámico, la provincia de Salamanca concentra una población rural muy envejecida que eleva el promedio de consumo. Los datos del Sacyl (Sanidad Castilla y León) la sitúan consistentemente por encima de la media regional y nacional.

Ávila — La segunda provincia más envejecida de Castilla y León después de Zamora combina aislamiento, escasez de recursos especializados y una economía local con escasa capacidad de retener población activa. Estos factores confluyen en un consumo de antidepresivos que supera la media española según los registros del SNS.

Pontevedra — Cierra el ranking con un perfil diferente al de las anteriores: es la provincia más poblada de Galicia y una de las más dinámicas económicamente. Aun así, la elevada prevalencia de antidepresivos en el conjunto gallego, combinada con factores como el alto índice de accidentalidad laboral histórica en el sector pesquero y una cultura de medicalización del malestar emocional bien documentada en estudios del Sergas, la mantiene en los puestos altos del consumo nacional.

Qué tienen en común las provincias que más se medican

Si observas el ranking con cierta distancia, emergen dos grandes patrones. El primero es demográfico: las provincias con mayor envejecimiento relativo aparecen de forma consistente en los primeros puestos. No es casual. La depresión y los trastornos del estado de ánimo tienen una prevalencia significativamente mayor entre la población mayor de 65 años, sobre todo cuando se combina con enfermedades crónicas, pérdida de autonomía y soledad. España tiene un problema estructural de envejecimiento que no hace sino agravarse: según las proyecciones del INE, en 2040 más del 25% de la población superará los 65 años, lo que anticipa una presión creciente sobre el consumo de psicofármacos si no se desarrollan alternativas terapéuticas no farmacológicas.

El segundo patrón es socioeconómico. Las provincias con mayor desempleo estructural, mayor dependencia del sector primario y menor diversificación económica concentran también tasas más altas de consumo de antidepresivos. La relación entre precariedad económica y salud mental está sólidamente respaldada por la evidencia científica: el desempleo prolongado, la incertidumbre económica y la falta de perspectivas son factores de riesgo reconocidos para la depresión y la ansiedad. Dicho esto, conviene ser preciso: el consumo de antidepresivos no equivale directamente a prevalencia de depresión. Una provincia puede tener una tasa elevada de prescripción porque sus médicos de cabecera recetan más ante síntomas similares, porque tiene menos psicólogos disponibles o porque su población tiene mayor predisposición a consultar. La prescripción es un proxy imperfecto de la enfermedad real.

El elefante en la habitación: La falta de psicólogos en el sistema público

España tiene una de las ratios más bajas de psicólogos clínicos en el sistema público de toda la Unión Europea. Según datos del Consejo General de la Psicología y de la OMS, España cuenta con aproximadamente 6 psicólogos clínicos por cada 100.000 habitantes en el sistema público, frente a los 18 de la media europea o los más de 50 de países como Alemania o Suecia. Esta brecha tiene una consecuencia directa y medible: cuando un paciente acude a su médico de atención primaria con síntomas de ansiedad o depresión leve-moderada, la probabilidad de recibir una prescripción farmacológica es mucho mayor que la de ser derivado a terapia psicológica, sencillamente porque la lista de espera para un psicólogo en el SNS puede superar los seis meses en muchas provincias. Las diferencias entre provincias en consumo de antidepresivos reflejan, en parte, las diferencias en el acceso real a alternativas terapéuticas. Las provincias rurales y despobladas no solo tienen más factores de riesgo para la salud mental: también tienen menos recursos para tratarla sin recurrir al fármaco.

Este es, probablemente, el dato que más debería preocupar a los gestores sanitarios y a los ciudadanos que pagan sus impuestos esperando un sistema de salud que trate el malestar emocional con la misma seriedad que trata una fractura de cadera. Los antidepresivos son medicamentos eficaces y necesarios para muchos pacientes; el problema es cuando se convierten en el único recurso disponible para personas que podrían beneficiarse igual, o más, de una intervención psicológica estructurada. Y ese problema tiene un mapa muy claro, que coincide con llamativa precisión con el de la España vaciada, envejecida y empobrecida.

La pandemia como acelerador y sus secuelas cuatro años después

No se puede hablar del consumo actual de antidepresivos en España sin mencionar el impacto del COVID-19 y de los años de confinamiento y restricciones. Entre 2020 y 2022, el consumo de antidepresivos y ansiolíticos experimentó un aumento sin precedentes en la serie histórica: según el Ministerio de Sanidad, el incremento en la dispensación de antidepresivos fue de casi un 15% solo entre 2019 y 2021. Lo llamativo es que, cuatro años después, ese consumo no ha vuelto a los niveles prepandemia. La salud mental de la población española sigue deteriorada respecto a los indicadores de 2019, especialmente entre los grupos más jóvenes, que paradójicamente no aparecen en los primeros puestos del ranking provincial por el efecto estadístico del envejecimiento. Los jóvenes de 18 a 34 años presentan tasas de ansiedad y depresión más altas que en generaciones anteriores a su misma edad, pero su consumo de antidepresivos es menor porque consultan menos al médico de cabecera y tienen mayor acceso a terapia privada en las grandes ciudades. El mapa del consumo de antidepresivos no es solo el mapa del malestar: es también el mapa de quién tiene acceso a qué tipo de atención.

Si este ranking te ha resultado útil o te ha sorprendido alguna de las posiciones, compártelo y debate en los comentarios. La salud mental es uno de los grandes retos del sistema sanitario español para la próxima década, y entender su distribución geográfica ayuda a exigir políticas públicas a la altura del problema. En el blog del Euríbor seguimos de cerca cómo los factores económicos y sociales moldean la vida cotidiana de los españoles, desde el precio de la hipoteca hasta el precio del bienestar emocional.

Preguntas frecuentes

¿Qué provincia de España consume más antidepresivos?

Asturias encabeza sistemáticamente el ranking nacional de consumo de antidepresivos. Esto se explica por tener más del 25% de su población mayor de 65 años, una alta tasa de desempleo estructural y escasez histórica de psicólogos clínicos en el sistema público.

¿Cuánto ha aumentado el consumo de antidepresivos en España en los últimos años?

El consumo de antidepresivos en España aumentó más de un 40% entre 2012 y 2024, según el Ministerio de Sanidad. La pandemia aceleró claramente esta tendencia, y cada año el Sistema Nacional de Salud dispensa más de 100 millones de envases de psicofármacos en total.

¿Por qué hay provincias que consumen muchos más antidepresivos que otras?

Las diferencias entre provincias superan el 60% en algunos casos y responden a múltiples factores: envejecimiento de la población, desempleo, aislamiento rural, acceso a atención primaria y escasez de profesionales de salud mental. No existe una causa única, sino una combinación de variables estructurales y culturales.

¿Cómo se mide el consumo de antidepresivos para comparar provincias?

Se utiliza el indicador DHD: Dosis Diarias Definidas por cada 1.000 habitantes y día. Este indicador permite comparar territorios con poblaciones muy distintas sin que el tamaño demográfico distorsione los resultados.

¿Cuándo se disparó el consumo de antidepresivos en España?

El consumo venía creciendo desde 2012, pero se aceleró notablemente durante y después de la pandemia de COVID-19. Los datos más recientes y auditados disponibles corresponden al período 2023-2024.

¿Las provincias más despobladas consumen más antidepresivos?

Sí, existe una correlación clara. Provincias como Ourense, Zamora y Lugo, entre las más envejecidas y despobladas de España, presentan tasas de consumo muy por encima de la media nacional. En Ourense, la DHD supera en más de un 30% la media nacional, según datos de la Consellería de Sanidade.