Cuando vas a comprar un vino medianamente bueno y no tienes ni idea la cosa se complica un poco ya que la única información objetiva que tenemos (además de la denominación de origen) es su precio y asumimos que los vinos caros son mejores que los baratos. Para ayudarnos, o más bien para animarnos a elegir uno, muchas veces vienen acompañados de pegatinas con los premios recibidos así como notas de cata de guías como Parker o Peñín. Cuanta más nota, mejor. Así que en mi caso suelo mirar mi presupuesto e intento comprar el vino que se ajuste a él, con la nota media más alta. Y me quedo tan tranquilo. Ademas, si es para regalo incido mucho en lo de «Tiene un 96 en la guía Peñín» que no sé muy bien quien es Peñín pero seguro que sabe más que yo.
Además, los consumidores frecuentemente basan su elección de vinos en los galardones que adornan las botellas, que pueden impulsar las ventas hasta un 15%. Así, los productores están dispuestos a desembolsar sumas significativas por participar en concursos de degustación con la esperanza de incrementar sus ventas. Pero, ¿representan las medallas obtenidas en estos concursos la verdadera calidad del vino o simplemente el costo de participación? Esta pregunta fue explorada por el equipo «On n’est pas des pigeons», un programa de televisión y revista belga dedicado a proteger a los consumidores.
El equipo, dirigido por Eric Boschman, quien fue nombrado el mejor sumiller de Bélgica en 1988, seleccionó el peor vino que pudieron encontrar en un supermercado después de una cata detallada. Su elección fue una botella de 2,50€, a la que le cambiaron la etiqueta y la llamaron ‘Chateau Colombier’ para hacerla parecer un producto premium. Inventaron una historia sobre cómo estaba hecho con uvas autóctonas de las Côtes de Sambre y Meuse en Valonia, y envolviéndolo en una etiqueta visualmente atractiva.
El equipo de «On n’est pas des pigeons» inscribió su vino en la Gilbert & Gaillard International Wine Competition, un concurso de vinos de gran reputación que otorga medallas cada trimestre. Las reglas requerían que los participantes pagaran una tarifa de 50€ y proporcionaran datos detallados de los vinos inscritos, tales como niveles de azúcar y alcohol. Sin embargo, aprovechándose de que los organizadores no realizaban sus propios análisis de laboratorio y no verificaban la información proporcionada, presentaron datos falsos típicos de un vino de alta calidad.
Además, Boschman emprendió una campaña de marketing para el vino barato, alabándolo en redes sociales y entre sus colegas sumilleres, aprovechando la influencia que estos tienen en el sector. Este vino de 2,50€, presentado como excepcional, logró la medalla de oro en el Gilbert & Gaillard International Wine Competition, siendo descrito por los jueces como «sedoso, fresco, y con un paladar agradable, de aromas frutales y complejidad agradable.»
Finalmente, el equipo de e «On n’est pas des pigeons» lanzó una advertencia a los consumidores: «No todas las medallas de oro de los vinos son iguales. Algunas competiciones son más profesionales que otras, mientras que algunas simplemente se organizan como un negocio».
Sin duda una advertencia válida para todas las reviews o premios que veamos de prácticamente cualquier producto.