Los avances en inteligencia artificial (IA) van muy rápido, tanto que corren más  de lo que las infraestructuras computacionales pueden permitirse y el CEO de Google, Sundar Pichai ya está pensando en la posibilidad de operar hardware de procesamiento de IA fuera de la Tierra en un futuro muy cercano.

Lejos de ser un mero concepto de ciencia ficción, Pichai lo enmarcó como el siguiente paso lógico impulsado por la necesidad de escalar modelos cada vez más grandes. La rápida expansión de modelos y su despliegue en productos de consumo masivo —desde plataformas de búsqueda y video hasta herramientas de salud y científicos— ejerce una presión sin precedentes sobre la capacidad de cómputo global.

Los límites en la Tierra y las ventajas orbitales

La génesis de esta ambición espacial radica en la intensa inversión que Google ya ha tenido que realizar para satisfacer la creciente demanda de la era de la IA generativa. Pichai reconoció que la compañía experimentó un déficit de capacidad en un momento clave, lo que obligó a una inyección masiva de capital y recursos en sus centros de datos y en hardware especializado, como sus unidades de procesamiento tensorial (TPUs) y las unidades de procesamiento gráfico (GPUs).

Es en este contexto de búsqueda de escalabilidad ilimitada es donde el espacio surge como una solución atractiva. Pichai sugirió que los primeros procesadores de IA de Google, sus TPUs, podrían estar operando en órbita tan pronto como 2027.

El espacio ofrece varias ventajas operativas cruciales que son difíciles de replicar en la Tierra:

De la visión al proyecto: Suncatcher

Pichai comparó esta visión con otras decisiones estratégicas de Google que en su momento parecieron radicales, como la adopción de una filosofía de «AI-first» en 2016, la fabricación de sus propios chips (TPUs) o la inversión en vehículos autónomos. Lo que hoy podría sonar descabellado, argumentó, se vuelve comprensible cuando se proyecta la magnitud de la capacidad de cómputo que el mundo requerirá en los próximos años.

La exploración de esta nueva frontera no es meramente conceptual. Google ya ha puesto en marcha una iniciativa, conocida internamente como Project Suncatcher, cuyo objetivo es investigar cómo los sistemas de cómputo podrían operar de manera efectiva más allá del planeta. Si bien la construcción de centros de datos orbitales completos podría tardar años, la puesta en órbita de las primeras TPUs servirá como una prueba de concepto (proof of concept)fundamental.

De tener éxito, esta iniciativa podría sentar las bases para una nueva fase en la infraestructura de la IA. Podría reducir la huella ambiental y el consumo de energía asociados a los gigantescos centros de datos en tierra y, en última instancia, ofrecer a los usuarios una IA más rápida, capaz y resiliente a la demanda, sin saturar la infraestructura existente. La carrera por la capacidad de cómputo como recurso competitivo definitorio ya no se limita a la Tierra.