Esta semana se ha vendido el Retrato de Elisabeth Lederer del pintor austriaco Gustav Klimt por 236 millones de dólares, convirtiéndose así en el segundo cuadro más caro de la historia.

El récord mundial lo tiene la obra de Leonardo da Vinci, Salvator Mundi, que en 2017 fue vendido por un coleccionista privado, el oligarca ruso Dimitry Rybolovlev (amo del club de fútbol AS Mónaco) al   príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed bin Salam por la módica cifra de 450,3 millones de dólares.

Que alguien pague cientos de millones de dólares por un cuadro nos puede dar pistas sobre cual es el estado actual de la economía, aunque no debemos olvidar que esto no deja de ser una anécdota, muy cara pero anécdota ya que son transacciones anormales que se sitúan exclusivamente en lo extraordinario.

De todas maneras, siempre podemos sacar algunas lecciones sobre estos eventos tan poco comunes.

La Perestroika fue una máquina de hacer millonarios instantáneos. Ese es el caso de Dimitry Rybolovlev , el vendedor de la obra y principal accionista de Uralkali, una de las compañías industriales más grandes y exitosa de Rusia. Según la revista Forbes, en el año 2017 se encontraba en el puesto 190 de las personas más ricas del mundo con una fortuna estimada de 7.300 millones de dólares. Su historia es muy similar a la de decena de oligarcas rusos que amasaron su fortuna con la caída de la URSS y que utilizan su riqueza para cosas como comprar clubs de fútbol o cuadros.

La importancia de la escasez. Muchos son los casos de pintores que en vida estaban arruinados y es que no hay más garantía de escasez de algo que el fallecimiento de quién lo hace. Si a esto le añadimos cierta mitología sobre el artista, que menos de 20 obras hayan sobrevivido y que la mayoría estén en museos que no van a venderlas, tenemos uno de los productos más deseados y con menos suministro del mundo. Eso vale mucho y algunos multimillonarios están dispuesto a pagarlo. Quizás sea el caso más extremo de la ley de la oferta y la demanda.

Si quieres vender algo caro, contrata un buen vendedor. Y en el caso del arte ese papel lo asume la casa de subasta Christie´s capaz de generar un «hype» sobre sus productos que ya le gustaría a Apple. Realmente hicieron tanto un buen trabajo de marketing como de búsqueda de clientes potenciales con un bolsillo de gran tamaño. Del precio final, varios millones de dólares se destinaron a Christie’ s, una comisión que seguro no le costará pagar al vendedor.

Desigualdad. Se suele decir que el 1% más rico tiene tanto patrimonio como todo el resto del mundo junto. Para algunas cosas nos tenemos que olvidar de ese 1% y directamente ir a 200 personas o incluso menos, los que tienen tanta fortuna como para gastarse cientos de millones de euros en un cuadro. Mientras esto siga así, Christie´s tendrá muchos clientes.

Psicología y ego. El mejor consejo de inversión es la diversificación. Mohamed bin Salam podría haber comprado 10 pinturas por 45 millones de dólares cada una, pero una sola de $450 millones y además de Leonardo es una razón más emocional que otra cosas. Solamente una persona en este mundo se puede permitir tener al «primo de la Gioconda» colgado en el salón de su yate y eso tiene un precio más allá de cualquier componente financiero.

El precio de las cosas puede ser mucho más alto de lo que el sentido común nos dice. Que un cuadro valga más que la capitalización bursátil de varias empresas españolas que cotizan en el MAB suena raro, lo mismo que fue ver al bitcoin por encima de 125.000$ o un bajo reconstruido en vivienda por 300.000€. El tiempo dirá si estamos ante burbujas pero hay que reconocer que a día de hoy es difícil entenderlo.